CRÍTICOS MAJADEROS
por Antonio Quintana Carrandi

Para >Montse

SENDEROS DE GLORIA

Un amigo mío, que sigue con interés mis ensayos de cine que aparecen de vez en cuando en el Sitio de Ciencia-Ficción, me ha definido como crítico cinematográfico. Valoro mucho la opinión de este amigo y me siento halagado por sus palabras. No obstante, prefiero definirme a mí mismo como un cinéfilo que escribe sobre su afición, más que como un crítico. Esto se debe a que no tengo muy buena opinión sobre los integrantes de eso que se ha dado en llamar la crítica cinematográfica, nebulosa seudoprofesión en la que medra un buen puñado de impresentables. Por otro lado, siempre he procurado huir como de la peste de las poses elitistas y sectarias características de una parte considerable de los críticos de cine, que emponzoñan su visión del hecho cinematográfico y les impiden, en mi modesta opinión, valorar en su justa medida muchas de las películas que reseñan. Es evidente que muchos críticos hacen gala de un sentido común y un amor por el Séptimo Arte admirables, pero están en franca minoría frente al ejército de advenedizos que, de un tiempo a esta parte, pululan en radio, televisión y prensa escrita.

Suele decirse que los cinéfilos tenemos filias y fobias, y tal vez sea cierto. Pero, en el caso de los críticos profesionales (los que cobran), lo de las filias y las fobias se magnifica hasta límites esperpénticos, sobre todo lo segundo. Algunos de ellos parecen tenerle una inquina personal a cierta clase de películas, o bien a algunos directores o actores, a los que, en lugar de criticarlos de forma ponderada y justa, los atacan inmisericordemente a las primeras de cambio. Esto es una clara muestra de sectarismo, que puede responder por igual tanto a gustos personales como a cuestiones ideológicas. En el primer caso semejante postura es cuestionable; en el segundo es simplemente deleznable. Muchas figuras del Séptimo Arte han cargado, gracias a los escritos de personas que todo lo juzgan en base a su particular ideología política, con el Sambenito de ser fascistas, retrógrados o reaccionarios, y sus méritos profesionales han sido denostados en base a tales argumentos. Hasta el maestro John Ford, que durante la caza de brujas macarthysta se enfrentó a colegas suyos partidarios de las prácticas inquisitoriales del Comité de Actividades Antinorteamericanas, como Sam Wood y Cecil B. DeMille, tuvo que cargar con la etiqueta de facha que le adjudicaron entre otros, y salvo honrosas excepciones, los muy estultos críticos españoles de su tiempo. Los mismos que abominaban de la caza de brujas estigmatizaban, en su ignorancia, a un hombre que no sólo luchó contra ella en la medida de sus posibilidades, sino que durante la Guerra Civil Española se había significado por su apoyo a la República, organizando una cuestación para el envío a España de una ambulancia, y firmando, junto con otras destacadas personalidades de Hollywood, una carta enviada al presidente Roosevelt, en la que se pedía que Estados Unidos apoyase a la República Española con armas y dinero. Incluso un sobrino suyo participó en la guerra como miembro del batallón Abraham Lincoln­, encuadrado en las llamadas Brigadas Internacionales.

Cuestiones políticas aparte, muchos críticos parecen sufrir una incapacidad congénita para valorar, en su justa medida, determinado tipo de films. No pueden aplicarse los mismos baremos a la hora de emitir un juicio crítico sobre una cinta de 1940 que sobre una de 2010, eso es de sentido común. Sin embargo, abundan los que sacralizan el cine clásico y demonizan el actual por sistema. Y si bien el cine clásico hollywoodense es insuperable desde cualquier punto de vista, eso no justifica en modo alguno que se desprecie el actual, aun admitiendo que en muchos aspectos deja bastante que desear.

Es evidente que cada cual tiene su opinión, pero muchos críticos retuercen el argumento de tal o cual película hasta límites increíbles, con tal de que se ajuste a lo que ellos quieren transmitir, y no al revés, que sería lo lógico y correcto. A veces creen ver en el film sobre el que escriben un mensaje totalmente distinto al planteado por el realizador, y otras se inventan alegremente mensajes alternativos, que ni siquiera pasaron por las mentes del director o los guionistas. En ocasiones se pierden por los cerros de Úbeda, hablando de cosas que tienen muy poco o nada que ver con la cinta que supuestamente están reseñando. Vamos, que todo vale para amoldar la película a sus más que dudosos criterios personales.

LA LOBA

Y la cosa es mucho peor porque muchos de ellos, sobre todo los que escriben en la prensa impresa, se atreven a criticar hasta películas que no han visto. Por ejemplo: en los periódicos suelen encargarle a uno de esos profesionales el comentario sobre los films programados por las distintas cadenas de televisión. No hay que ser una eminencia para comprender que es imposible que una persona haya visto todas las películas y telefilms que se emiten. Sin embargo, muchos de esos críticos hasta se permiten emitir juicios de valor sobre algo que desconocen. Otras veces se copian unos a otros, de forma que, cuando tienen que escribir sobre tal o cual cinta que no han visionado, buscan en la red, por ejemplo, artículos sobre ella y sacan un poco de aquí, otro poco de allá, lo redactan a su manera y ya está. Lo importante es cobrar la colaboración. En mi modesta opinión, una práctica realmente execrable.

Creo que un buen crítico de cine debería hacer algo que no parece estilarse mucho entre los críticos cinematográficos hoy día: ver mucho cine y con la mente abierta. Personalmente, aparte de haber visto miles de películas de todos los géneros y épocas, tengo por norma no reseñar nunca, bajo ningún concepto, un film que no haya visto. Recuerdo que hace mucho tiempo, cuando se estrenó cierta exitosa cinta, leí en un periódico una crítica de un tipo que era simplemente un jeta, pues reconocía no haber visto la película y escribir basándose en lo que le contó un amigo que sí fue a verla. Y encima se atrevía a poner el film de vuelta y media. De traca, vamos.

Otra cosa que no me gusta nada de la crítica cinematográfica profesional es esa obsesión, casi enfermiza, por resaltar todo lo aparentemente negativo de un film, pasando por alto otros detalles. Si no puedo decir algo bueno de una película en concreto, yo prefiero no escribir la crítica, así de claro.

Por las razones expuestas, y por otras muchas que quizás sería muy tedioso enumerar aquí, más que crítica cinematográfica escribo ensayos sobre cine, en los que trato de aportar mi visión personal sobre la película que reseño, procurando resultar objetivo y ameno a un tiempo, tratando de resaltar los aspectos positivos del film y de minimizar en lo posible los negativos, si los hubiere. Intento verter en mis textos el gran amor que me inspira el Arte más completo que existe, el único que permite fusionar armónicamente todos los demás. Si lo estoy consiguiendo, eso sólo los lectores pueden decirlo.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.175 palabras) Créditos