CHARADA
CHARADA EE. UU., 1963
Título original: Charade
Dirección: Stanley Donen
Guión: Peter Stone y Marc Behm
Producción: Stanley Donen para Universal
Música: Henry Mancini
Fotografía: Charles Lang
Duración: 117 min.
IMDb:
Reparto: Cary Grant (Peter Joshua); Audrey Hepburn (Regina Lmpert); Walter Matthau (Hamilton Bartholomew); James Coburn (Tex Panthollow; George Kennedy (Herman Scobie); Ned Glass (Leopold W. Gideon); Dominique Minot (Sylvie Gaudet); Jacques Marin (Inspector Edouard Grandpierre); Paul Bonifas (Monsieur Felix); Thomas Chelimsky (Jean-Louis Gaudet)

Sinopsis

Al regresar a su casa de París, tras unas breves vacaciones en los Alpes franceses, Regina Lampert descubre que su marido ha sido asesinado. Peter Joshua, un enigmático hombre de mediana edad al que conoció fugazmente durante sus vacaciones, aparece de repente y le ofrece su ayuda para resolver el misterio, ya que, al parecer, su esposo no sólo llevaba una doble vida, sino que era sospechoso de haber robado un cuarto de millón de dólares, dinero que ha desaparecido. Tres antiguos compañeros de armas de su marido, que también intervinieron en el robo del dinero, acosan a Regina, pues están convencidos de que ella sabe dónde está el botín. Un misterioso individuo de la embajada americana, que dice trabajar para la CIA, también se pone en contacto con la muchacha, informándola de lo que ocurre. Regina, confundida, no sabe en quién confiar, aunque se siente muy inclinada hacia Joshua porque se ha enamorado de él. Sin embargo, éste también la engaña.

Stanley Donen es un director recordado hoy día como uno de los realizadores más importantes del cine musical. Pero más allá de sus colaboraciones con su mentor y amigo, Gene Kelly, en títulos tan emblemáticos como UN DÍA EN NUEVA YORK (ON THE TOWN, 1949) y CANTANDO BAJO LA LLUVIA (SINGIN´IN THE RAIN, 1952), o de sus espléndidos musicales en solitario tales como SIETE NOVIAS PARA SIETE HERMANOS (SEVEN BRIDES FOR SEVEN BROTHERS, 1954) y UNA CARA CON ÁNGEL (FUNY FACE, 1957), incursionó también en otros géneros cinematográficos con notable pericia. Sin embargo CHARADA merece ser considerada aparte, por tratarse del primer thriller de suspense dirigido y producido por Donen.

Aunque nunca ganó un Oscar, Alfred Hitchcock estaba considerado uno de los más grandes directores de Hollywood. Capaz de convertir en una cinta magistral los novelones más farragosos, de mantener al espectador en vilo durante dos horas, el Mago del Suspense gozaba de la admiración de muchos de sus colegas. Algunos incluso se atrevieron a emularle, como Henry Hathaway en la formidable A 23 PASOS DE BAKER STREET (23 PACES TO BAKER STREET, 1956), o Mark Robson en EL PREMIO (THE PRIZE, 1963). Donen también deseaba realizar un film hitchcockniano. A comienzos de los años 60, ya convertido en un director de prestigio, Donen decidió dar el gran salto hacia el thriller, adaptando una historia original de Peter Stone, que había sido publicada por la revista Redbook bajo el título THE UNSUSPECTING WIFE.

Donen era un valor seguro en el musical, pero al principio los directivos de Universal se mostraron escépticos ante su pretensión de dirigir un thriller, y según parece hubo quien pretendió quitarle de la cabeza la idea. Pero era ya un productor independiente, que lo único que necesitaba era que Universal le distribuyera la película, corriendo él y sus asociados para la ocasión con la mayor parte de la financiación del film, que sería rodado casi íntegramente en Francia, lo que aumentaría notablemente su coste.

El guión fue encargado por Donen al propio autor del relato, Stone, quien contó para su labor con el refuerzo del experto guionista Marc Behm, que le ayudó a trasladar al lenguaje cinematográfico su sencilla historia. Mientras tanto, Donen llegó a un acuerdo con Cary Grant, uno de los actores preferidos por Hitchcock, y con el que ya había trabajado en BÉSALAS POR MÍ (KISS THEM FOR ME, 1957) y PÁGINA EN BLANCO (THE GRASS IS GREENER, 1960). Para la protagonista femenina Stanley­ quería a la encantadora Audrey Hepburn, de la que conservaba un buen recuerdo de su trabajo en UNA CARA CON ÁNGEL, donde había sido capaz de darle la adecuada réplica al veteranísimo Fred Astaire. Pero conocía bien el talante de Grant­ en lo que a sus partenaires del sexo opuesto se refería, así que antes consultó con el actor. Sorprendentemente, Cary no puso ninguna pega a la contratación de Audrey Hepburn. Una década atrás, Grant­ se había negado a protagonizar VACACIONES EN ROMA (ROMAN HOLIDAY, William Wyler, 1953) porque no quería trabajar con una actriz primeriza, que además iba a ser la verdadera estrella del film. Pero para entonces Audrey ya se había revelado como una intérprete de talento y Cary consideró que sería interesante trabajar con ella. El actor pudo haber trabajado una vez más con Audrey, porque Jack Warner le había tanteado como posible intérprete del profesor Higgins en MY FAIR LADY (Ídem, George Cukor, 1964), donde Audrey Hepburn haría el papel de Eliza, tras rechazar el productor a Julie Andrews. Pero Grant­ rechazó la oferta, arguyendo que nadie podría interpretar a Higgins mejor que Rex Harrison, que además era un buen amigo suyo al que no quería hacerle la faena de arrebatarle el papel que había bordado en los escenarios. De hecho, cuando empezó a rodar CHARADA, Audrey ya tenía firmado contrato con Jack Warner para protagonizar MY FAIR LADY.

Peter Stone, Marc Behm y Cary Grant­ pasaron varias semanas en Nueva York, trabajando con ahínco en el guión. Grant­, que contaba cincuenta y nueve años, insistió en que se variara la relación entre su personaje y el de Regina Lampert. En el texto original, Peter Joshua intentaba seducir a la mujer, pero, dada la diferencia de edad entre él y Audrey, Cary se negó en redondo a interpretarlo así. Consideraba, seguramente con no poca razón, que el público le vería como un viejo verde y no quería dar esa impresión. Tras una consulta telefónica con Donen, Stone y Behm se avinieron a darle la vuelta al asunto, haciendo que fuera Regina la que se sintiera fascinada por aquel hombre maduro y tratara de seducirlo.

Una vez concluido el trabajo con los guionistas, Cary Grant­ se trasladó de mala gana a París, pues no quería separarse de su amor de entonces, Dyan Cannon, con la que se casaría en 1965, tras divorciarse de Betsy Drake. El actor había esperado hasta el último momento que Donen se decidiera a rodar en los Estudios Universal, pero el director no dio su brazo a torcer. Quería trabajar en el París auténtico, y no en uno recreado en platós con la ayuda de imágenes enlatadas. Dyan Cannon, que tenía su atención concentrada en los ensayos de la obra teatral THE FUN COUPLE, con la que debutaría en Broadway, le prometió que se reuniría con él en cuanto tuviese unos días libres. Cumplió su palabra y, tras las Navidades de 1962, acudió a París y pasó varios días con Grant­. Para Fin de Año fueron invitados a alojarse en el castillo que Audrey Hepburn y su marido, Mel Ferrer, poseían en las afueras de la capital gala. Cannon regresó a Nueva York en enero y Grant­ reanudó el rodaje de CHARADA con nuevos bríos. No obstante, Grant­ se tomó poco después unas cortas vacaciones, con el fin de visitar a su madre en Bristol, Inglaterra, y convencerla para que ingresara en una residencia de ancianos. Su madre, Elsie, se hizo de rogar, aunque al final accedió. Cuando Grant­ iba a emprender el regreso a Francia, Elsie, que ya contaba noventa años de edad, le aconsejó que se tiñera las canas, porque si no, nunca encontraría una buena chica.

CHARADA se estrenó el miércoles 25 de diciembre de 1963 en el Radio City Music Hall de Nueva York, siendo la película número veintiséis de Cary Grant­ que se estrenaba en esa sala. Recaudó más de ciento setenta mil dólares en apenas una semana en cartel. El público respondió muy favorablemente en su posterior proyección en el resto del país. Sin embargo, cosechó críticas dispares, centradas sobre todo en la notoria diferencia de edad entre Grant­ y Hepburn, que a juicio de algunos le restaba credibilidad a la historia. Aunque algo de verdad había en ello, lo cierto es que algunos críticos se pasaron de la raya en sus apreciaciones negativas, destacando Andrew Sarris, que llegó a comentar que la noticia más triste del año era que Cary Dorian Grant­ empezaba a aparentar la edad real que tenía. Grant­ le dio la razón. Tras verse en CHARADA, el actor se convenció de que ya era demasiado mayor para según qué tipo de películas, y a partir de entonces eligió con más cuidado sus papeles. A pesar de todo, CHARADA sigue siendo una de las cintas más populares de Cary Grant­.

A nivel técnico, Stanley Donen pasó la prueba con nota. CHARADA se reveló como una inteligente combinación de suspense y comedia. Consciente de que era imposible imitar al maestro Hitchcock, Donen asumió las constantes cinematográficas hitchcocknianas, pero adaptándolas a su personal forma de trabajar.

Mucho se ha escrito sobre la influencia del musical en las cintas de otros géneros dirigidas por Donen. Lo cierto es que, en el caso de CHARADA, dicha influencia hay que buscarla en la composición de encuadres y planos. En momentos muy concretos, CHARADA semeja un musical al que se le han extirpado los números musicales, sobre todo en las escenas de diálogo entre Grant­ y Hepburn, que parecen haber sido escritas para ser cantadas, más que declamadas. El empleo del color también entronca con el uso del mismo que realizó en algunos de sus musicales más destacados. Por otra parte, el París de CHARADA aparece bajo el prisma de la idealización, tan del gusto de los estadounidenses y que chocaría frontalmente con las imágenes, más sombrías y realistas, que transmitirían al mundo los sucesos de mayo de 1968.

La buena acogida de CHARADA animó a Donen, que tres años después produciría y dirigiría un nuevo thriller, ARABESCO (ARABESQUE, 1966), en esta ocasión con Gregory Peck y Sofía Loren. El film fue concebido, al igual que CHARADA, como una mezcla de suspense y comedia. La acción se desarrollaba en Londres y funcionó bien en taquilla, aunque a niveles ligeramente inferiores a los de CHARADA. Para la galería de momentos cinematográficos inolvidables ha quedado una de sus secuencias más impactantes, ésa en la que Peck derriba un helicóptero valiéndose de... una vulgar escalera de madera. Evidentemente, los directores clásicos, como Donen, no necesitaban de aparatosos alardes pirotécnicos para impresionar al espectador.

CHARADA y ARABESCO ocupan un lugar destacado en la historia del séptimo arte, por tratarse de las dos únicas incursiones en el thriller lujoso y de altos vuelos de un realizador especializado en el musical. Sin que se le pueda considerar un cineasta ecléctico, Stanley Donen supo acometer trabajos de diversa temática, siempre con gran dignidad y resultados muy estimables. Incluso se apuntó a la moda de la ciencia-ficción, resucitada por la excelente aunque un tanto ingenua LA GUERRA DE LAS GALAXIAS (STAR WARS, George Lucas, 1977). En 1979 produjo y dirigió SATURNO 3 (SATURN 3), una propuesta modesta, en comparación con la espectacular obra de Lucas, pero marcadamente adulta y que se benefició del trabajo de dos actores tan completos como el veterano Kirk Douglas y el siempre inquietante Harvey Keitel, secundados por la bella Farrah Fawcett. Con SATURNO 3 Donen acabó de demostrar que, aun siendo un coreógrafo genial y un creador experto de musicales sublimes, podía acometer la realización de films de cualquier género.

Con un ritmo perfecto que no decae en ningún momento, una intriga bien planteada, unos personajes misteriosos y atrayentes y un elegante y sutil tono humorístico que lo impregna todo, CHARADA deviene en un divertimento de calidad y buen gusto que no decepciona. Una muestra notable del tipo de películas que producía Hollywood antes de perder los papeles por completo.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.919 palabras) Créditos