EL CINE DE ZOMBIS 2
por Antonio Quintana Carrandi

Para Elena

La saga de RESIDENT EVIL

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La iniciada con RESIDENT EVIL (Ídem, Paul W. Anderson, 2002) es una de las sagas de zombis más celebradas. Inspirada por una serie de videojuegos del mismo nombre, está protagonizada por Alice Abernathy, encarnada por Mila Jovovich. Coproducción en la que intervienen varias naciones, con preponderancia germana, guarda notables diferencias con las películas de zombis anteriores.

El proyecto de la primera entrega de la franquicia fílmica era muy ambicioso, pues estaba dotado con un presupuesto de 40 millones de dólares. El mercado europeo era muy importante para los productores, pero el estadounidense lo era muchísimo más, así que se le adjudicó a Columbia TriStar la exclusiva para su distribución en USA. Puesto que a George A. Romero se le consideraba la mayor autoridad en cine de zombis, fue contratado para encargarse tanto del guión como de la dirección del film. Pero Yoshiki Okamoto, principal artífice del proyecto, no se mostró satisfecho con el texto de Romero, considerando que no era muy bueno, por lo que el célebre cineasta fue despedido. Le sustituyó Paul W. S. Anderson, que se acomodó mejor a las exigencias de Okamoto.

RESIDENT EVIL fue un taquillazo, pues jugaba con ventaja al inspirarse en una exitosísima serie de videojuegos de proyección global. Híbrido perfecto del cine de terror gore, el de acción y el de ciencia-ficción, adopta algunos de los planteamientos básicos de LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES, versión de 1968, y los combina sabiamente con las características definitorias de la gama de juegos de ordenador en que se basa. Lo mejor es su tono claustrofóbico, pues toda la acción se desarrolla en un vasto complejo subterráneo denominado La Colmena, donde la liberación de un virus experimental ha transformado en zombis a todos sus ocupantes. El equipo enviado para contener la infección deberá hacer frente a esos monstruos con la ayuda de Alice, una enigmática mujer que los miembros de dicho equipo se encuentran en el interior de La Colmena.

La película de Anderson es un divertimento intrascendente sólo en apariencia, porque en su argumento subyace una lúcida crítica al poder de las grandes corporaciones, y a la absoluta carencia de ética de sus cabezas rectoras. Así mismo, ofrece unas descorazonadoras imágenes de la ciencia y la tecnología de vanguardia, que, mal empleadas, pueden provocar un desastre sin precedentes.

RESIDENT EVIL funcionó a las mil maravillas, lo que significaba que sus productores habían alcanzado su objetivo, que no era otro que el de crear una lucrativa saga cinematográfica inspirada en el célebre videojuego. La segunda entrega, RESIDENT EVIL: APOCALÍPSIS (RESIDENT EVIL: APOCALYPSE, Alexander Witt, 2004) pisó el acelerador de las emociones fuertes, describiendo lo que ocurría en Raccoon City inmediatamente después de los acontecimientos narrados en el primer film. Como es obvio, a nivel artístico está por debajo de su predecesora, en gran parte debido a la realización de Witt, efectiva visualmente pero algo plana. Porque Anderson, sin ser un genio de la dirección, sí es un competente creador de atmósferas fílmicas, capaz de otorgar personalidad propia, si no originalidad, a sus películas, como demostró con el primer título de la franquicia.

Con todo, como el guión fue obra de Anderson, que también ejerció funciones de productor, el resultado final de RESIDENT EVIL: APOCALÍPSIS es más que aceptable. Como toda secuela que se precie, sigue los planteamientos básicos de la cinta original, añadiendo más espectacularidad al asunto, aumentando los peligros que debe enfrentar la heroína y, en definitiva, multiplicando por diez las dosis de acción. Puesto que las amenazas son mayores, Alice sufre una transformación debido a ciertos experimentos de Umbrella Corporation, y acaba convertida en un arma en sí misma. Esta línea argumental, potenciada en entregas posteriores, se les iría de las manos a los productores, acabando por restarle credibilidad al personaje de la protagonista, y por extensión, a la saga misma.

La cinta cosechó críticas pésimas a todos los niveles. Incluso muchos adictos a los juegos de Resident Evil echaron pestes de ella. Pero, paradójicamente, produjo más beneficios en taquilla que el film inaugural, pues, con un presupuesto de 45 millones de dólares, se calcula que recaudó en todo el mundo unos 130, de forma que amortizó su coste y dio unas ganancias netas de 85 millones.

Con semejantes resultados, la continuidad de la saga estaba asegurada, así que se procedió al rodaje de un nuevo título. RESIDENT EVIL: EXTINCIÓN (RESIDENT EVIL: EXTINCTION, Russell Mulcahy, 2007). En esta cinta la infección se ha extendido por todo el planeta, diezmando a la humanidad. La Tierra, además, se está desertizando, y los escasos supervivientes se ven obligados a estar en continuo movimiento para esquivar a las legiones de muertos vivientes. Mientras tanto, Umbrella continúa con sus siniestras investigaciones, utilizando clones de Alice y un zombi al que el siniestro doctor Isaacs (Iain Glen) trata de domesticar, con la intención de combatir el denominado Virus-T, y encontrar el modo de dominar a los muertos vivientes para usarlos como esclavos. En esta entrega los poderes adquiridos por Alice, como consecuencia de los experimentos que Umbrella llevó a cabo con ella, parecen haber aumentado y es capaz de realizar actos asombrosos, lo que, sumado a un conseguido ambiente post-apocalíptico, dota a la cinta de gran espectacularidad.

La saga proseguiría con RESIDENT EVIL: ULTRATUMBA (RESIDENT EVIL: AFTERLIFE, Paul W. S. Anderson, 2010), film con el que, a mi juicio, se inició la decadencia artística de la franquicia. A partir de ella, las películas basadas en RESIDENT EVIL incrementaron sus semejanzas con los juegos de ordenador, ofreciendo escenas de acción completamente increíbles, recurriendo a un empleo abusivo de los efectos especiales de última generación. RESIDENT EVIL era una cinta impecable, y APOCALÍPSIS y EXTINCIÓN, correctas secuelas de la misma. Pero con ULTRATUMBA los productores perdieron los papeles, pergeñando una película que de tal no tiene casi nada, pues más parece un videojuego filmado que otra cosa. El público adicto la recibió con entusiasmo, pero la crítica, que en lo referente a las tres cintas anteriores había estado dividida, la denostó en bloque. Y aunque me duela reconocerlo, como buen aficionado al Fantástico que soy, he de admitir que, por una vez y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con los críticos.

RESIDENT EVIL: VENGANZA (RESIDENT EVIL: RETRIBUTION, Paul W. S. Anderson, 2012) incidió en los mismos males que el título anterior, desmadrándose la cosa hasta límites risibles. Los espectadores enganchados al videojuego respondieron bien, pero los responsables de la franquicia, intuyendo quizás que aquello se les había ido de las manos, decidieron rodar una última entrega para dar carpetazo definitivo a la saga. RESIDENT EVIL: CAPÍTULO FINAL (RESIDENT EVIL: THE FINAL CHAPTER, Paul W. S. Anderson, 2016) fue una oportuna conclusión para una serie de películas que había empezado muy bien, pero que había ido degenerando a marchas forzadas a partir del cuarto título. Esto se debió, indudablemente, al afán de los productores de la saga RESIDENT EVIL por atraerse a los obsesos de los videojuegos homónimos. Si se ven las películas en su orden de producción, se comprueba que, si bien en las tres primeras cintas se aprecian notables diferencias entre ellas y los juegos de ordenador, a partir de la cuarta empiezan a incluirse con frecuencia elementos de dichos juegos en detrimento de los valores puramente cinematográficos. Como resultado, los tres últimos títulos carecen de cualquier entidad fílmica, deviniendo en vistosos pero vacíos espectáculos de efectos especiales digitales. Tal como yo lo veo, los títulos iniciales conforman una trilogía casi perfecta, digna del mejor cine de zombis, mientras los restantes sólo son penosas continuaciones, muy efectivas desde el punto de vista comercial, pero decepcionantes desde el artístico. Una lástima, porque, si se hubiera mantenido el nivel artístico de los tres primeros films, recurriendo a un empleo mesurado y consecuente de los efectos especiales, la de RESIDENT EVIL pudo haber sido la mejor saga cinematográfica dedicada al mundo de los muertos vivientes.

Los seudo-zombis de 28 DÍAS DESPUÉS

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El mismo año de RESIDENT EVIL se estrenó una interesante cinta británica titulada 28 DÍAS DESPUÉS (28 DAYS LATER, Danny Boyle, 2002). La originalidad del guión de Alex Garland reside en que los supuestos zombis de la película no son tales, sino personas vivas infectadas por un virus experimental, que destruye su personalidad convirtiéndolas en seres irracionales y extremadamente violentos, y que, al igual que en los muertos vivientes de otras obras, desarrolla en ellos un voraz apetito de carne humana. También en este film se critica sin ambages la investigación científica sin ética, porque la plaga es provocada por la incursión de unos fanáticos animalistas en un centro donde se experimenta en primates con el virus de la rabia, supuestamente para utilizarlo con fines militares. Se trata de una peligrosísima variante de dicho virus, con un periodo de incubación muy corto, de unos veinte segundos, que se contagia por contacto con la sangre o la saliva de un infectado, y que provoca un estado de furia psicótica e incontenible en sus víctimas. Dado su cortísimo periodo de incubación y la facilidad con que se transmite, la infección se extiende rápidamente por toda Gran Bretaña.

28 DÍAS DESPUES costó 5 millones de libras y recaudó casi 83. A la excelente acogida del público se sumó la de los críticos, que valoraron muy positivamente su reinvención del género zombi, dotándolo de gran credibilidad científica. Como es obvio, un éxito semejante había que aprovecharlo, de modo que se planteó la posibilidad de rodar una secuela. Pero por algunos imponderables, relacionados, posiblemente, con la propiedad de los derechos, la continuación de 28 DÍAS DESPUÉS no vio la luz hasta cinco años más tarde, cuando se estrenó a bombo y platillo 28 SEMANAS DESPUÉS (28 WEEKS LATER, Juan Carlos Fresnadillo, 2007). Esta cinta retoma el argumento de la primera película y sitúa la acción unos siete meses después de los acontecimientos narrados en aquélla, con una Gran Bretaña despoblada por la infección y sometida a cuarentena por las tropas estadounidenses y de la OTAN. La mayor parte de los infectados han muerto por inanición, de modo que se impone repoblar el Reino Unido. Pero la epidemia todavía está latente y se reaviva de un modo totalmente inesperado.

La película fue bien acogida, por lo que empezó a hablarse de una tercera entrega que se titularía 28 MESES DESPUÉS y debería dirigir Danny Boyle. Puesto que 28 SEMANAS DESPUÉS terminaba mostrando cómo la infección se había extendido a Francia, el posible rodaje de un tercer film levantó gran expectación. Alex Garland comentó que, debido a las tensiones generadas entre las personas poseedoras de los derechos, posiblemente la cinta no se rodaría nunca. Sin embargo, la película acabó por filmarse recientemente, y su estreno está previsto para el año en curso. Incluso es posible que, en el momento de redactar este ensayo, ya haya sido estrenada. Como aún no he podido verla, no puedo expresar una opinión sobre ella. Lo que sí he visto es un tráiler en youtube, y, o mucho me equivoco, o será otro taquillazo, porque parece mucho más épica y espectacular que sus predecesoras. La pregunta es: ¿habrá una cuarta entrega titulada, presumiblemente, 28 AÑOS DESPUÉS?

La aventura zombi de Brad Pitt

La película de muertos vivientes más espectacular estrenada hasta la fecha es GUERRA MUNDIAL Z (WORLD WAR Z, Marc Forster, 2013). Fue concebida desde un principio como una gran superproducción, pues su presupuesto fue de nada menos que 190 millones de dólares.

La novela de Max Brooks, hijo del legendario actor, director y productor Mel Brooks, que narraba una épica lucha global contra una pandemia zombi, se convirtió en un bestseller, cuyos derechos cinematográficos se disputaron varias productoras, haciéndose con ellos Paramount Pictures y su asociada para la ocasión, Plan B Entertainment. Dadas las características del libro, estaba claro que para llevarlo a la pantalla se requerían unos niveles de producción, una inversión monetaria y una calidad artística considerables. El primer guión fue obra de J. Michael Straczynsky, creador de la estupenda serie de ciencia-ficción Babylon 5. Su texto no acabó de convencer a los productores, que requirieron los servicios de Matthew Michael Carnahan, quien reescribió el argumento utilizando algunas de las ideas de Straczynsky. Puesto que la Paramount pretendía rodar el film de zombis definitivo, el equipo de producción estuvo sometido a la presión constante de los gerifaltes del Estudio. Hubo enormes diferencias de opinión entre el director y los productores, sobre todo en lo concerniente a la parte final del guión, que tuvo que ser filmada de nuevo íntegramente. Esto, sumado a otros imponderables, provocó que la película no pudiera estar terminada a tiempo para el estreno, previsto para el viernes 3 de agosto de 2012, por lo que GUERRA MUNDIAL Z se estrenaría el jueves 20 de junio de 2013, casi con un año de retraso. Curiosamente, tal demora jugó en favor de la película, que había levantado grandes expectativas entre los aficionados al universo zombi, que la esperaban como agua de mayo.

La espera mereció la pena. Nunca antes una cinta de muertos vivientes tuvo una acogida tan clamorosa. Su espectacularidad y ritmo frenético, que no dan respiro al espectador, son sus características más notables. Las abundantes escenas de acción son trepidantes, pero no fantasiosas e increíbles como las de las últimas entregas de RESIDENT EVIL. El guión es perfecto y juega lo justo con los clichés típicos del sub-género. Por lo demás, el tono sigue siendo apocalíptico, pero con un atisbo de esperanza, ya que Gerry Lane (Brad Pitt), que se ha fijado en que varias personas han sido ignoradas por los zombis, intuye que ese detalle puede llevarle a encontrar no una cura para la infección, pero sí una vacuna que, actuando como una especie de camuflaje, por así decirlo, evite que las personas sean atacadas por los muertos vivientes.

GUERRA MUNDIAL Z es la película de zombis más rentable estrenada hasta el momento, con una recaudación récord de más de 540 millones de dólares. Está previsto el rodaje de una secuela, que presumiblemente se estrenará en 2019 o 2020, y que por decisión de Brad Pitt, que colabora en el proyecto a través de su propia productora, podría dirigir David Fincher.

Humor zombi

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En 2004, el realizador británico Edgard Wright demostró que también puede uno reírse a costa de los muertos vivientes. ZOMBIES PARTY / UNA NOCHE DE MUERTE (SHAUN OF THE DEAD) es la primera versión en clave humorística del mito zombi. Sitúa la acción en un barrio londinense, y nos presenta a un joven cuya vida va de mal en peor. Sus compañeros de piso son cargantes hasta el hartazgo y no se soportan entre sí, su novia le abandona cansada de su falta de iniciativa, y para colmo se siente atrapado en un trabajo mediocre, sin ninguna expectativa de futuro. Pero toda la situación dará un vuelco cuando, sin explicación aparente, se desate en la ciudad una plaga zombi.

La película funcionó muy bien en Europa y Estados Unidos, y dado que se basaba en los trabajos de Romero, Wright mostró interés por saber qué opinaba el Maestro de ella. Un ejecutivo de Universal le pasó una copia a Romero, que tras verla llamó por teléfono a Wright para decirle que le había encantado. Puesto que el realizador norteamericano estaba trabajando en la preproducción de LA TIERRA DE LOS MUERTOS, ofreció a Wright y al guionista de su película, Simon Pegg, que también interpretaba al protagonista, Shaun, la posibilidad de aparecer en su film encarnando a un par de zombis. Huelga decir que Pegg y Wright aceptaron encantados. ZOMBIES PARTY también recibió el espaldarazo de Quentin Tarantino, que la consideró como una de las veinte mejores películas de terror que se han filmado.

Pero en mi opinión, la mejor comedia de ambiente zombi es BIENVENIDOS A ZOMBIELAND (ZOMBIELAND, Ruben Fleischer, 2009). Concebida por los escritores cinematográficos Paul Wernick y Rhett Reese como posible episodio piloto de una serie televisiva, las circunstancias del mercado aconsejaron darle el formato de un largometraje para salas comerciales. El debutante realizador Ruben Fleischer colaboró con Wernick y Reese, ayudándoles a adaptar el guión para la gran pantalla. La principal aportación argumental de Fleischer fue todo el segmento del parque de atracciones, uno de los momentos más logrados del film.

Por lo demás, la película es una sucesión de hilarantes gags que, sin embargo, funciona muy bien a todos los niveles, destacando la perfecta combinación de la acción más desenfrenada, la comedia más alocada y el siempre fascinante universo de los zombis, que no son como los descritos por Romero, sino más parecidos a los de 28 DÍAS DESPUES. En cuanto a los actores, están perfectos, pero el que se lleva la palma es Woody Harrelson con su encarnación de Tallahassee, el palurdo cazador de muertos vivientes, obsesionado con encontrar cierta clase de bollo industrial que, literalmente, le pierde.

BIENVENIDOS A ZOMBIELAND, a mi juicio mucho más lograda que ZOMBIES PARTY, representó una bocanada de aire fresco en el cine de temática zombi, que necesitaba reciclarse urgentemente, ya que el sub-género estaba demasiado lastrado por los tópicos. Los críticos se dividieron entre los que aplaudían su frescura, y hasta la consideraban una buena película, y los que no veían en ella más que otra vuelta de tuerca al manoseado asunto de los zombis, pero el público la recibió con alborozo. Costó 23,5 millones de dólares, y en apenas dos semanas recaudó, sólo en EE UU, 60,8 millones. A título estrictamente personal, he de decir que me parece la cinta ideal para desintoxicarse un poco de los pesimistas films de zombis al uso.

El zombi más romántico

Cuando parecía que ya todo estaba inventado en el mundo de los zombis, que el sub-género había perdido la capacidad de sorprender, llegó MEMORIAS DE UN ZOMBI ADOLESCENTE (WARM BODIES, Jonathan Levine, 2013). Adaptación cinematográfica de la popularísima novela de Isaac Marion, es quizás la más original aproximación al mito de los zombis. El director confesó sentirse fascinado por el libro de Marion, que, lejos de seguir los arquetipos impuestos por Romero a finales de los 60, ofrece una imagen insólita de los muertos vivientes y sus motivaciones. Ya no se trata de simples monstruos, de alimañas hambrientas de carne humana a las que hay que combatir sin piedad. En los muertos vivientes de MEMORIAS DE UN ZOMBI ADOLESCENTE aún late un rescoldo de humanidad, lo que explica su preferencia por devorar cerebros, ya que ello les permite conocer los recuerdos que albergaban sus víctimas y disfrutar de unos momentos de lucidez. El protagonista, R (Nicholas Hoult), es un joven zombi que, tras matar a un muchacho llamado Perry Kelvin (Dave Franco) y devorar su cerebro, comienza a verse asaltado por los recuerdos de éste y a sentirse atraído por su novia, Julie Grigio (Teresa Palmer), hija del líder de los escasos supervivientes, el general Grigio (John Malkovich). Esto lleva a R a proteger a la muchacha del resto de los zombis, y a establecer una curiosa relación con ella, que se convertirá en amor y tendrá consecuencias inesperadas para humanos y muertos vivientes.

MEMORIAS DE UN ZOMBI ADOLESCENTE es una historia fascinante, centrada en el poder regenerador de los sentimientos. Los zombis, como le ocurre a R, comienzan a volverse humanos gracias a las vivencias contenidas en los cerebros de sus víctimas, lo que los impele a variar su comportamiento y a ofrecer su ayuda a los supervivientes para combatir a los denominados Huesudos, zombis que se encuentran en lo que podríamos llamar el último estado, reducidos a la condición de esqueletos vivientes que devoran todo lo que se les ponga por delante. Es también la primera película de esta temática, que yo sepa, con un final feliz, explicitado por la conversión en humanos de los zombis, y por la voladura del muro que protege el último reducto de los no infectados.

Los zombis en la tele

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Sólo era cuestión de tiempo que los zombis desembarcaran en la televisión. Este acontecimiento se produjo en 2010, cuando se estrenaron en la pequeña pantalla dos series de muertos vivientes de buena factura. La primera fue El imperio de los muertos, de Romero, que ya he mencionado en este ensayo. Puesto que aún no he podido verla, no considero oportuno comentar nada sobre ella. La otra es The Walking Dead, creada y producida por Frank Darabont, inspirándose en el muy popular cómic homónimo original de Robert Kirkman. Consta, hasta el momento, de ocho temporadas, la última de las cuales se estrenará en octubre de 2017.

El proyecto de The Walking Dead se ha revelado como uno de los más exitosos de los últimos años en lo que a series televisivas se refiere. Aunque la tremenda popularidad del cómic parecía avalar su traslado a la pequeña pantalla, algunos ejecutivos de la cadena AMC temían que, debido a la saturación de largometrajes de zombis en los cines, el público no sintiera interés por una producción televisiva que, en realidad, apenas aportaba nada novedoso u original al tema. Sin embargo, tras unos cuidadosos estudios, se reveló que incluso los films de zombis más casposos habían resultado rentables. Por otra parte, la riqueza del contenido del material de origen, el estupendo cómic, decidió a la AMC a seguir adelante con el proyecto, que sería producido por Frank Darabont, en quien los gerifaltes de la cadena tenían depositada la mayor confianza. No obstante, como se requería una inversión económica considerable, y los resultados no estaban ni mucho menos asegurados, AMC se decantó por filmar pocos episodios, con el fin de testear la respuesta de la audiencia. La primera temporada constó sólo de seis episodios. La buena recepción del piloto, que se convirtió en uno de los programas televisivos más vistos en USA en 2010, animó a Darebont, que propuso a la AMC el rodaje de una segunda temporada. En esta ocasión se rodaron trece episodios, el paquete básico de una producción primeriza, establecido como mucho en catorce episodios. Estaba claro que la primera temporada de The Walking Dead había sido un éxito, pero los responsables de AMC no parecían tenerlas todas consigo, de forma que, si bien dieron luz verde a una nueva temporada, decidieron que fuera corta por si la cosa fallaba en el último momento y tenían que cancelar la serie. No fue así. La segunda temporada igualó e incluso aumento el éxito de la primera. AMC, ya segura de que tenía entre manos un proyecto más que rentable, dejó el camino expedito a The Walking Dead, cuyas restantes temporadas constaron de dieciséis episodios cada una.

A nivel argumental, la serie no se diferencia mucho de las películas clásicas de Romero. El esquema básico es el mismo: plaga zombi que destruye las estructuras sociales y aniquila a la mayor parte de la humanidad, y grupo de supervivientes en constante huida y enfrentamiento con los muertos vivientes. Sin embargo, en The Walking Dead no hay lugar para ciertos apuntes cómicos, casi siempre presentes en los films de Romero. La ambientación es gris, desesperanzada, y, en líneas generales, pesimista hasta sus últimas consecuencias.

The Walking Dead demostró que el sub-género de los zombis podía funcionar muy bien en formato televisivo. Muchos fans de la serie escribieron a la AMC sugiriendo que se rodara algún episodio narrando lo que había ocurrido al principio, cómo se había desatado la plaga. La cadena televisiva tomó buena nota de ello, y en vez de uno o dos episodios retrospectivos de The Walking Dead, decidió rodar una precuela de la misma. Así nació Fear The Walking Dead, en la que se describe, a través de las vivencias de una familia ciertamente disfuncional, cómo se llegó a la situación vista en The Walking Dead. Hasta el momento se han rodado cuatro temporadas, que han tenido muy buena acogida por parte del público.

En 2014, y en vista de la gran audiencia que tenía The Walking Dead, la productora The Asylum lanzó Z Nation, una nueva serie de tema zombi, emitida por la cadena SyFy, especializada en producciones de corte fantástico. No se diferencia gran cosa de The Walking Dead, pues sigue casi a pies juntillas el esquema básico de la celebérrima serie de AMC. No obstante, los productores trataron de aportarle algo de originalidad, por lo que incluyeron un personaje que, habiendo sido tratado con una vacuna experimental, es inmune a las mordeduras de los zombis y va adquiriendo, progresivamente, poderes telequinéticos. La principal línea argumental de la producción gira en torno a este hombre, que debe ser trasladado desde Nueva York hasta California, a un centro experimental donde esperan poder desarrollar una cura para la plaga zombi a partir de su sangre. Otra interesante novedad de Z Nation es que el grupo de supervivientes cuenta con la ayuda del autodenominado Ciudadano Z (D. J. Qualls), un militar, miembro de la NSA (National Security Agency/Agencia Nacional de Seguridad), que se queda aislado en un remoto Centro de Operaciones de dicha agencia federal, y utiliza sus recursos para auxiliar en lo posible a los sobrevivientes.

Los zombis en el cine español

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No puedo dar por concluido este ensayo sin referirme, aunque sea someramente, al cine español. Casi todas las cinematografías han tratado de explotar en beneficio propio el fenómeno zombi, en general con resultados risibles. La española no es una excepción en este sentido, así que proliferan los títulos ibéricos dedicados a los muertos vivientes, aunque, para ser sinceros, la mayoría de ellos no valen un pimiento. No obstante, hay algunos que merecen una recuperación. En la excelente PÁNICO EN EL TRANSIBERIANO, dirigida en 1972 por Eugenio Martín y con reparto internacional, encabezado nada más y nada menos que por Christopher Lee y Peter Cushing, el ser alienígena resucita a Kazan (Telly Savallas) y sus cosacos y los lanza contra los protagonistas, en un claro homenaje a la mítica primera cinta de Romero.

Pero el mejor film que el cine español ha dedicado a los zombis es, sin ninguna duda, NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS, dirigida por Jorge Grau en 1974. Veamos de qué trata. Una máquina experimental está siendo probada con autorización del gobierno. Dicho artilugio ha sido diseñado para provocar una especie de estado de agitación en los insectos que amenazan las cosechas, haciendo que se maten entre sí, pero las radiaciones ultrasónicas que emite tienen un terrible efecto colateral: afectan a los muertos recientes, resucitándolos transformados en zombis hambrientos de carne humana. Una pareja de jóvenes se verá sumergida en una sórdida pesadilla, y harán cuanto puedan por sobrevivir y advertir de lo que ocurre al resto del mundo.

La mejor carta de presentación de NO PROFANAR EL SUEÑO DE LOS MUERTOS, como ocurría con PÁNICO EN EL TRANSIBERIANO, es que no parece española, sino británica, pues aparte de que la acción se sitúa en la Gran Bretaña rural, su estilo recuerda el de los films de la Hammer. La influencia de LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES es notoria, tanto en la ambientación como en la descripción de los zombis, en todo idénticos a los imaginados por Romero. Los efectos especiales no son tan elaborados como los de cintas más recientes, pero cumplen perfectamente su función. Protagonizada por Ray Lovelock, Cristina Galbó y el veterano Arthur Kennedy, tuvo una buena acogida por parte del público, demostrando que el cine de terror español podía ofrecer obras de cierta calidad.

Conclusión

Con George A. Romero, los zombis pasaron de ser simples comparsas en el cine de terror, a convertirse en estrellas del mismo, rivalizando en popularidad con los vampiros y los licántropos. En el presente ensayo he tratado de ofrecer una perspectiva, lo más amplia posible, de la historia cinematográfica de estos seres de ultratumba. Como es obvio, he dedicado mi atención a las producciones más representativas del sub-género zombi, desechando aquellas que, ya sea por su ínfima calidad, o porque no aporten nada al tema, me han parecido prescindibles. Confío en haber entretenido e instruido a los lectores, y los emplazo para una próxima ocasión, en la que analizaré el tema del vampirismo en el cine.

© Antonio Quintana Carrandi, (5.818 palabras) Créditos