EL CINE DE ZOMBIS 1
por Antonio Quintana Carrandi
Para Elena

Entre los diversos sub-géneros del Fantástico, el de los zombis es uno de los que gozan de mayor aceptación entre el gran público, como han demostrado los apoteósicos éxitos alcanzados por la espectacular saga cinematográfica de RESIDENT EVIL o la impactante serie televisiva The Walking Dead. Los muertos vivientes o no-muertos, como también se les conoce, forman parte ya de la historia del cine de género, y todo parece indicar que estarán entre nosotros durante mucho tiempo, a juzgar por la buena acogida que siempre han tenido los films protagonizados por estas aterradoras criaturas. Convertidos en iconos del cine de terror contemporáneo, estos seres de ultratumba no son una creación moderna, como erróneamente piensan muchos jovenzuelos, pues llevan casi un siglo paseándose por las pantallas cinematográficas. Y, como veremos a continuación, su relación con la ciencia-ficción es más estrecha de lo que en un principio se pudiera pensar.

Los zombis en el cine clásico

Todas las culturas tienen leyendas sobre muertos que vuelven a la vida, pero la que más relevancia ha tenido a lo largo de la historia es la de los zombis caribeños, estrechamente vinculada a la práctica del vudú o magia negra. Simplificando mucho la cosa, podríamos decir que en su origen un zombi era un muerto al que se le reanimaba mediante una especie de ritual satánico, pasando a convertirse en esclavo de la persona que le había conjurado, por así decirlo. Seres sin alma, los primitivos zombis se asomaron a las pantallas cinematográficas en numerosas ocasiones, casi siempre en producciones de ínfima calidad. Con todo, el Hollywood clásico produjo algunas estimables cintas que contribuirían a popularizar a estas pavorosas criaturas. En este trabajo, por razones obvias, hablaré sólo de las más relevantes.

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La primera película en la que aparecen los zombis fue LA LEGIÓN DE LOS HOMBRES SIN ALMA (WHITE ZOMBIE, Victor Halpering, 1932). Basada en una obra teatral de Kenneth Web, inspirada a su vez en una novela de W. S. Seabroock, inauguró el sub-género de los films protagonizados por muertos vivientes. Se trata de una obra muy menor, pero bastante interesante. Narra la historia de una pareja, Madeline Short (Madge Bellamy) y Neil Parker (John Harron), que viaja a Haiti invitada por el terrateniente Charles Beaumont (Robert Frazer). Éste, enamorado de Madeleine, trata de seducirla, siendo rechazado por la joven. Despechado, Frazer acude al siniestro Legendre (Bela Lugosi), el hechicero de vudú local, y le pide que convierta a Madeline en una zombi. Su plan es convencer a Neil de la muerte de su amada para que, una vez enterrada, éste abandone la isla. Entonces, con ayuda de Legendre, Frazer desenterrará y revivirá a Madeline, que permanecerá siempre junto a él. Pero Legendre tiene otros planes.

La película se ve lastrada por una excesiva teatralidad, y también por el hecho de que sólo un veinte por ciento de su metraje es sonoro. Esto provocó que obtuviera pésimas críticas, pero, a pesar de ello, fue un éxito de público. Vista hoy, sus defectos son más notorios, pero sigue siendo un buen ejemplo del cine de terror que se producía en el Hollywood de los años 30.

El curioso zombi de Michael Curtiz

El primer film importante de esta temática fue, a mi juicio, LOS MUERTOS ANDAN (THE WALKING DEAD, Michael Curtiz, 1936), producción de serie B de Warner Bros. Seguramente, al cinéfilo no especialmente familiarizado o interesado en el tema le sorprenderá que el realizador de la mítica [P:CASABLANCA] —para muchos la mejor película de la historia— dirigiera una cinta de estas características, pero lo cierto es que durante la década de los treinta el maestro Curtiz realizó algunas notables incursiones en el fantástico, dirigiendo piezas tan estimables como EL DOCTOR X (DOCTOR X, 1932) y LOS CRÍMENES DEL MUSEO (MISTERY OF THE WAX MUSEUM, 1933), primera versión sonora de LOS CRÍMENES DEL MUSEO DE CERA, obra clásica que conocería una espectacular adaptación en 3D y rutilante warnercolor, que, bajo el título original de HOUSE OF WAX y dirigida por el muy competente Andre de Toth, sería uno de los grandes éxitos de taquilla del año 1953. LOS MUERTOS ANDAN es una obra muy interesante porque, al menos según los datos que obran en mis archivos, se trata del primer film sonoro sobre muertos que vuelven a la vida gracias a un experimento científico, y no a la intervención de fuerzas sobrenaturales. Aunque etiquetada en todas las antologías dedicadas al Fantástico como cinta de terror, lo cierto es que se trata de un híbrido entre este género y la ciencia-ficción.

En LOS MUERTOS ANDAN se nos presenta a un hombre acusado de malversación de fondos, el cual, una vez sometido a juicio, es condenado a una larga pena de prisión. Sus cuatro cómplices, encabezados por Nolan (Ricardo Cortez), deciden vengarle asesinando al juez Shaw (Joseph King), preparándolo todo para que las sospechas recaigan sobre John Elman (Boris Karloff), un músico a quien Shaw había condenado a diez años de cárcel por el asesinato del amante de su mujer, y que ha sido puesto en libertad recientemente. Elman, en realidad un hombre pacífico y sensible que fue empujado al homicidio por un arrebato de celos, queda atrapado en la red de pruebas falsas tejida a su alrededor por el siniestro Nolan y sus secuaces, y nada puede hacer para demostrar su inocencia. Todo el mundo cree que asesinó al juez Shaw como venganza por haberle enviado a prisión, y así, es enjuiciado rápidamente, condenado a muerte y ejecutado en la silla eléctrica. Pero poco después de cumplirse la sentencia, su cadáver es sometido a un increíble proceso de reanimación por un brillante científico, el doctor Beaumont (Edmund Gwenn), quien consigue devolverle la vida. Aunque al principio Elman no recuerda nada de las circunstancias que rodearon su muerte, poco a poco va recuperando la memoria y recordando los rostros y los nombres de los culpables de su situación. Decidido a vengarse, Elman conseguirá que esos hombres paguen por lo que le han hecho, y, lo que es más importante, logrará hacerlo sin tener que ponerles nunca la mano encima, aunque a un precio muy alto.

Como puede apreciarse, el protagonista de esta modesta pero memorable obra de Curtiz no es exactamente un zombi, ya que sigue poseyendo voluntad propia, pero desde luego es un auténtico muerto viviente, aunque muy distinto de los que popularizaría Hollywood posteriormente. El film está claramente influenciado por EL MONSTRUO DEL DOCTOR FRANKENSTEIN (FRANKENSTEIN, James Whale, 1931), y en ciertos momentos la interpretación de Karloff nos remite a la que compuso en dicha cinta; basta fijarse, por ejemplo, en los andares de Elman tras ser reanimado, casi idénticos a los primeros y torpes pasos de la criatura creada por el doctor Frankenstein con trozos de cadáveres.

Por otra parte, el film es una muestra más del buen hacer de uno de los realizadores más legendarios de la Meca del Cine. Apoyándose en la siempre eficaz fotografía del hoy casi olvidado Hal Mohr, Curtiz juega con las luces y sombras del blanco y negro para acentuar la carga dramática del relato en secuencias como la del juicio al protagonista, o en las escenas de éste en su celda, esperando el momento de su ejecución. La música, que corrió a cargo de Bernhard Kaun, subraya con poético dramatismo pasajes clave de la película, como ese en el que, poco antes de ser ejecutado, Elman pide como última gracia que otro prisionero interprete al violoncelo su pieza preferida, lo que impregna de un sentimiento especial las escenas de su conducción hasta la silla eléctrica. Curtiz maneja diestramente los hilos de la trama y a los personajes, tejiendo con ellos una densa urdimbre gótica en la que atrapa al espectador, que apenas consigue apartar sus ojos de la pantalla un segundo hasta el sorprendente y extraordinario final de esta fascinante película.

Si exceptuamos LOS MUERTOS ANDAN, lo cierto es que la mayoría de los films de zombis de los años 30 no se caracterizaban precisamente por su calidad. El tema de los muertos vivientes no volvería a ser tratado por el cine con seriedad, dignidad y estilo hasta una década después, cuando un cineasta de origen francés, emigrado a Hollywood, asumió la dirección del que, sin ninguna duda, es el mejor film de zombis jamás rodado.

El terror expresionista de Jacques Tourneur

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YO ANDUVE CON UN ZOMBI (I WALKED WHIT A ZOMBIE, Jacques Tourneur, 1943), es la personalísima y sugerente aproximación del gran realizador franco americano al mundo de los muertos vivientes y una pieza maestra del cine de terror. Convertida hoy día en cinta de culto, no gozó en su momento del favor de la crítica, a pesar de que dos pesos pesados de la misma, como Manny Farber y James Agee, defendieran con entusiasmo sus innegables valores artísticos.

YO ANDUVE CON UN ZOMBI fue producida por Val Lewton, un escritor de origen ruso reconvertido en productor en el seno de la mítica RKO Radio Pictures, aunque su etapa formativa en el medio cinematográfico la realizó a las órdenes del megalómano David O. Selznick. En la RKO Lewton entraría en contacto con Jacques Tourneur, un cineasta con el que llegaría a entenderse a las mil maravillas a pesar de poseer un carácter muy distinto al suyo, lo que le llevaría a apoyar casi cualquier proyecto que éste presentara al Estudio. Tourneur y Lewton compartían idénticas inquietudes artísticas, rechazaban las características comunes del cine fantástico que se había hecho en Hollywood hasta entonces y apostaban decididamente por una estética de corte expresionista con un marcado acento gótico. De la entente entre estos dos genios del Séptimo Arte surgirían tres obras capitales del cine de terror: LA MUJER PANTERA (CAT PEOPLE, 1942), EL HOMBRE LEOPARDO (THE LEOPARD MAN, 1943) y la cinta que nos ocupa, rodada y estrenada entre las dos citadas.

En YO ANDUVE CON UN ZOMBI, Paul Holland (Tom Conway) guarda un oscuro secreto relacionado con su esposa, Jessica (Christine Gordon), misterio que sólo se desentrañará gracias a la intervención de Betsy Connell (Frances Dee), la bella enfermera canadiense que llega a la isla de San Sebastián, en las Antillas, para cuidar de la enigmática mujer del hacendado, que parece estar sumida en un perpetuo trance. Betsy se siente inmediatamente atraída por el atormentado Holland, y se convierte en testigo del terrible drama familiar protagonizado por éste, su hermanastro, Wesley Rand (James Ellison aquí en su último trabajo para la RKO), y la madre de ambos, la señora Rand (Edith Barrett), personaje ambiguo que tiene mucho que ver con el estado casi catatónico de Jessica, que se comporta en todo momento como una sonámbula sin voluntad.

Aunque etiquetada por su temática como cinta de terror, en YO ANDUVE CON UN ZOMBI no hay lugar para los sobresaltos y los efectismos tan propios del género. Tourneur, apoyándose en el espléndido guión de Curt Siodmak y Ardel Wray, construye un relato fílmico caracterizado por una atmósfera inquietante, que provoca desasosiego y cierta dosis de miedo en el espectador hasta su brillante desenlace. La fotografía expresionista de J. Roy Hunt realza el aliento poético del film, confiriéndole un atractivo especial. El montaje corrió a cargo de Mark Robson, quien afirmaba que YO ANDUVE CON UN ZOMBI representó la cumbre de la carrera de Tourneur, y que siempre consideró esta película como una de las mejores de la historia del cine. Y no le faltaba razón a Robson, porque se trata de un film maravilloso, que subyuga al espectador desde el primer segundo de metraje y le atrapa en su fascinante trama. Una película, en fin, que todo aficionado al mundo de los zombis debería ver, aunque su estilo y planteamiento estén a años luz de lo que se hace hoy día.

Durante las dos décadas siguientes no se produjo ninguna cinta de zombis estimable, aunque éstos aparecieron con cierta frecuencia en películas de consumo de Serie B, con más pena que gloria. Pero a finales de los años 60 llegó el film que lo cambió todo.

La memorable cinta de Romero

Corría 1968 y un joven publicista de origen neoyorkino, llamado George A. Romero (1940-2017), que trabajaba en Pittsburgh, entusiasta del terror y en especial de todo lo relacionado con los zombis, decidió probar suerte en el terreno del cine de bajo presupuesto. Cineasta aficionado, se decantó por un film de horror por sus gustos personales, pero también por las posibilidades comerciales que ofrecía el género. Como es obvio, la producción de una cinta así planteaba muchos problemas, siendo el principal la financiación. Romero calculaba que necesitaría 100.000 dólares como mínimo, suma que, sin ser una gran fortuna, era un buen pico a finales de los 60. Evidentemente, el cineasta en ciernes, que ya había rodado algunos cortometrajes, no disponía de tanto dinero. Para conseguirlo lo primero era contar con una productora, así que Romero embarcó a sus amigos John Russo, Russell Streiner, Karl Hardman, Karen L. Wolf y Marilyn Eastman en la creación de Image Ten Productions. Con ayuda de éstos, y arriesgando también sus ahorros, George logró reunir la suma de 114.000 dólares, suficiente para emprender el rodaje de la película, cuyo guión escribió en colaboración con Russo. Romero era un admirador confeso del novelista [A:Richard Matheson], cuya obra [N:SOY LEYENDA] había sido llevada al cine en [P:EL ÚLTIMO HOMBRE SOBRE LA TIERRA] (THE LAST MAN ON EARTH, Sidney Salkow, 1964). Esta cinta era una de sus favoritas, de manera que decidió inspirarse en ella para su film, pero realizando una versión visualmente mucho más impactante, sustituyendo los vampiros por zombis. En aquel momento no tenía forma de saberlo, pero su decisión influiría muchísimo en el cine terrorífico de las siguientes cinco décadas.

Dadas las características de la cinta que pretendía filmar, Romero no podía ni soñar con contratar actores profesionales, ni siquiera de segunda o tercera filas. Optó, por tanto, por recurrir a actores amateurs para los papeles principales y a sus numerosos amiguetes para encarnar el resto de personajes. Posteriormente, numerosos analistas incidirían en una supuesta intencionalidad crítica de Romero al otorgar el protagonismo al afroamericano Duane Jones, pero el director restaría importancia al hecho al declarar que había elegido a éste porque, simplemente, era el mejor actor entre sus amigos, recalcando que en ningún momento le concedió importancia al color de su piel.

Para la filmación, Romero empleó una cámara de 16 mm de su propiedad y película de B/N, que era mucho más barata que la de color. El rodaje se prolongó durante siete meses, ya que sólo podía trabajar aprovechando los fines de semana y la disponibilidad de sus amigos. Como un auténtico hombre orquesta, George ejerció de director, jefe de fotografía, operador de cámara y montador, todo en uno. Del apartado musical se encargó Scott Vladimir Licina, otro de los miembros de su pandilla de amiguetes, con el que ya había trabajado en numerosos spots televisivos.

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Por fin la película estuvo terminada. Siendo como era un film hecho por amateurs, la distribuidora , Walter Reade Organization, tuvo que bregar mucho para encontrar salas dispuestas a proyectarla, así que al principio tuvo una difusión muy restringida. Algunos críticos se ocuparon de ella sólo para denostarla miserablemente, lo que desanimó y mucho al realizador. Pero al tratarse de una película muy barata, resultaba ideal para utilizarla como relleno, de modo que numerosos cines de localidades pequeñas la adquirieron. Obtuvo una aceptación bastante moderada, pero la distribuidora probó a estrenarla en Europa, donde se convirtió, contra todo pronóstico de la crítica, en un verdadero taquillazo. La noticia del apoteósico triunfo en el Viejo Continente de LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES sorprendió a todo el mundo, incluidos Romero y sus colaboradores. El film fue sacado de los circuitos marginales, empezando a ser proyectado por todo Estados Unidos, y en poco tiempo se convirtió en una cinta de culto.

Esta película consagró un modelo estético y de producción de bajo coste que sería imitado hasta la saciedad. Representó, también, una ruptura deliberada con la tradición gótica que desde siempre había impregnado el cine de terror, y cuyos máximos exponentes eran los títulos producidos por la norteamericana Universal y la británica Hammer. Rompió con todos los moldes, haciendo que la monstruosidad dejase de ser una cuestión de alteridad mitológica, introduciéndola en la realidad cotidiana y mostrando lo que podría ocurrir si se encarnara en nosotros mismos, en nuestros parientes, amigos y vecinos. Romero huyó como de la peste de las convenciones góticas, ofreciendo una ambientación contemporánea, plagada de paisajes crudos y personajes anónimos y cotidianos. No hay ninguna complacencia con el espectador, al que se proyecta al interior de una situación límite, donde la supervivencia a toda costa es lo más importante. Los personajes parecen convencionales, arquetípicos, pero en el último momento todo se derrumba y el final feliz, que seguramente esperaban muchos espectadores, no se produce.

En apariencia, LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES era sólo una efectiva cinta de terror de bajísimo presupuesto, que había obtenido un éxito inusitado. Pero la obra de Romero estaba llamada a inspirar a una legión de realizadores que deseaban ofrecer al público otras perspectivas del cine fantástico. Además, cambió para siempre la imagen cinematográfica de los zombis e inauguró todo un sub-género que, a día de hoy, todavía goza de una extraordinaria vigencia. Porque, hasta el estreno de LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVENTES, los zombis en el cine, salvo en contadas excepciones, respondían a la imagen tradicional de los mismos inspirada por las leyendas caribeñas. Romero hizo borrón y cuenta nueva de esos tópicos, apartó a un lado la explicación místico-religiosa de la existencia de tales seres, y recurrió a la ciencia para describir la situación planteada en su película. Los muertos vivientes de Romero no son el producto de ningún conjuro mágico, sino de un virus que ha llegado a la Tierra procedente del espacio en un satélite accidentado. Dado que a finales de los 60 la carrera espacial estaba en su apogeo, resulta evidente que George introdujo este detalle como un inteligente guiño a la realidad del momento histórico.

La saga zombi de Romero

Con LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES George A. Romero se convirtió en una de las figuras más conocidas del cine fantástico, pero no en un director relevante, ya que sus trabajos en films de otra temática no tuvieron una buena acogida. En todas sus películas incluía ciertos toques de crítica social, pero ni siquiera eso bastó para situarle entre los directores de renombre. A principios de los 70 dirigió varias cintas, de las que, a mi juicio, sólo se salva LOS CRAZIES (THE CRAZIES, 1973), por poseer algunas similitudes con sus películas de zombis, al mostrar cómo un arma biológica altera a los seres humanos, transformándolos en seres violentos e irracionales. Tampoco MARTIN (Ídem, 1977), que trataba el tema del vampirismo desde una óptica psicológica y llegó a ser proyectada en el festival de Cannes, destacó por su calidad u originalidad. Habría que esperar hasta el año siguiente para que Romero volviera al tema de los muertos vivientes con ZOMBI (DAWN OF THE DEAD, 1978). Continuación del film de 1968, presenta unos Estados Unidos en los que la plaga zombi se ha extendido por todas partes.

ZOMBI trata sobre un grupo de supervivientes, que se refugian de la horda de muertos vivientes en un centro comercial. Los protagonistas, como en la cinta de 1968, no sólo deben hacer frente al asedio de los zombis, sino también a sus miedos y obsesiones. En esta ocasión Romero contó con un presupuesto de 1.500.000 de dólares, el mayor con el que había trabajado hasta entonces, lo que le permitió dotar al film de cierta espectacularidad y buenos efectos especiales, de los que se encargó Tom Savini, que también hizo un pequeño cameo en la película. Considerando que recaudó 40 millones de dólares tras su estreno mundial, fue un auténtico bombazo. Parte de la crítica seguía denostando este tipo de cine, principalmente por su tono gore; pero otra parte supo apreciar el talento del realizador y consideró ZOMBI como una de las veinticinco mejores cintas de terror de la historia. Como era habitual, la casposa cinematografía de género italiana trató de medrar a costa del film de Romero, estrenando ZOMBI II (ZOMBIE II, Lucio Fulci, 1979), estomagante bodrio que nada tiene que ver con el título del cineasta estadounidense. Huelga decir que la peli del ínclito Fulci fue un fracaso monumental.

Tras la decepcionante LOS CABALLEROS DE LA MOTO (KNIGHTRIDERS, 1981) Romero regresó al género de terror con la estimable CREEPSHOW (Ídem, 1982), basada en un popularísimo cómic. Tuvo una excelente acogida, lo que sería determinante para que ejerciera funciones de productor en Cuentos del lado oscuro (Tales from the Darkside), serie que adaptaba a la televisión historias aparecidas en los más famosos cómics de terror.

En 1985 estrenó EL DÍA DE LOS MUERTOS (THE DAY OF THE DEAD), en la que introducía una nada sutil crítica al estamento castrense a través de una pareja de jóvenes que, huyendo de los zombis, se refugian en una base militar subterránea, donde los militares han impuesto la ley marcial mientras realizan peligrosos experimentos con los nomuertos. Este film, en principio concebido por Romero como el último de la trilogía iniciada con LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES y continuada con ZOMBI, posee un tono más duro, seco y desesperanzado que el de las cintas mencionadas, con algunos componentes humorísticos similares a los del segundo título del tríptico. Tom Savini volvió a encargarse de los efectos especiales, realizando una espléndida labor en el apartado del maquillaje. Sin embargo, parece que la película se le fue un tanto de las manos a Romero, porque no resultó tan exitosa como las anteriores y además cosechó críticas muy malas a todos los niveles. La drástica reducción del presupuesto que le fue inicialmente asignado impidió al realizador trabajar en profundidad las ideas que tenía en mente. Sea como fuere, incluso los fans del cineasta y su particular universo de muertos vivientes la consideran su peor trabajo. Aun así, la cinta tuvo un coste de 35 millones de dólares, recaudando en todo el mundo 34 millones, por lo que no se la puede definir, ni mucho menos, como un fracaso.

Mejor suerte tendría Romero cinco años más tarde, cuando decidió reescribir el guión original de su primera película, con vistas a la filmación de un ambicioso remake. La nueva versión de LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES (NIGHT OF THE LIVING DEAD, Tom Savini, 1990) fue una puesta al día de los planteamientos básicos del film de 1968. El rodaje no estuvo exento de complicaciones. Savini, que había debutado como director en la serie Cuentos del lado oscuro, se enfrentaba a su primer trabajo para la pantalla grande y se involucró al máximo en el proyecto, chocando en ocasiones con Romero. Las diferencias creativas entre ambos afectaron a la amistad que los unía, que a partir de entonces se enfriaría bastante. Resentido porque Romero no le había dejado hacer todo lo que pretendía, Savini publicó poco después un libro, en el que, entre otras cosas, incluyó los storyboards de su autoría que George había vetado.

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La película provocó reacciones encontradas entre el público y la crítica. Para algunos, esta nueva versión era muy superior a la cinta original, tanto por el empleo del color como por la espectacularidad que permitió el digno presupuesto. Otros, por el contrario, consideraron que no aportaba nada, aparte del color, y que era decididamente inferior al original. De todas formas, la película funcionó bastante bien en taquilla.

Durante los quince años siguientes, Romero encauzaría su carrera por otros derroteros, pero sin destacar demasiado en nada de lo que emprendió. Su esperado regreso al cine de terror, sub-género zombi, se produjo en 2005, cuando estrenó LA TIERRA DE LOS MUERTOS (LAND OF THE DEAD). En esta cinta se muestra un mundo post-apocalíptico, invadido por los zombis y con una población humana cada día más reducida. Los supervivientes se amontonan en un área denominada Triángulo Dorado, situada más o menos en el centro de Pittsburgh (Pensylvania). La zona está fortificada y cuenta con un gobierno de corte feudal. Una élite habita en un lujoso rascacielos, rodeada de comodidades, mientras el resto de la gente sobrevive como puede. Esta relativa seguridad en que parecen vivir los sobrevivientes se verá amenazada por la horda de zombis, que se lanzan al asalto del recinto.

En LA TIERRA DE LOS MUERTOS Romero recupera una idea que ya había esbozado en EL DÍA DE LOS MUERTOS, y presenta unos zombis que, en cierto modo, están adquiriendo algo así como una conciencia, están evolucionando, lo que los hace más peligrosos si cabe. El realizador personifica esta evolución en Big Daddy (Eugene Clark), el muerto viviente que, poco a poco, acaba por erigirse en líder del ejército de monstruos. Este detalle dota al film de un inusitado interés, convirtiéndolo en uno de los más originales de la saga. A título de curiosidad, cabe comentar que Tom Savini hizo un cameo en la cinta, interpretando al zombi que maneja un machete.

LA TIERRA DE LOS MUERTOS iba a ser producida por 20th Century Fox, pero Romero, ante la intención de la Fox de hacerse con el control de todas las películas que integran la saga, optó por poner fin a la negociación. Entró entonces en liza Universal Pictures, que no sólo accedió a las condiciones impuestas por el realizador, sino que se comprometió a invertir una buena suma de dinero en el proyecto. Los mandamases del Estudio cumplieron su palabra, pues le asignaron al film una dotación económica de 19 millones de dólares, el presupuesto más alto con el que trabajaría Romero en toda su carrera, y que le permitiría incluir en el film algunos elementos ideados para la anterior EL DÍA DE LOS MUERTOS, que no pudieron incluirse en la trama en esa ocasión por falta de financiación. LA TIERRA DE LOS MUERTOS es, posiblemente, la película más espectacular de la franquicia y en su estreno mundial recaudó la friolera de 47 millones de dólares, proporcionando unos beneficios netos de 28 millones. Todo un record.

El siguiente trabajo de Romero, aunque también de tema zombi, tuvo otro carácter, porque EL DIARIO DE LOS MUERTOS (DIARY OF THE DEAD, 2007) tiene mucho de comedia negra, como si el realizador hubiera optado por tomarse un poco a broma el asunto de los muertos vivientes, así que presenta notables diferencias con el resto de los títulos de la saga. Romero insistió en que no era una continuación de sus anteriores películas, sino algo así como una especie de renacimiento del mito zombi, y también, en cierto modo, un experimento fílmico, pues para su rodaje se recurrió a cámaras de vídeo-vigilancia, cámaras de ordenador e incluso las que llevan incorporadas los teléfonos móviles. Producción independiente, a cargo de las pequeñas compañías Artfire Films y RomeroGunwald Productions, contó con un presupuesto de sólo 2.750.000 dólares, obteniendo una recaudación de 4.750.000, así que amortizó su coste y produjo un pequeño beneficio. A pesar de ello, desde el punto de vista financiero, fue un fracaso. El público en general la acogió con frialdad, y a título personal, me parece incluso mucho más mala que EL DÍA DE LOS MUERTOS. Evidentemente, George A. Romero era capaz de lo mejor y de lo peor.

El realizador tenía más moral que el alcoyano, y tras el patinazo de la experimental EL DIARIO DE LOS MUERTOS, volvió a la palestra con LA RESISTENCIA DE LOS MUERTOS (SURVIVAL OF THE DEAD, 2009). En esta ocasión la acción se situaba en una isla, cuyos habitantes veían como los muertos se levantaban de sus tumbas en busca de carne humana que devorar. El argumento se centraba en dos familias que luchaban por sobrevivir en un mundo post-apocalíptico, y que debían enfrentarse al dilema de exterminar a todos los zombis, algo imposible, o encontrar una cura para ellos. Sin ser un exitazo, la cinta funcionó bastante bien y genero pingües beneficios.

En 2010 se produjo el estreno de The Walking Dead, producción televisiva de tema zombi. A Romero se le ofreció la posibilidad de dirigir uno o varios episodios, oferta que declinó porque, en sus propias palabras, esos zombis no me pertenecen, no son idea mía. El realizador, excelente dibujante, se concentraría principalmente en el cómic, medio en el que proseguiría con su saga dedicada a los muertos vivientes. Una de sus obras, editada por Marvel Comics, tuvo tanto éxito que dio origen a una serie de televisión, El imperio de los muertos (Empire of the dead), emitida a partir de 2010. En ella se presentaba la ciudad de Nueva York en cuarentena por la pandemia zombi, sitiada por millones de muertos vivientes y con una amenaza casi tan terrible acechando en su interior. El cineasta ejerció funciones de productor.

El legado de Romero..

George A. Romero, recientemente fallecido, no fue un gran nombre del Séptimo Arte, ni siquiera un director estimable, pero sí el indiscutible creador del cine de zombis tal como hoy lo entendemos. Aunque los muertos vivientes han aparecido en muchísimas películas desde LA LEGIÓN DE LOS HOMBRES SIN ALMA, fue él quien creo el sub-género zombi, convirtiendo a estas criaturas en figuras icónicas del cine fantástico. Todos los zombis que han aparecido en películas o series de televisión, desde 1968 hasta la fecha, se asemejan, en mayor o menor medida, a los de su espléndido primer film. En este tipo de cintas fue el Maestro de Maestros, por más que la pifiara en algunas (no muchas) ocasiones.

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Algunos de sus films han originado nuevas versiones. Tal es el caso de EL AMANECER DE LOS MUERTOS (DAWN OF THE DEAD, Zack Snyder, 2004), remake de ZOMBI, la segunda entrega de la saga, que Romero dirigió en 1978. Snyder optó por mantener ciertos elementos centrales del argumento original, como el grupo de supervivientes que se refugia en un centro comercial, variando otros.

La principal variante es que los zombis de esta cinta no son tan lentos y torpes como los imaginados por Romero, sino bastante más rápidos y, por tanto, muchísimo más peligrosos, entroncando así con los vistos, por ejemplo, en GUERRA MUNDIAL Z (WORLD WAR Z, Marc Forster, 2013). Romero destacó este detalle como el mayor defecto de la película. Según él, los zombis de sus cintas eran mucho más realistas, pues se movían con extrema lentitud y torpeza a causa del rigor mortis, por lo que sólo representaban un peligro grave cuando formaban grupos numerosos. Esta opinión de Romero dio origen a un interesante debate entre los aficionados. Aunque mis conocimientos sobre anatomía humana no son muy profundos, creo que Romero estaba en lo cierto. Los defensores de la idea de los zombis rápidos alegan que el rigor mortis es sólo un estado temporal. Pero hay que tener en cuenta que éste se debe a una acumulación de ácido láctico en los tejidos finos de los músculos, que provoca la rigidez corporal. Dado que el flujo sanguíneo se detiene cuando el corazón se para, hemos de colegir que, al volver a la vida, cualquier zombi tendría grandes dificultades para moverse. En el último episodio de la primera temporada de The Walking Dead se da una explicación científica del proceso de resurrección de los zombis, y de por qué sólo puede acabarse con ellos destruyendo sus cerebros.

En el film de Snyder el proceso infectivo se acelera notablemente. En las cintas de Romero podían pasar incluso días, antes de que los muertos se convirtieran en zombis. Por el contrario, en EL AMANECER DE LOS MUERTOS los infectados se transforman casi inmediatamente después de ser mordidos. Por otra parte, en esta película la plaga zombi no tiene un origen misterioso, como en algunos de los títulos de Romero, sino que es la consecuencia de un virus presente en la sangre humana. Además, en los films de George, cuando una persona muere por cualquier razón una vez iniciada la plaga, se levanta de entre los muertos convertido en zombi; mientras que en la obra de Snyder sólo se transforma en muerto viviente alguien previamente infectado por el virus de la sangre, lo que explicaría que Andre (Mekhi Pfeifer) no se convierta cuando muere por un disparo.

EL AMANECER DE LOS MUERTOS fue muy rentable, pues con un coste de 28 millones de dólares, recaudó más de 100 millones en todo el mundo. Aparte de las diferencias mencionadas entre ella y los films de Romero, lo cierto es que apenas aportó novedades interesantes al sub-género, pero su impecable factura y su espectacularidad determinaron su gran triunfo en taquilla.

EL DÍA DE LOS MUERTOS (DAY OF THE DEAD, Steve Miner, 2008) fue una versión libre de la cinta homónima dirigida por Romero en 1985, y lo mejor que puede decirse de ella es que hizo buena a la película en que se basa, pues sus resultados fueron muy pobres. Tanto, que una vez que estuvo concluida y montada, lista para el estreno, pasó directamente al vídeo y nunca fue proyectada en salas comerciales. Como es obvio, cosechó un aluvión de críticas negativas, y sólo los más descerebrados entusiastas del cine zombi, capaces de tragarse cualquier cosa en la que salgan muertos vivientes, disfrutó con ella.

Romero sentó las bases del sub-género cinematográfico protagonizado por los zombis. Otros cineastas siguieron su estela, con peor o mejor fortuna. En la segunda parte de este ensayo hablaremos de algunos de ellos.

Continuará...

© Antonio Quintana Carrandi, (7.036 palabras) Créditos