EL ESTÚPIDO BOICOT CONTRA LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ
por Antonio Quintana Carrandi
LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

Lo que está pasando en USA es preocupante. Los progres estadounidenses han descubierto las virtudes de la estrategia casposa esgrimida por la más patética extrema izquierda y se han apresurado a copiarla. Esto se está traduciendo en una fobia irracional contra la historia, escenificada, como en nuestro desdichado país, con algaradas callejeras sin venir a cuento, derribo de estatuas ante la pasividad e indiferencia de las incultas autoridades y otras tropelías por el estilo. Como suele decirse, todo se pega menos la hermosura.

Ahora le ha tocado el turno a la película más mítica de la historia del cine. LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ ha sido proyectada, desde hace la friolera de 34 años, por el cine Orpheum de Menphis sin grandes problemas. Pero el año pasado, las hordas progres arremetieron contra ella con furia visigoda, por considerarla una cinta insensible con la tragedia de la esclavitud. Por tanto, y según la peculiar forma de ser de cierta estulta gente, está plenamente justificado el boicot contra las salas que la exhiban.

A uno, cinéfilo curtido, con miles de horas de cine visionadas, le indigna y le aterra semejante proceder. Le indigna, porque representa un ataque irracional a una obra maestra del Séptimo Arte; y le aterra porque, viendo sus consecuencias, teme que tal irracionalidad se convierta en práctica habitual.

Los progres de toda laya y condición, no conformes con arrogarse el derecho a decidir lo que está bien o mal, y a expedir carnets de demócrata según sus particularísimos criterios, apuntan ahora al cine, intentando imponer por la fuerza su visión políticamente correcta, pero históricamente incorrecta, de lo que aconteció en el pasado. Algunos han tachado LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ de película racista y glorificadora del sistema esclavista. Y es cierto que algo de eso hay en el film, ya que, al fin y al cabo, se basa en una novela escrita por una sudista a mediados de los años 30 del siglo pasado. Pero la adaptación cinematográfica de Selznick, aun conservando buena parte de su tono patriotero y su exaltación de los usos y costumbres de la alta sociedad sureña de mediados del siglo XIX, es una versión ciertamente descafeinada del libro de Mitchell, en el cual se hace una encendida defensa de la esclavitud y hasta se ensalza a una organización tan deleznable como el Klu Klux Klan. Selznick tan sólo pretendía rodar una excelente película basada en una novela de gran éxito, y por lo mismo no podía desvirtuar el sentido de la historia para no herir la susceptibilidad de la legión de adoradores de la obra. Pero cualquiera que conozca un poco la biografía de David Oliver Selznick, sabe que no sólo abominaba de la esclavitud, sino que, además, al igual que muchas personalidades de Hollywood, era contrario a la segregación racial, que, por ejemplo, impidió que la gran Hattie McDaniels pudiera asistir al estreno del film en Atlanta. No obstante, la víspera del estreno, el jueves 14 de diciembre de 1939, se celebró un baile al que fueron invitadas todas las fuerzas vivas de Atlanta, incluidos los pastores de las diferentes iglesias, Martin Luther King senior y su hijo, Martin Luther King junior, futuro Premio Nobel de la Paz, entre ellos. El reverendo King vio la película unos días después, y declaró que le había gustado mucho, alabando el trabajo de los actores negros, aunque también criticó la imagen un tanto edulcorada que se daba en ella de la esclavitud. Si alguien tan comprometido con la causa de los negros como el reverendo King elogió el film, ¿quiénes se creen que son esos progres de salón para enmendarle la plana al reverendo y boicotearlo setenta y ocho años después de su estreno?

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, aparte su condición de obra imperecedera del arte cinematográfico, describe bastante bien cómo era, o mejor dicho, cómo se veía a sí misma, la sociedad sureña. Por tanto ofrece, como es obvio, una visión complaciente de la vida en el Viejo Sur. Pero en ningún caso se la puede considerar como una película insensible con el tema del esclavismo. Simplemente, se trata de una idealización del sistema social sureño, algo que tienen muy claro los millones de personas que, en todo el mundo, la consideran como una cinta mítica. La inmensa mayoría de esas personas, entre las que me incluyo, detestan la esclavitud y el racismo. Lo que no les impide disfrutar plenamente de unos de los films más impresionantes del Hollywood clásico.

El año pasado se publicó en el Sitio mi ensayo sobre LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ. Como el tema de la película es controvertido, sobre todo para las nuevas generaciones, opté por hablar no sólo de la cinta en sí misma, sino por tratar aspectos relacionados con la historia real de los Estados Unidos de mediados del siglo XIX, contrastando lo que narra el film con lo que de verdad ocurrió. Esta última parte del ensayo, dividida en tres entregas bajo el título de La Guerra de Secesión o la verdadera historia de LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, es de la que estoy más orgulloso. A aquellos que, por las razones que sean, aprueban el boicot emprendido contra este film, les animó a leerlo con detenimiento. Quizás, sólo quizás, aprendan algo, si no es demasiado tarde y sus entendederas todavía no han sido contaminadas en exceso por la demagogia progresista. En todo caso, si de algo estoy seguro es de que LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ seguirá visionándose con admiración por siglos, y los nombres de David Oliver Selznick y sus actores serán recordados cuando ya nadie se acuerde, ni remotamente, de los idiotas que han arremetido contra ella.

© Antonio Quintana Carrandi, (951 palabras) Créditos