DAMA POR UN DÍA
DAMA POR UN DÍA EE. UU., 1933
Título original: Lady For A Day
Dirección: Frank Capra
Guión: Robert Riskin sobre un relato de Damon Runyon
Producción: Harry Cohn para Columbia
Música: Howard Jackson
Fotografía: Joseph Walker
Duración: 96 min.
IMDb:
Reparto: Warren William (Dave el Dandy); May Robson (Annie Manzanas); Guy Kibbee (Juez Blake); Glenda Farrell (Missouri Martin); Ned Sparks (Happy); Walter Connolly (Conde Romero); Jean Parker (Louise Manville); Nat Pendleton (Shakespeare); Barry Norton (Carlos Romero)

Sinopsis

Annie Manzanas es una anciana que vive al borde de la miseria absoluta, vendiendo manzanas por las calles de Nueva York. Lo que nadie sabe es que Annie tiene una hija en el extranjero, Louise, a la que lleva años escribiéndole cartas fantásticas, haciéndole creer que es una adinerada dama de la alta sociedad neoyorkina. Pero un día recibe una carta de su hija, en la que ésta le comunica que va a contraer matrimonio con un joven aristócrata español. La pareja de prometidos, acompañados por los padres del novio, van a llegar muy pronto a Nueva York para conocer a la distinguida madre de Louise. La anciana, desesperada, se plantea incluso la posibilidad de fingir su propia muerte, para que su hija no descubra la verdad. Pero acabará recibiendo la inesperada ayuda de Dave el Dandy, un gángster de segunda fila, muy aficionado a apostar. Convencido de que las manzanas de Annie le traen buena suerte, el Dandy urde un rocambolesco plan para convertirla en dama por un día.

En 1961 Frank Capra dirigió UN GÁNGSTER PARA UN MILAGRO (POCKETFUL OF MIRACLES), estupenda y exitosa comedia protagonizada por un magnífico Glenn Ford, una madura pero todavía espléndida Bette Davis y, sobre todo, un desternillante Peter Falk, en su papel más celebrado antes de encarnar al inimitable teniente Columbo. Sin embargo, la misma historia había sido llevada a la pantalla veintiocho años antes por el propio Capra, en una cinta hoy casi olvidada, pero que figura como una de las mejores de la primera etapa de la carrera del cineasta.

En su proyecto inmediatamente anterior, LA AMARGURA DEL GENERAL YEN (THE BITTER TEA OF GENERAL YEN, 1933), Capra había incursionado en el melodrama, pero los resultados no fueron los que él esperaba, ya que la cinta fracasó comercialmente, y a pesar de tratarse de una película excelente, ni siquiera fue nominada para los Oscars. Este fiasco determinó que el director regresara al género que mejor se le daba, y en el que ya había empezado a labrarse una buena reputación: la comedia.

Capra había adquirido los derechos cinematográficos de MADAME LA GIMP, un relato de Damon Runyon que deseaba llevar a la pantalla. Había pagado 1.500 dólares por la obra, una suma considerable para un ciudadano de a pie, y más en plena Gran Depresión, pero muy módica a la hora de comprar una historia para el cine. Tras la decepción representada por LA AMARGURA DEL GENERAL YEN, el cineasta confiaba en resarcirse con la nueva película que aspiraba a realizar en el seno de Columbia, Estudio con el que mantenía una relación especial, ya que el mismo había producido sus primeros éxitos.

Columbia era una compañía cinematográfica que había surgido de la CBC Film Sales Corporation, empresa fundada en 1919 por los hermanos Harry y Jack Cohn en asociación con Joseph Brandt. Nacida oficialmente el jueves 10 de enero de 1924, Columbia tenía a Brandt encargado de los asuntos jurídicos, a Jack Cohn al frente de los comerciales y a Harry Cohn de la producción de películas. Con la llegada del cine sonoro Brandt decidió dejar la compañía, vendiéndole sus acciones a Harry, que de este modo se hizo con el control del Estudio. Por decisión exclusiva de Harry Cohn, Columbia se centró en la producción de largometrajes y se mantuvo apartada del negocio de la exhibición; es decir, que nunca intentó controlar salas de cine, como sí hicieron sus competidoras. Debido en parte a esta razón, siempre se mantuvo un par de escalones por debajo de las compañías de mayor nivel, como Paramount, Fox o Metro. En cierto modo, Columbia venía a ser como la hermana pobre de los grandes Estudios. Por eso, si bien Harry Cohn se avino a producir DAMA POR UN DÍA, le dejó claro a Capra que de ninguna manera iba contar con el elenco protagonista que el director deseaba para su película, pues James Cagney y Marie Dressler tenían contratos exclusivos con Warner y Metro respectivamente. En la época era muy frecuente que las grandes productoras alquilaran a sus estrellas a otros Estudios, o que, en ocasiones, las intercambiasen momentáneamente. Pero como Columbia no tenía en nómina actores de renombre que usar como contrapartida, ni Jack Warner ni Louis B. Mayer se avinieron a prestar a Cagney y Dressler. Capra tuvo que hacer de tripas corazón y conformarse con Warren William y May Robson, actores no muy famosos que, sin embargo, realizaron unas interpretaciones memorables que dejaron muy satisfecho al realizador. Con los actores de reparto hubo más suerte, porque el gran Walter Connolly se prendó del personaje del conde Romero, tras leer una copia del guión que había conseguido, y se ofreció al director para el papel. A Connolly le atraía sobre todo la posibilidad de interpretar una de las mejores escenas de la cinta, la de la partida de billar entre Romero y el falso marido de Annie, el juez Blake. Y para darle mayor credibilidad al relato, Capra incluyó en el reparto a mendigos auténticos, entre ellos uno sin piernas apodado Shorty (Cortito), al que había conocido muchos años antes, cuando el cineasta era sólo un chaval que se ganaba la vida vendiendo periódicos por las calles neoyorkinas.

DAMA POR UN DÍA resarció con creces a Capra de su anterior fracaso, pues fue un enorme éxito de público y crítica. La cinta, muy poco conocida hoy día por haber sido eclipsada por la también excelente UN GÁNGSTER PARA UN MILAGRO, es un compendió de las muchas virtudes profesionales que adornaban a Frank Capra. Destaca, en especial, la concisión narrativa que le permite al director presentar, con inusitadas intensidad y fuerza, y en tan sólo 88 minutos, la misma historia que en el film de 1961 necesita 136 minutos para desarrollarse. Conviene observar, no obstante, que en la cinta de 1961 se incluyó una sub-trama que no existía en la de 1933: la del capo mafioso que permanece en la sombra durante buena parte del metraje, y que se revela al final como un individuo de corta estatura, que se pasea en batín y descalzo.

Si bien los protagonistas son, en principio, Annie Manzanas y Dave el Dandy, la cinta adquiere casi desde el comienzo un tono coral, explicitado ya en el arranque de la historia, con la presentación de Annie en una populosa calle neoyorkina, rodeada por los personajes más variopintos que imaginarse pueda. El mismo escenario y los mismos personajes le sirven a Capra para destacar la soledad de la mujer ante la desgracia que se le viene encima, cuando se desmaya tras leer la carta de su hija anunciándole su próxima llegada a la ciudad. Ese estilo coral de la cinta alcanza su cénit en la magistral escena de la transformación de Annie Manzanas en la distinguida señora Worthington Manville, que deja perplejos a Dave el Dandy y sus compinches. O en la secuencia en la que Annie, acompañada por Dave y su novia, Missouri Martin, dan la bienvenida en el puerto a Louise y sus acompañantes, mientras son nada discretamente rodeados por los matones de Dave, para evitar la aproximación de periodistas, policías o simples curiosos.

Siendo básicamente una comedia, el film también tiene, como toda obra de Capra, sus momentos intimistas y melancólicos, como los primeros planos de los harapientos vecinos de Annie escuchando el disco de música clásica que ella ha puesto; o la delicada forma en que Annie da la vuelta a la fotografía de su hija, cuando va a tomarse un lingotazo de la botella de ginebra barata. Pero sin duda el momento más emotivo de la cinta se produce casi al final, cuando, convencida de que la farsa está a punto de descubrirse, Annie decide decirles la verdad a su hija, al prometido de ésta y al conde Romero. Capra sigue a la veterana actriz con un travelling impresionante, que realza el suspense de la secuencia.

Frank Capra, sin ninguna duda uno de los mejores directores que han existido, carga con el sambenito de haber sido uno de los realizadores más blandos, más ñoños, del Hollywood clásico. Sus detractores, que hoy día son legión por desgracia, están empeñados en insultar su memoria, comparando sus magistrales obras con cualquier bodrio actual que tenga aunque sólo sea un ligero tufillo a buenos sentimientos. Para muchos indocumentados, sigue siendo el director complaciente con el sistema, que cantó loas en sus películas a la forma de vida americana. Sin embargo, sus cintas, especialmente las de los años 30, pueden definirse como profundamente rooseveltianas y nada maniqueas. Aunque se trataba en su mayoría de fabulas morales con final feliz, también ofrecían una lúcida mirada, a veces crítica, en ocasiones irónica, sobre la riqueza y los que la poseen, y, en general, exaltaban al americano medio, al hombre de a pie con unos principios sencillos pero honestos. Algunos críticos le han tachado de fabulador impenitente, achacándole un gran distanciamiento de la realidad. Pero quienes así opinan olvidan que Capra nunca pretendió reflejar la realidad como era, sino como él creía que debería ser. Por eso sus films siempre terminaban bien, dejando una puerta abierta a la esperanza. DAMA POR UN DÍA no es una excepción en este sentido, por lo que se trata de una de las cintas más profundamente caprianas que existen.

El viernes 16 de marzo de 1934 se celebró la sexta entrega de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywod. La ceremonia tuvo lugar en el Ambassador Hotel de Los Ángeles y fue conducida por el popularísimo actor Will Rogers. DAMA POR UN DÍA fue nominada para los Oscars a la mejor película, dirección, actriz protagonista (May Robson) y guión (Robert Riskin), pero no obtuvo ninguno de ellos. El galardón a la mejor película se lo llevó CABALGATA (CAVALCATE, Frank Lloyd), que también se hizo con el premio al mejor director. May Robson fue batida como mejor actriz por la sin par Katharine Hepburn de GLORIA DE UN DÍA (MORNING GLORY, Lowell Sherman). En cuanto al Oscar al mejor guión, fue para Victor Herman y Sarah Y. Mason por LAS CUATRO HERMANITAS (LITTLE WOMEN, George Cukor).

La noche de la entrega de premios, Capra protagonizó una triste anécdota que ha pasado a los anales del cine. La ceremonia estaba presentada por su buen amigo Will Rogers, y a la hora de desvelar a quién le había correspondido el Oscar a la mejor dirección, el veterano actor dijo: ...y el mejor director del año es... el sobre, por favor... (Se echó a reír tras abrirlo). ¡Bien, bien, bien! He observado a este joven durante largo tiempo... Lo he visto subir desde el fondo, y quiero decir desde el fondo. No podría haber una persona más adecuada. ¡Sube a recogerlo, Frank! Llegados a este punto, Capra se puso en pie... sólo para ver cómo el foco iluminaba al verdadero ganador, Frank Lloyd. Para el artífice de DAMA POR UN DÍA fue una pequeña humillación, muy comentada por la prensa de la época. Por suerte, en la siguiente edición de los Oscars obtendría, por fin, su ansiada estatuilla al mejor director gracias a su extraordinaria labor en SUCEDIÓ UNA NOCHE (IT HAPPENED ONE NIGHT, 1934), cinta cuyo rodaje representó un enorme esfuerzo personal para él, ya que estuvo sometido a muchísimas tensiones.

DAMA POR UN DÍA es un film maravilloso. Su más conocido remake en color y pantalla panorámica, constantemente emitido por televisión, es mucho más popular, pero en algunos aspectos esta versión de 1933 es incluso mejor. En todo caso, se trata de una destacada obra de la primera etapa como director de Frank Capra, y una de sus películas más logradas... e injustamente olvidadas. Un título que exige una revisión por parte de todo buen cinéfilo.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.787 palabras) Créditos