SOLDADO DE FORTUNA
SOLDADO DE FORTUNA EE. UU., 1998
Título original: Legionnaire
Dirección: Peter McDonald
Guión: Sheldon Lettich, Rebecca Morrison y Jean-Claude Van Damme
Producción: Edward Pressman Films/Long Road Production/Quadra Entertainment
Música: John Altman
Fotografía: Douglas Milsome
Duración: 99 min.
IMDb:
Reparto: Jean-Claude Van Damme (Alain Lefevre/Alain Duchamp); Adewale Akinnuoye-Agbaje (Luther); Steven Berkoff (Sargento Steinkampf); Nicholas Farrell (McKintosh); Jim Carter (Lucien Galgani); Ana Sofrenovic (Katrina); Daniel Caltagirone (Guido Rosetti); Joseph Long (Maxim); Mario Kalli (René Galgani); Joe Montana (Julot); Kim Romer (Capitán Rousselot); Anders Peter Bro (Teniente Chathier); Paul Kynman (Rolf Bruner); Vincent Pickering (Viktor); Takis Triggelis (Cabo Metz); Kamel Krifa (Abd el-Krim)

Sinopsis

Marsella, Francia, durante los años 20. Alain, un boxeador, desafía a la Mafia local al intentar arrancar a su amante de las manos de un peligroso gánster. Para esquivar a los hombres del criminal, el boxeador se alista en la Legión Extranjera, siendo enviado a Marruecos. Pero el jefe mafioso descubre dónde está y envía dos sicarios, que también se alistan en la Legión, y cuya misión es encontrarle y matarle.

Jean-Claude Van Damme no es un actor con muchos registros, pero en el cine de acción se desenvuelve muy bien. Sus películas son simples aventuras de tiroteos y artes marciales, cine de consumo, de ver y olvidar, cuya única ambición es la de ofrecer al respetable una hora y media de divertimento intrascendente. Sin embargo, incluso en una filmografía tan poco destacada como la suya pueden encontrarse perlas dignas de ser recuperadas, cintas que, como TIMECOP: POLICÍA EN EL TIEMPO (TIMECOP, Peter Hyams, 1994) o SIN ESCAPE: GANAR O MORIR (NOWHERE TO RUN, Robert Harmon, 1993), resultan bastante dignas.

SOLDADO DE FORTUNA puede sumarse a las antes citadas, porque esta sencilla película recupera, al menos en parte, el aliento clásico de aquellas épicas cintas de aventuras con que nos obsequió el Hollywood de antaño. Deudor de títulos imperecederos como la genial BEAU GESTE (Ídem, William A. Wellman, 1939), el film de McDonald­, obviamente, pica a un nivel muy inferior, pero manteniendo cierta calidad.

La película se aleja un tanto del estilo característico del cine de testosterona cultivado por Van Damme. Jean-Claude sigue encarnando a un héroe de acción pero con una concepción clásica, y aunque su personaje sea el de un boxeador, no hay lugar para combates estilizados en la mejor tradición karateca, porque, sencillamente, en la época en que transcurre la acción las artes marciales orientales no eran muy conocidas en occidente.

La descripción de la vida en un remoto acuartelamiento de la Legión Extranjera es modélica, entroncando así con cintas como LA LEGIÓN DEL DESIERTO (DESERT LEGION, Joseph Pevney, 1953). McDonald­ logra transmitir al espectador toda la crudeza de la rutina diaria de los legionarios, la fisicidad de la vida de unos hombres que, como el protagonista, se han enrolado huyendo de algo, en ocasiones dando nombres falsos, y que muchas veces acabaron encontrando en ese cuerpo de élite un refugio a la par que un hogar. Alain se alista en la Legión para huir de un gánster, establece fuertes vínculos con algunos de sus compañeros de armas, e incluso se gana la amistad de uno de los dos sicarios que el mafioso ha enviado a eliminarle.

Entre el plantel de buenos actores que le dan la réplica a Van Damme destaca Steven Berkoff. Eterno villano que ha paseado su calva por numerosas producciones, Berkoff interpreta aquí al sargento Steinkampf, digno heredero del memorable Markoff interpretado por el gran Brian Donlevy en la ya mencionada BEAU GESTE.

Por lo demás, la acción es trepidante, con escenas de batalla muy bien filmadas por McDonald­, que resultan a un tiempo crudas, sobrias y creíbles, estando muy alejadas de la violencia paroxística, tan espectacular como irreal, a que nos tiene acostumbrados el un tanto desnortado Hollywood actual.

Lo único que, a título personal, no me convenció en modo alguno, es la imagen que se ofrece de Abd el-Krim como un digno líder anticolonialista. Abd el-Krim (1882/83? -1963) se erigió en cabecilla de la insurrección rifeña contra españoles y franceses, pero su comportamiento personal y el de sus tropas tuvo muy poco de digno o heroico. Fomentó entre sus hombres la brutalidad más despiadada, el salvajismo más miserable, y a pesar de ser un hombre bastante bien formado intelectualmente, consintió todo tipo de atrocidades, sobre todo contra los españoles, a los que parecía odiar más que a los franceses. Durante el llamado Desastre de Annual, causado por la marcada incompetencia de sus mandos, con el estulto general Silvestre a la cabeza, la horda de salvajes acaudillada por Abd el-Krim se cebó con las desmoralizadas tropas españolas, que se batían en retirada. Hubo 10.000 muertos por lo menos, y cientos de ellos fueron castrados o decapitados, o ambas cosas. Como es obvio, la reacción de las potencias coloniales no se hizo esperar, y Francia y España se aliaron para combatir a esa bestia. Abd el-Krim fue derrotado, y prefirió entregarse a los franceses, que le ofrecieron un cómodo encarcelamiento en la isla de La Reunión, antes que caer en manos de España, que le habría echo pagar muy caras, puede que incluso con la vida, sus innumerables felonías. Este siniestro personaje, considerado por algunos indocumentados como un estadista, fue muy admirado por Ho Chi Minh, Mao Zedong (tirano comunista cuyas políticas llevaron a decenas de millones de chinos a la muerte por inanición) y Ernesto Che Guevara, aquel iluminado argentino que soñaba con el estallido de mil guerras como la de Vietnam. Con esto está todo dicho. Por tanto, la imagen digna y heroica de Abd el-Krim que se da en la película es absolutamente falsa, y la única explicación para ello es que el film se rodó en Marruecos y los productores no quisieron líos con las autoridades locales. SOLDADO DE FORTUNA finaliza con Abd el-Krim perdonándole la vida al legionario interpretado por Van Damme. En la realidad, Alain habría tenido una muerte lenta y muy dolorosa a manos de los rifeños. Pero claro, un final semejante habría sido políticamente incorrecto.

Digresiones históricas aparte, la cinta es más que aceptable y funciona estupendamente como película de aventuras, siendo uno de los trabajos más decentes de Jean-Claude Van Damme.

© Antonio Quintana Carrandi,
(871 palabras) Créditos