AMERICAN SOLDIERS: UN DÍA EN IRAK
AMERICAN SOLDIERS: UN DÍA EN IRAK Canadá, 2004
Título original: American Soldiers: A Day In Iraq
Dirección: Sidney J. Furie
Guión: Greg Mellot
Producción: Sidney J. Furie/Curtis J. Petersen para Peace Arch Films
Música: Varouje
Fotografía: Curtis J. Petersen
Duración: 103 min.
IMDb:
Reparto: Curtis Morgan (Jackson); Zan Calabretta (Delvecchio); Ben Gilbank (Aikens); Jordan Brown (Cohen); Eddie Della Siepe (Peña); Paul Sturino (Dowdy); Shaun Garrett (Stalker); Brett Ryan (Romeo); Philippe Buckland (Carver); Michael Bellisario (Johnson); Vince Salonia (teniente Ahmed); Jim Gilbert (Banning); Jason Matheson (Diggs); Alastair Love (Wilkes); Josh Campbell (Kelly); Jesse Hughes (Cooper); Danny Kharazmi (insurgente); Rashid Al-Switi (policía traidor); Omar Balika (líder fedayeen); Sergio de la Rocha (torturador de la CIA)

Sinopsis

Durante la guerra de Irak, una patrulla estadounidense cae en una emboscada y queda atrapada tras las líneas enemigas. Durante una terrible jornada, los soldados americanos tratarán de sobrevivir, enfrentándose al acoso de los insurgentes, perfectos conocedores del terreno y extremadamente violentos.

Lo mejor de AMERICAN SOLDIERS es que, a pesar de tratarse de un film bélico, no recurre a los tópicos habituales en este género. Tampoco es, por suerte para el espectador medianamente formado, una cinta antibélica al uso, pergeñada para complacer a los adoradores de la perniciosa corrección política, dominante, por desgracia, en la sociedad occidental. Hay en ella abundantes críticas sobre la actuación estadounidense en Irak, pero en ningún momento se presenta a los soldados yanquis que lucharon en esta guerra como violentos mercenarios asesinos, como han sido descritos en demasiadas ocasiones por la izquierda europea, siempre dispuesta a demonizar los actos de Estados Unidos y a ensalzar los delirios bolivarianos, la dictadura castrista, las teocracias islamistas, a la China que ha institucionalizado, combinándolos, los peores aspectos del comunismo y el capitalismo más salvaje, y al régimen totalitario y criminal de Corea del Norte, que amenaza la paz mundial.

AMERICAN SOLDIERS pretende erigirse, y éste es su mayor mérito, en un crudo retrato de la realidad del Irak de después de la invasión americana y el derrocamiento del régimen de terror e infamia impuesto por Saddam Hussein. Y lo hace a través de la descripción de una jornada normal que afrontan los miembros de una patrulla norteamericana, en un país devastado por la guerra, que se ha convertido en un foco de violencia yihadista. Estamos ante un film coral, donde el protagonismo recae en un grupo de hombres, profesionales de las armas, que en realidad desearían estar muy lejos de allí. Estos hombres comprenden y valoran la misión que están cumpliendo, aunque en ocasiones se cuestionen algunos puntos de la intervención estadounidense, como cuando, llevados por los impulsos más nobles que puedan empujar a un ser humano, se enfrentan abiertamente con un agente de la CIA y sus sicarios.

La interpretación más terriblemente conmovedora de la película es la de Vince Salonia, que encarna al teniente Ahmed, el noble policía iraquí que socorre a los norteamericanos. Este personaje representa a los iraquíes sensatos, que no entienden de política, pero que quieren evitar que a la espantosa dictadura de Hussein la suceda una tiranía teocrática, mil veces peor. Ahmed es la personificación del Islam moderado, un hombre que, sin renunciar a sus creencias, comprende que, pese a todo lo que se pueda alegar en contra, aquellos soldados estadounidenses están allí para ayudarles.

AMERICAN SOLDIERS, más que criticar la invasión en sí, lo que critica es la forma en que se llevó a cabo, y lo hace a través de las conversaciones entre los protagonistas. Algo que, por otra parte y a la vista de lo sucedido a lo largo de más de una década, se han estado cuestionando incluso los partidarios de la intervención militar contra Hussein.

Como cinta de acción, es modélica, con unas escenas de combates bien planificadas y muy realistas, en las que no hay lugar para la habitual complacencia cinematográfica. Los tiroteos son mostrados con una crudeza inaudita, huyendo de cualquier glorificación de la violencia y presentándolos en todo su espantoso dramatismo. La película de Sidney J. Fury, con un presupuesto notablemente inferior al de SALVAR AL SOLDADO RYAN, ofrece una descripción tan descarnada de la contienda iraquí como la cinta del Rey Midas de Hollywood de la II Guerra Mundial, y merece ocupar un puesto destacado entre las que con mayor verismo han retratado el horror que acompaña a cualquier conflicto armado. Es, sin duda, un film muy estimable, cuyo visionado recomiendo encarecidamente tanto a los aficionados al cine bélico, como a aquellos que gustan de las películas que digan algo.

© Antonio Quintana Carrandi, (638 palabras) Créditos