LAS SOCORRISTAS DE GIJÓN Y LAS RADICALES
por Antonio Quintana Carrandi

Existe una clase de gente especializada en provocar polémica con las excusas más peregrinas. Profesionales de lo que se ha dado en llamar AgitPro (Agitación y Propaganda), aprovechan cualquier cosa para revolver. Cuando no es el callejero franquista de una ciudad, es la defensa de los animales, la masificación turística, la laicidad idiota u otras zarandajas por el estilo. El caso es agitar la calle y las redes sociales lo más posible. Luego, a las excusas citadas o a otras muchas se les da la vuelta, se las retuerce todo lo que haga falta, para encontrarles una intencionalidad política que, ¡oh, casualidad! siempre coincide con lo defendido por cierta formación de nuevo cuño, aunque las ideas que postula ya tengan más años que la boina de Viriato, y hayan causado hambrunas, miserias y mortandades sin cuento desde principios del siglo XX hasta la fecha.

Ahora les ha tocado el turno a las socorristas de Gijón y a su atuendo. Los que van por la vida de defensores de las libertades se muestran indignados con los bañadores de esas chicas, y abogan por que desarrollen sus funciones laborales con el casto pantalón corto que, al parecer, forma parte de su uniforme. Según parece, la exigua parte inferior del bañador, que deja al aire las nalgas, ha provocado comentarios machistas y de mal gusto en las redes sociales, lo que ha irritado a ciertas personas que, no se sabe muy bien con qué derecho, se han arrogado la defensa a ultranza de la dignidad femenina. Estos personajillos y personajillas, que se muestran ofendidos en grado superlativo por los tuits sobre el tema, son los mismos que, no hace demasiado tiempo, defendían las salvajadas vertidas en la red por cierto concejalillo madrileño, y más recientemente las burradas tuiteadas por una prójima de similar pelaje. Pero, claro; esos eran de los suyos.

Con todo, lo preocupante no es que progres y feminazas hayan conseguido, una vez más, levantar polvareda en torno a un detalle sin importancia, sino el nivel de acomplejamiento que sufre gran parte de la sociedad española, al que no es ajena la política. Porque en vez de plantarles cara a estos deleznables elementos, las autoridades pertinentes han aconsejado a las socorristas gijonesas que realicen sus labores con el pantalón del uniforme. Esto revela, por si nos quedaba alguna duda al respecto, el grado de pusilanimidad de ciertos individuos con mando en plaza, por decirlo de alguna forma, que parecen tenerles miedo a según qué clase de sujetos. Han cedido ante el chantaje de las feminatas radicales and company, sentando un peligroso precedente de consecuencias impredecibles. Porque, si el pantalón corto es demasiado ídem, las chicas mostrarán con generosidad sus remos, y si a un salido descerebrado le da por comentar algo en Twiter, tendremos otra vez a las feministas extremistas y a sus compinches liándola parda. Y no quiero ni pensar en lo que harán si el short es demasiado ajustado. Por suerte, el concejal Esteban Aparicio ha salido en defensa de estas trabajadoras y ha criticado la desmedida relevancia que se ha dado a este asunto. Algo es algo. Al menos hay un servidor público que ha reaccionado consecuentemente, aunque sus declaraciones al respecto pequen de tibieza.

Sin embargo, casos como el que nos ocupa sirven para exhibir públicamente la verdadera naturaleza de los principios supuestamente defendidos por esta gentecilla, que se llena la boca con la palabra libertad, pero que pretende imponer como sea su postura. Claro que, ¿qué se puede esperar de los que, por ejemplo, aquí defienden la homosexualidad, pero mantienen estrechísimos lazos con ciertas teocracias islamistas, donde a los de la acera de enfrente los ahorcan de una grúa en las ciudades, y en el campo los despeñan por un barranco? Por no hablar de los derechos de las mujeres en esos países, notablemente inferiores a los de los burros.

No nos llamemos a engaño: estos son los que han revuelto todo el asunto de la indumentaria de las socorristas. Por suerte, la inmensa mayoría de la gente, que ya empieza a estar hasta el moño de las estúpidas causitas esgrimidas por los agitadores profesionales, ha reaccionado con buen sentido y mejor humor, quitándole importancia a algo que, de todas maneras, prácticamente no lo tiene.

El bañador de las socorristas de Gijón quizá sea un poco atrevido, pero tanto las mujeres españolas como las extranjeras lucen atavíos playeros incluso más reveladores, sin que por ello nadie se rasgue las vestiduras. En cuanto a los supuestos comentarios machistas en Twiter, no van a desaparecer porque se varíe la vestimenta de esas chicas. Siempre habrá sinvergüenzas que encuentren provocativa a una mujer aunque se vista con sayas negras, que la cubran de los pies a la cabeza, o con un burka. Pero en ese caso, como dice un viejo dicho asturiano, y lo transcribo tal cual:No hay mayor despreciu que no hacer apreciu.

© Antonio Quintana Carrandi, (816 palabras) Créditos