LO QUE PULULA POR TWITER
por Antonio Quintana Carrandi

Twiter se ha convertido en el estercolero de la red, en el sustituto ideal de las barras de los chigres (en Asturias tascas, tabernas), en el medio perfecto para despotricar a diestro y siniestro sin ningún tipo de cortapisas, y en el paradigma de la zona sin ley en Internet.

Para ser justos, hay una gran mayoría de personas, millones de ellas, que utilizan Twiter con fines honestos, como un medio de comunicación más. Pero por desgracia, también abundan los descerebrados que emplean esta red social como vehículo para dar a conocer sus delirantes pareceres. Antes de la eclosión de Internet y las redes sociales, la única forma de hacer públicas tus opiniones era a través de la radio, la televisión y sobre todo la prensa escrita, por medio de sus secciones de cartas al director. En estos medios no había lugar para el insulto o la grosería, porque tenían una imagen pública por la que velar, aparte de la línea editorial que cada uno tuviera, y se negaban a difundir según qué cosas. Pero con la llegada de Twiter, cualquier analfabeto funcional puede colgar por ahí cualquier parida, que pueden leer millones de personas. Que los tontos de capirote puedan expresarse a través de la red no me preocupa demasiado, y ni siquiera me parece mal, pues al fin y al cabo también pueden votar. Todo el mundo tiene derecho a soltar una tontería de vez en cuando, o una ristra de ellas, si me apuran. Pero la cosa cambia cuando, en vez de lanzar chorradas más o menos graciosillas, se insulta o se incita al odio. Y eso es, desgraciadamente, lo que está ocurriendo en Twiter desde hace ya demasiado tiempo.

Viene esto a cuento de la polémica que ha levantado la condena judicial, de hace unos días, contra una tuitera que, según todos los indicios, realizó apología del terrorismo, e incluso deseó la muerte a ciertas personas. La justa sentencia contra semejante descerebrada ha movilizado a determinada clase de gente, que lo ve como un ataque a la libertad de expresión y alegan que, en todo caso, lo que hizo esa señorita es simplemente humor negro. Otro tanto se alegó cuando, cierto concejalillo de la capital de España, tuiteó una especie de chiste (llamémosle así aunque maldita la gracia que tuvo), sobre cómo se podrían meter X judíos en el cenicero de un coche. En Alemania, siempre utilizada como ejemplo de democracia avanzada y consolidada, en la que se respetan al máximo las libertades ciudadanas, semejante gracieta le habría supuesto una larga condena en prisión porque, ni siquiera recurriendo a esa estupidez del humor negro, habría podido escaquearse de su responsabilidad por burlarse del Holocausto, que costó la vida a seis millones de personas. Pero ese pernicioso relativismo moral, en el que está enfangada desde hace tiempo la sociedad española, facilita extraordinariamente comportamientos como el de ese individuo, al que la bromita le salió prácticamente gratis.

Por otra parte, la tuitera en cuestión recurrió a la figura de Carrero Blanco para así presentarse como antifascista, olvidando que nadie se parece tantísimo a un fascista como un antifascista. La mención al entonces presidente del gobierno de la dictadura habrá hecho sonreír a mucho estúpido. Pero no hay que olvidar que el mismo asesino que detonó la carga explosiva que mató a Carrero, puso poco después otra bomba en una cafetería madrileña, ocasionando la muerte de una pareja de recién casados que no sólo no tenían nada que ver con Franco, el franquismo o los supuestos problemas del País Vasco, sino que, seguramente, no simpatizaban en absoluto con el régimen, como millones de españoles de la época. Con todo, lo más grave, a mi juicio, es que tal individua pretenda ser docente, y la posibilidad de que alguien así pueda llegar a ejercer el profesorado hace que una corriente helada recorra mi espalda.

Los tuits de esa prójima la retratan perfectamente, como se han retratado también tanto los que se han erigido en sus defensores, como aquellos que, sin tratar de excusar su actitud, intentan minimizarla, restarle importancia a algo muy grave. Esta tuitera es deleznable como persona, lo mismo que esos otros que utilizan Twiter para expandir sus mensajes xenófobos y racistas, y en nada se diferencia de ellos.

La red es muy difícil de controlar, pero puede y debe ponerse coto a ciertos comportamientos en la misma. Creo que lo que debería hacerse con personajillos como la tuitera de marras es aplicarles una sanción económica, proporcionada al delito cometido pero lo bastante elevada para que, llegado el caso, los que usan Twiter para vomitar el odio y la irracionalidad que llevan dentro, se lo piensen dos veces antes de colgar según qué comentarios. Lo mismo se hizo en el País Vasco con los simpáticos de la Kale Borroka, y en cuanto se corrió la voz de que los actos vandálicos se castigaban con elevadas multas, se acabó aquel cachondeo.

Internet ha cambiado nuestras vidas en muchos aspectos, y en líneas generales creo que ha sido para mejor. A pesar de ello, pululan por la red demasiados personajes y personajillos abyectos, y abrigo el convencimiento de que debe ser la empresa propietaria de Twiter la que tome cartas en el asunto, impidiendo, de alguna manera, que esa legión de descerebrados rezumantes de odio puedan utilizar las redes para expandir sus siniestros mensajes.

Un buen ejemplo de las cosas bien hechas en Internet puede ser este Sitio, cuyo coordinador respeta al máximo la libertad de expresión dentro de unos límites razonables, permitiendo que autores cuyas opiniones a veces no comparte las expresen libremente. Al mismo tiempo, ejerce, llevado por sus principios y su sentido de la responsabilidad, de sensato censor que cuida de que no aparezcan aquí ni ataques personales contra nadie, ni expresiones soeces. Ojalá el ejemplo de este Sitio cunda en Internet, y en la red futura predominen los contenidos de calidad, la honestidad y el respeto.

© Antonio Quintana Carrandi, (991 palabras) Créditos