Sinopsis
Catherine Sloper, una muchacha poco agraciada, está harta de que su padre la compare con su hermosa y fallecida madre. La llegada a Nueva York del atractivo Morris Townsend, que parece interesarse por ella, reaviva en Catherine las esperanzas de encontrar el amor. El joven la corteja y hasta llega a proponerle matrimonio, cosa que no agrada al doctor Sloper, que piensa que Morris es un cazadotes. Catherine está dispuesta a pasar por encima de su padre, y planea fugarse con su amado. Pero éste, al descubrir que quizá el doctor Sloper, resentido, desherede a la joven, la abandona. Pasa el tiempo y Austin Sloper fallece, dejándole a Catherine toda su fortuna. Entonces reaparece Morris, con la intención de reanudar sus relaciones con Catherine y llevarla al altar. Pero la muchacha, que le guarda gran rencor, decide vengarse de él.

William Wyler fue el director que mejores resultados obtuvo a la hora de adaptar clásicos literarios al cine. LA HEREDERA es, sin ninguna duda, la mejor traslación a la pantalla de una novela de Henry James, autor cuyas obras originaron películas memorables. WASHINGTON SQUARE, en el que se basa el celebérrimo film de Wyler, es su libro más logrado, quizás porque se inspiraba en un hecho real.
El origen de WASHINGTON SQUARE
En 1879, la actriz Frances Anne Kemble, buena amiga de James, mantuvo una conversación con el famoso autor, durante el transcurso de la cual le contó una historia en la que, al parecer, estaba involucrado su propio hermano. Éste, según Frances, se había declarado a una hermosa muchacha, hija de uno de los profesores más destacados del King´s College de Cambridge, un hombre poseedor de una respetable fortuna. El profesor caló enseguida a Kemble, etiquetándolo como un vulgar cazadotes, sólo interesado en casarse con una chica rica para darse la gran vida sin pegar golpe. El problema es que la muchacha estaba profundamente enamorada de él. El profesor intentó hacerle ver a su hija la clase de individuo que era ese hombre, pero ella, profundamente fascinada, no quiso atender a razones, por lo que su padre amenazó con desheredarla si no le obedecía. La muchacha planeó fugarse con su amante, pero cometió el error de hablarle a éste de la amenaza de su padre, y Kemple la abandonó. Tiempo después, cuando el profesor murió, Kemple regresó convencido de que podría reanudar sus relaciones con la joven, pero ésta, profundamente amargada, decidió vengarse del pretendiente que la había abandonado y lo hizo de forma similar a como se ve en la película.
Suele decirse que la realidad supera a la ficción, y James quedó vivamente impresionado por el relato de Frances, quien admitió que, pese a querer muchísimo a su hermano, sabía que no era un hombre honorable y consideraba que había recibido su justo castigo. James anotó todos los detalles de la historia en su diario. El potencial literario de un relato semejante era considerable, y el novelista no lo dejó pasar. Su imaginación de escritor había sido espoleada notablemente por lo narrado por Frances Anne Kemple, y en apenas unos meses dio a la imprenta WASHINGTON SQUARE. La novela estaba inspirada en la historia real del hermano de Frances, aunque, obviamente, no pocos detalles y los nombres de los protagonistas habían sido cambiados. El libro cosechó un éxito inmediato y fue reeditado en varias ocasiones.
WASHINGTON SQUARE en los escenarios
La novela de James se convirtió en uno de los grandes clásicos de las letras estadounidenses, pero habría de transcurrir algo más de medio siglo para que fuese llevada a los escenarios teatrales. Esto ocurrió en 1946, cuando Augustus y Ruth Goetz adquirieron los derechos de la novela para adaptarla a la escena. Tras barajar las posibilidades de estrenarla con su título original o como LA HIJA DEL DOCTOR, los dramaturgos optaron por el de LA HEREDERA. La producción fue estrenada el jueves 23 de enero de 1947 en New Haven, Connecticut, obteniendo desde la primera representación un éxito apoteósico. El Shubert Theatre se llenó hasta la bandera, y las críticas publicadas en la prensa fueron muy positivas. El reparto estaba formado por Barbara Leeds como Catherine, Peter Cookson como Morris, John Halliday como el doctor Sloper y Louise Prussing como Lavinia. Las críticas fueron especialmente elogiosas para Halliday. Por desgracia, el veterano actor teatral padecía una gravísima enfermedad, que obligó a poner punto y final a las representaciones apenas diez días después del estreno, el sábado 1 de febrero. Halliday se retiró a su casa de Hawaii, donde su vida se fue apagando poco a poco. Murió nueve meses más tarde, en octubre de 1947.
El que Halliday tuviese que abandonar la obra representaba un serio revés para los Goetz. A pesar de todo, estaban dispuestos a reestrenarla con otro actor supliendo al moribundo Halliday, pero decidieron tomarse un tiempo para pulir aún más el libreto. Por fin, el lunes 29 de septiembre de 1947 LA HEREDERA regresó a los escenarios, esta vez en el Biltmore Theatre de New York. El papel de Catherine recayó en Wendy Hiller, repitiendo Peter Cookson como Morris Townsend. El gran Basil Rathbone, el mejor Sherlock Holmes de la historia del cine, asumió el rol del doctor Austin Sloper, mientras que Patricia Collinge dio vida a Lavinia Penniman. LA HEREDERA alcanzó las 410 representaciones, todas ellas bajo la batuta de Jed Harris, uno de los mejores directores teatrales del momento.
Como ocurría con todos los grandes éxitos estrenados en New York, LA HEREDERA dio el salto a Londres, estrenándose en la capital de la niebla el martes 1 de febrero de 1949, nada menos que bajo la dirección de sir John Gielgud. El papel de Catherine iba a ser interpretado por Peggy Ashcroft, pero fue sustituida a última hora por Wendy Hiller, presumiblemente por expreso deseo de Gielgud. James Donald compuso un Morris muy acertado, y Ralph Richardson fue el doctor Sloper. En cuanto a Lavinia, la encarnó Gillian Lind. Esta versión británica de LA HEREDERA se ganó los plácemes de público y crítica, siendo considerada por algunos especialistas como muy superior a la estrenada en USA. Posteriormente, la obra de los Goetz conocería diversas adaptaciones teatrales. Pero ninguna de ellas está a la misma altura que la magnífica adaptación cinematográfica de William Wyler.
La plasmación cinematográfica de una obra maestra
Con LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA (THE BEST YEARS OF OUR LIVES, 1946) Wyler había alcanzado la cumbre de la fama, pues el film sobre el regreso al hogar y los problemas de tres veteranos de guerra fue uno de los más taquilleros estrenados en la década de los 40. El siguiente proyecto de Wyler era CARRIE, y ya tenía muy avanzada la preparación de ésta película cuando le llegó, a través de Olivia de Havilland, la historia de LA HEREDERA. El director se prendó de inmediato de la obra, y decidió concentrarse en su adaptación a la pantalla, relevando a un segundo plano CARRIE, que finalmente dirigiría en 1952.
Wyler, entonces en el seno de la Paramount, había querido dirigir ALMAS EN LA HOGUERA, pero la productora prefirió a Henry King. Por suerte, los gerifaltes de Paramount no pusieron ningún impedimento a que se encargara de llevar a la pantalla LA HEREDERA. Will recabó la colaboración de su hermano Robert y de Lester Koenig, que por aquel entonces eran productores asociados en su compañía, la Liberty Films. Con el refuerzo de estos dos grandes profesionales, Wyler se dispuso a trasladar a la gran pantalla el libro de James. No obstante, dado que la adaptación teatral había cosechado un tremendo éxito, el director optó por utilizar tanto elementos de la novela como de la magnífica obra de los Goetz, a los que encargó el guión de la película, que supervisó hasta en sus detalles más nimios.
La cuestión del reparto estaba clara para Wyler. Quería a Montgomery Clift para el papel de Morris y a Ralph Richardson para el del doctor Sloper, pues tenía muy presentes las buenas críticas que el actor británico había recibido por su trabajo en la versión teatral inglesa de la obra. El caso de Clift es muy curioso, pues aunque sólo había trabajado en dos películas — LOS ÁNGELES PERDIDOS (THE SEARCH, Fred Zinnemann, 1948) y RÍO ROJO (RED RIVER, Howard Hawks, 1948) —, ya era una estrella y percibió por su trabajo la suma de 100.000 dólares, una cantidad muy elevada para la época. Las dos cintas mencionadas fueron muy taquilleras, y cuando LA HEREDERA se convirtió también en un gran éxito, la Paramount se apresuró a ofrecerle al actor un sustancioso contrato. Clift demostró ser un buen hombre de negocios, aparte de un magnífico intérprete. Impuso tres condiciones a la Paramount: que las películas en las que trabajara fueran dirigidas por George Stevens, Billy Wilder o Norman Krasna; que tendría derecho a aprobar los guiones de los films que protagonizara (algo muy inusual entonces), y por último, que podría trabajar, si así lo estimaba, con otros Estudios. Eran unas exigencias insólitas para la época, máxime si se considera que Clift sólo tenía tres títulos a sus espaldas. Pero alguien en las altas esferas de la Paramount tenía plena confianza en el actor, y sus condiciones fueron aceptadas.
Paramount pretendía darle el papel estelar a Wendy Hiller, puesto que esta actriz había alcanzado gran renombre con su creación de Catherine Sloper en el teatro. Wyler, aunque reconocía y valoraba el buen trabajo de Hiller en la versión teatral, no la veía como la Catherine Sloper cinematográfica, entre otras cosas porque, según su criterio, era muy delgada. El director consiguió convencer a la Paramount para que le diesen el papel a Olivia de Havilland, que además de una portentosa actriz, era la persona que le había hablado de la estupenda obra de teatro. Como la de Havilland era, desde hacía una década y gracias a LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (GONE WITH THE WIND, Victor Fleming, 1939), una intérprete muy valorada, los mandamases del Estudio no pusieron ninguna objeción, y así la hermana de Joan Fontaine se hizo con uno de los mejores papeles de toda su carrera.
El rodaje se realizó íntegramente en los Estudios Paramount y duró 70 días. Wyler, siguiendo su método habitual de trabajo, rodó las mismas escenas docenas de veces y con distintos ángulos de cámara, hasta quedar plenamente satisfecho. Los actores se sometieron con resignación al suplicio que para ellos representaba el repetir una y otra vez las mismas escenas, y Montgomery Clift perdió los nervios en un par de ocasiones. Para Olivia de Havilland, que siempre consideró LA HEREDERA como uno de sus trabajos preferidos, la secuencia en la que Catherine sube las escaleras cargada con una maleta, tras comprender que Morris la ha abandonado, fue una auténtica tortura. En su afán perfeccionista, Wyler la obligó a repetir la escena decenas de veces. La expresión de Olivia no acababa de convencerle, y en última instancia concluyó que la maleta vacía no contribuía en absoluto a realzar aquel pasaje del film, que consideraba de vital importancia para la perfecta comprensión del relato, pues debía ilustrar la profunda amargura que sentía Catherine al comprender que su amado se había burlado de ella. En consecuencia, Wyler se dispuso a rodar una toma más, pero antes ordenó que la maleta fuese llenada de periódicos y revistas. Se filmó la escena de nuevo, y esta vez quedó perfecta, pues el rostro de la actriz trasluce una mezcla de amargura y fastidio, a las que Olivia reconocería más tarde que no eran ajenas ni las tropecientas veces que tuvo que repetir las tomas, ni el considerable peso de la maleta.
LA HEREDERA se estrenó el miércoles 7 de septiembre de 1949 en el Grauman´s Chinese Theatre de Hollywood. Inmediatamente después Wyler realizó una gira por varias ciudades americanas para promocionar la película, hablando sobre ella en diversas universidades. Esto coincidió en el tiempo con el fallecimiento de su hijo, Billy, que murió a consecuencia de la deshidratación que le produjo un tratamiento para la poliomielitis que padecía. Fue un golpe tremendo para Wyler, que pospuso nuevamente el rodaje de CARRIE y decidió emprender viaje por Europa junto con su esposa e hija. Cuando regresó de este viaje, ya más tranquilo, reanudó su trabajo dirigiendo uno de los más grandes clásicos del cine negro, BRIGADA 21 (DETECTIVE STORY, 1951).
LA HEREDERA se estrenó en España en las Navidades de 1951. El lunes 24 de diciembre se proyectó por primera vez en la sala Coliseum de Barcelona, y al día siguiente en el cine Capitol de Madrid. En ambas ocasiones se agotaron las localidades.
LA HEREDERA en los Oscars
El jueves 23 de marzo de 1950 se celebró la vigésimo segunda entrega de los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. El evento tuvo lugar en el RKO Pantages Theatre y el actor Paul Douglas hizo de maestro de ceremonias. LA HEREDERA competía en ocho categorías: película, director, actriz protagonista (Olivia de Havilland), actor secundario (Ralph Richardson), dirección artística/decorados (John Meehan y Harry Horner / Emile Kuri), vestuario en B/N (Edith Head y Gile Steele), fotografía en B/N (Leo Tover) y banda sonora original (Aaron Copland). Ganó cuatro premios, los de actriz principal, dirección artística/decorados en B/N, vestuario en B/N y banda sonora original. El Oscar a la mejor película, merecidísimo, fue para EL POLÍTICO (ALL THE KING´S MEN, Robert Rossen). Joseph Leo Mankiewicz se alzó con el premio a la mejor dirección por su extraordinaria CARTA A TRES ESPOSAS (A LETTER TO THREE WIWES). Dean Jagger batió a Ralph Richardson por su trabajo como actor secundario en ALMAS EN LA HOGUERA (12 O´CLOCK HIGH, Henry King). En cuanto al galardón para la mejor fotografía en B/N, fue para Paul Vogel por FUEGO EN LA NIEVE (BATLLEGROUND, William A. Wellman).
Una de las mejores cintas de Wyler
En LA HEREDERA Olivia de Havilland ofrece una muy rica interpretación, dando vida a una muchacha no muy guapa y bastante acomplejada por el recuerdo de su hermosísima madre, a la que su padre adoraba. La actriz era una mujer de notable belleza, pero el severo corte de los vestidos decimonónicos creados para ella por la gran Edith Head, que se ocupó personalmente del vestuario de la estrella, y el maquillaje de Westmore, concebido no para realzar su atractivo, sino para endurecer sus facciones y volverlas poco agraciadas, consiguieron que la apariencia física de la Catherine Sloper cinematográfica se asemejase bastante a la descrita por James en su libro. Esto y los sutiles y contenidos matices interpretativos de Olivia contribuyen a dotar al personaje de un creíble aire trágico, más notorio en el último tercio del film.
Frente a Olivia de Havilland se alza un Montgomery Clift perfecto como el atractivo Morris Townsend, quintaesencia del individuo oportunista y cazadotes, acostumbrado a vivir a costa de las mujeres, como revela su curiosa relación con su ingenua hermana. Se podría decir que Morris Townsend es el alma de la historia, pues personifica a las mil maravillas el frío arribismo basado en el engaño, del que Catherine es víctima propiciatoria. El personaje de Morris también le sirve al realizador para insertar una crítica, sutil pero reconocible, de la hipocresía social imperante en el siglo XIX, que sin duda favorecía mucho las actividades de hombres así.
El tercero en discordia es el doctor Sloper, magistralmente interpretado por Ralph Richardson, excelente actor británico no siempre valorado en su justa medida. En LA HEREDERA Richardson nos proporciona una nueva muestra de su talento interpretativo, en un papel que ya había representado en el teatro con enorme éxito. Bajo la dirección de alguien tan quisquilloso pero tan genial como William Wyler, que nunca se daba por satisfecho por completo, que siempre procuraba ir un poco más allá, el veterano actor ofrece al público un notable retrato del hombre desilusionado con una hija que es completamente distinta en todo a su amada esposa. Si la de Catherine es una figura trágica, que alcanza la madurez sólo gracias a un terrible desengaño amoroso, la del doctor Sloper también lo es, pues aunque quiere a su hija con toda su alma y trata de protegerla del manipulador Townsend, mantiene una actitud un tanto fría y distante hacia la muchacha, causada sin duda porque ésta no ha respondido a las expectativas que él se había fijado para ella.
Es obligado mencionar también a Lavinia, encarnada por Miriam Hopkins. Ella ve a Morris como es realmente, pero en cierto modo también se engaña, pues desea para Catherine la felicidad que ella nunca ha conocido, aunque esa felicidad esté basada en los innobles manejos de alguien como Townsend.
Wyler, que como ya he dicho tenía un talento especial para adaptar al cine obras literarias y teatrales, consiguió realizar una película admirable, imprimiéndole un notable dinamismo a la historia, a pesar de que ésta se desarrolle básicamente en interiores. El director saca gran partido de la excelente fotografía en B/N de Tover, así como de la memorable dirección artística de Meehan y Horner, y logra que los estupendos y recargados decorados de época, debidos al talento de Emile Kuri y que dotan al film de una cierta reminiscencia teatral, se adapten maravillosamente a la estética cinematográfica sin perder ni un ápice de su esencia. La perfección del conjunto está subrayada por los insólitos rasgos de la música de Aaron Copland, que compuso una partitura que se alejaba muchísimo de los cánones musicales imperantes en el Hollywood de entonces. La suma de todos estos detalles contribuyó a hacer de LA HEREDERA uno de los films más personales de ese maestro del séptimo arte que fue William Wyler.
Adaptaciones televisivas de LA HEREDERA
La cinta de Wyler eclipsó en cierto modo a las versiones teatrales de la novela de James. Uno de los films clásicos más celebrados por el público y apreciados por la crítica, LA HEREDERA fue llevada a la pequeña pantalla al menos en dos ocasiones. Doce años después del estreno de la película original, ésta fue adaptada para la televisión por la cadena CBS en el programa Family Clasiccs Series, con el título de LA HEREDERA y dirección de Marc Daniels, que también dirigiría muchos episodios de Star Trek TOS. El elenco protagonista lo compusieron Julie Harris en el papel de Catherine, Farley Granger como Morris, Barry Morse en el rol del doctor Sloper y Muriel Kirkland como Lavinia. El telefilm, de 60 minutos de duración, fue emitido el lunes 13 de febrero de 1961, logrando una gran audiencia.
Años más tarde la NBC ofrecería otra adaptación del film de Wyler, titulada TIEMPO PARA EL AMOR y también con un metraje de 60 minutos. El reparto lo formaban Claire Bloom (Catherine), Maximilian Schell (Morris), Ralph Bellamy (doctor Sloper) y Nina Foch (Lavinia). Se emitió el miércoles 1 de enero de 1967, en el espacio Bob Hope Chrysler Theatre.
EE. UU., 1949