DE REPENTE
DE REPENTE EE. UU., 1954
Título original: Suddenly
Dirección: Lewis Allen
Guión: Richard Sale
Producción: Robert Bassler/Libra Productions para United Artists
Música: David Raksin
Fotografía: Charles G. Clarke
Duración: 77 min.
IMDb:
Reparto: Frank Sinatra (John Baron); Sterling Hayden (Sheriff Tod Shaw); James Gleason (Pop Benson); Nancy Gates (Ellen Benson); Kim Charney (Peter Benson III); Willis Bouchey (Dan Carney): Paul Frees (Benny Conklin); Christopher Dark (Bart Wheeller); James Lilburn (Jud Hobson); Ken Dibbs (Wilson); Clark Howat (Haggerty); Charles Smith (Bebop); Paul Wexler (Slim Adams)

Sinopsis

De repente es un tranquilo pueblecito del medio oeste de los Estados Unidos donde nunca pasa nada. Sin embargo, un día al sheriff Shaw le notifican que el tren especial del presidente va a detenerse durante algún tiempo en la localidad, por lo que debe colaborar con el Servicio Secreto en la seguridad del primer mandatario de la nación. Pero existe un complot para asesinar al presidente. John Baron, un despiadado asesino a sueldo, llega al pueblo acompañado por dos secuaces. Haciéndose pasar por agentes del FBI, se instalan en casa de los Benson. El viejo Benson, antiguo miembro del Servicio Secreto y guardaespaldas del presidente Herbert Hoover, que se retiró por una herida de bala sufrida en el cumplimiento de su deber, les presta su colaboración. Pero poco después llegana la casa el sheriff y el jefe de la escolta presidencial, éste último deseoso de saludar a Benson, del que tiempo ha fue subordinado. Los forajidos matan al agente y hieren a Shaw. Baron y sus hombres, dispuestos a llevar a cabo el crimen, retienen al policía y a la familia Benson como rehenes. Pero Shaw y el viejo Benson no están dispuestos a cruzarse de brazos, y tratan de frustrar los planes de Baron.

A mediados de los años 50 el cine negro, herido de muerte por la furia inquisitorial del infame Comité de Actividades Antiamericanas, estaba dando sus últimas boqueadas. La vertiente crítica de tan irrepetible movimiento cinematográfico estaba siendo anulada paulatinamente, a pesar de los esfuerzos de un puñado de cineastas de prestigio por mantener vivo un cine policiaco cargado de simbolismo social. Se iba imponiendo el simplista concepto de buenos y malos, y cada vez se producían más películas policiacas en las que predominaban tales estereotipos. Una gran mayoría de los directores vio cortada casi de raíz su creatividad fílmica, una parte de ellos hubo de exiliarse y, en consecuencia, el cine negro recibió un golpe del que ya no se recuperaría. Si bien hubo algunos realizadores que trataron de mantener en sus películas el espíritu de este movimiento cinematográfico único, lo cierto es que las últimas cintas verdaderamente negras vieron la luz en las postrimerías de la década de los 50. Las nuevas cintas policiales ni siquiera podían calificarse ya como films negros de temática procedural, porque en ellos prácticamente no había nada o casi nada de lo que había caracterizado obras tan notables como CONTRA EL IMPERIO DEL CRIMEN (G-MEN, William Keighley, 1935), LA CASA DE LA CALLE 92 (HOUSE ON 92nd STREET, Henry Hathaway, 1945) u ORDEN: CAZA SIN CUARTEL (HE WALKED BY NIGHT, Alfred L. Werker / Anthony Mann, 1947).

Puede decirse que DE REPENTE es casi una cinta de transición entre el cine negro de siempre y el policiaco moderno, que eclosionaría a partir de los 60. Allen, realizador de segunda fila pero muy competente, trató de mantener en esta película la estética negra característica de los films producidos en la década anterior. Aunque no lo consiguió del todo, DE REPENTE es, sin duda alguna, mucho más negra que algunas cintas muy posteriores, mejor consideradas por una parte de la crítica. Relato en principio convencional, se eleva por encima de sus limitaciones argumentales gracias a la sobria pero eficaz dirección de Allen y a la profesionalidad de su estupendo reparto. Y aunque no estamos ante un film noir sin paliativos, flota sobre DE REPENTE un hálito inequívocamente negro muy de agradecer.

La voz, el incomparable Sinatra, compone uno de los personajes negativos más impactantes del cine de los 50, un asesino sin escrúpulos que rinde culto a las armas y para quien, como deja bastante claro Allen en una estupenda escena, un rifle de precisión no es sólo un arma larga, sino un símbolo fálico. En realidad, Baron es un enfermo, un psicópata que encuentra más placer matando que relacionándose con una mujer. Un producto genuino de la guerra, en la que se encontraba como pez en el agua, porque, parafraseando al gran Miguel Gila, podía matar sin que nadie le dijera nada. Es muy significativa la diferencia de carácter entre Baron y sus hombres. Estos últimos también carecen de conciencia, pero son un tanto pusilánimes, y aunque en ocasiones cuestionen algunas de las decisiones de su jefe, le secundan fielmente, quizás porque le temen más que a la policía.

Frente a Baron se erige la figura del sheriff Shaw­, un policía de pueblo que no sólo no le tiene ningún miedo, sino que incluso se atreve a psicoanalizarlo, descubriendo enseguida que se trata de un ser perturbado, alguien que ha hecho de la violencia no sólo su medio de vida, sino casi una filosofía de comportamiento. Shaw­ personifica en DE REPENTE los más sagrados valores norteamericanos, entre los que destaca la convicción de que es justo y deseable luchar decididamente contra el mal, venga éste de donde venga. Al principio del film mantiene una relación un tanto tirante con Ellen Benson, de la que está enamorado. La mujer, aunque se siente atraída por Tod, no comparte sus ideas, y ni siquiera quiere comprarle a su hijo un revólver de juguete, pues odia las armas y la violencia ya que su marido murió en la guerra. Shaw­ intenta hacerle comprender que en la vida hay muchos peligros a los que hacer frente, a veces con un arma en la mano, porque no queda otro remedio, y no ve nada de malo en que Peter tenga una pistola de juguete. Él mismo decide comprársela, y esa arma simulada tendrá un papel destacado en el desenlace de la historia.

El viejo Pop, por su parte, se muestra también un tanto crítico con Ellen. Piensa igual que Tod y para él es motivo de orgullo que su hijo diera la vida por su país en el cumplimiento de su deber. Tampoco él parece temer a Baron. Su único temor es lo que pueda sucederles a Ellen y a su nieto. En realidad, los Benson resultan ser una familia más que valiente, pues el pequeño Peter no sólo no teme a Baron y sus secuaces, sino que en determinados momentos hasta parece desafiarles. En cuanto a su madre, Ellen aprende por las malas que Tod tiene razón, y se ve obligada a empuñar un arma, a pesar de sus convicciones, para defender a sus seres queridos.

DE REPENTE es una de las cintas que Hayden protagonizó tras su comparecencia ante el Comité de Actividades Antiamericanas. El actor, afiliado brevemente al Partido Comunista en 1946, se arrepintió de ello públicamente ante el comité senatorial el 10 de abril de 1951. No sólo eso, sino que además declaró en contra de diversas personalidades del cine, el director Abraham Polonsky entre ellas. Pero poco después se arrepintió de haberse arrepentido, por decirlo de alguna manera, integrándose decididamente en las filas de los que se oponían a los inquisidores maccarthystas. Tal actitud le pasó factura y su carrera, sobre todo en lo que al cine negro se refiere, se resintió por ello, aunque siguió trabajando. A partir de ese momento, como si de un ajuste de cuentas políticas se tratara, pasaría a interpretar principalmente personajes situados del lado de la ley y el poder establecido, como el de Tod Shaw­ en la cinta que nos ocupa. No obstante, recuperaría su prestigio en el cine negro gracias a su memorable rol en ATRACO PERFECTO (THE KILLING, Stanley Kubrick, 1956), uno de los últimos grandes títulos del noir más genuino, donde compartió cartel con algunos de los característicos más notables del cine negro, como Ted De Corsia, Elisha Cook Jr., o la femme fatale Marie Windsor.

DE REPENTE, sin inscribirse plenamente en el marco del noir, es una película interesante y muy bien hecha, que si bien no aporta mucho a la historia del cine policiaco, se ve con agrado y no defrauda.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.307 palabras) Créditos