Sinopsis
Marie Allen, que ha cometido un pequeño delito secundando a su inconsciente marido, ingresa en la prisión de mujeres del Estado. A pesar de los desvelos de Ruth Benton, directora de la cárcel, la personalidad dominante en la institución es la de la jefa de celadoras, Evelyn Harper, una corrupta arpía que la toma con la frágil Marie, que no tarda en descubrir que está embarazada. El submundo carcelario es duro y despiadado, y tras varios terribles acontecimientos, que culminan con la entrega de su hijo en adopción, ante la negativa de su madre a hacerse cargo del mismo, la muchacha iniciará un irreversible proceso de endurecimiento y corrupción, favorecido por la depravación dominante en la cárcel
.

El subgénero penitenciario, una de las vertientes temáticas más notables del noir, dio obras tan impresionantes como 20.000 AÑOS EN SING SING (20.000 YEARS IN SING SING, Michael Curtiz, 1933), MUERO CADA AMANECER (EACH DAWN I DIE, William Keighley, 1939) o FUERZA BRUTA (BRUTE FORCE, Jules Dassin, 1947) por citar tres de los más representativos títulos de esa tendencia. Hubo también notables incursiones fílmicas en el tema de las cárceles para mujeres, cuyo máximo exponente sería la fabulosa cinta de Cromwell SIN REMISIÓN, uno de los más aclamados films negros de la historia, que obtendría tres nominaciones a los Oscars, en las categorías de mejor actriz principal (Eleanor Parker), mejor actriz secundaria (Hope Emerson) y mejor guión original (Virginia Kellogg y Bernard C. Schoenfeld). De igual forma, sería uno de los trabajos de Cromwell más denostados por los inquisidores maccarthistas, lo que ya de por sí es una garantía de calidad cinematográfica y compromiso social.
SIN REMISIÓN, valiente y lúcido alegato contra las arbitrariedades de una administración de justicia burocratizada y corrompida a partes iguales, no critica sólo el sistema carcelario norteamericano de su tiempo, sino también las actitudes imperantes en una sociedad endurecida, que se niega a conceder oportunidades de reinserción a nadie y es partidaria de castigar ejemplarmente hasta los delitos más leves. En este aspecto resulta sintómatico el comportamiento de la propia madre de la protagonista, que imbuida de un pacato y falso sentido de la ética, condena a su hija por una falta mínima no sólo a pasar una temporada entre rejas, sino a encarrilar su vida hacia el delito. La postura de su madre, la única persona que Marie Allen pensaba que no le fallaría, que siempre estaría a su lado, influye decisivamente en los miembros del comité encargado de conceder la libertad provisional, que deciden en contra de la muchacha. La arrogancia moral de esas personas no les permite valorar la opinión de Ruth Benton (Agnes Moorehead), directora de la cárcel de mujeres, que no cree que la reclusión sea beneficiosa para la muchacha, aunque se ve obligada a aceptarla por razones obvias. Benton debe cumplir las normas y acatar las decisiones del comité, pero no ve en Marie carne de presidio, sino simplemente a una chica dulce y un tanto perdida que ha cometido un error. Ruth piensa que Marie aún está a tiempo de enderezar su vida y lucha por darle esa oportunidad, pero sus lúcidas propuestas sobre el futuro de la joven chocan frontalmente con la pacata y estrecha mentalidad funcionarial de quienes detentan el poder.
Sin que ello signifique menosprecio de la labor interpretativa de Eleanor Parker, cuya actuación es realmente excepcional, quien se lleva el gato al agua en esta película es Agnes Moorehead, que curiosamente ni siquiera fue nominada a los premios de la Academia. Ruth Benton ha sido testigo de muchas miserias humanas a lo largo de su carrera. Convencida de que las prisiones no sólo deben servir para castigar a los delincuentes, sino también para tratar de reinsertar en la sociedad a aquellos que todavía no estén completamente perdidos para ésta, intenta llevar a cabo ciertas reformas encaminadas a tal fin. Tentativas que tropiezan con la oposición sin fisuras de la administración de justicia y del mismísimo gobernador del Estado, quienes optan por conceder plenos poderes a la violenta y sádica jefa de celadoras, Evelyn Harper, cuyos métodos se ajustan mejor a las rígidas normas carcelarias que los propuestos por la revolucionaria miss Benton. La abusiva licencia otorgada por los que mandan a la siniestra Harper elimina toda oportunidad de que Marie reciba un trato justo, pues la nueva se ha converido en blanco predilecto de las atenciones de Evelyn.

Hay en SIN REMISIÓN una nada sutil crítica a la corrupción política, lo que sin duda fue determinante para la inclusión de Cromwell en las listas negras de Holliwood. Una secuencia del film es especialmente significativa: aquella en la que una delegación enviada por el gobernador, a instancias de una queja presentada por el doctor que atendió a Marie en su parto, se entrevista con Benton, conminándola a ser más dócil y a no causar problemas. Benton se muestra decidida a luchar por lo que cree hasta el final y con todas sus fuerzas. Además pretende expulsar a la corrupta Harper, lo que no agrada al melifluo y siniestro señor Donnolly, que alega que no pueden despedir a un miembro del partido. Semejante declaración indica que Evelyn ocupa su puesto no por capacidad, sino por influencias políticas; lo que, por otra parte, ya ha quedado de relieve poco antes por la chulesca actitud de la jefa de celadoras frente a Benton. Al final, ante la inoperancia de un sistema corrompido hasta la médula, que permite a gente como la Harper mantener una posición de poder casi absoluto, serán los delincuentes los que hagan justicia.
La puesta en escena de Cromwell abunda en los primeros planos de estridentes timbres, insertados en secuencias tan emotivas como angustiosas, desarrolladas en un decorado de sórdidos y trágicos contornos, ideados para transmitir al espectador una insoportable sensación de claustrofobia. La cuidada fotografía de Guthrie, plagada de sombríos contrastes, acentúa la sordidez de los espacios en los que transcurre la acción, que a su vez se ve resaltada por la tensa banda sonora compuesta por Steiner. Todo ello contribuye a hacer de SIN REMISIÓN una cinta intensa y desasosegante, uno de los mejores films de ambiente carcelario que se hayan filmado.
El retrato que ofrece Cromwell del universo carcelario es demoledor. La prisión femenina funciona como un microcósmos cerrado, en el que puede pasar cualquier cosa y sobre el que ni siquiera Benton es capaz de ejercer un control exhaustivo. Film tenso como pocos, Cromwell acentúa esa sensación de angustia que planea durante todo el metraje en su desesperanzador final, con una Marie endurecida a la fuerza y condenada a vivir entre la delincuencia y la cárcel. Cuando por fin le es concedida la libertad condicional, tras una eternidad en aquel infierno, ya no es una muchacha asustada. Las injusticias y los golpes morales recibidos han hecho de ella una mujer insensible y escéptica. La frase con que se despide de Ruth Benton es harto reveladora, y subraya el mensaje que Cromwell quería transmitir a los espectadores. SIN REMISIÓN se erige así en una de las películas de denuncia más eficaces, a la vez que en un memorable film noir.
EE. UU., 1950