EL HOMBRE QUE ENGAÑABA A LA MUERTE
EL HOMBRE QUE ENGAÑABA A LA MUERTE Gran Bretaña, 1958
Título original: The Man Who Could Cheat Death.
Dirección: Terence Fisher
Guión: Jimmy Sangster
Producción: Anthony Hinds para Hammer Films/Paramount Pictures
Música: Richard Rodney Bennett
Fotografía: Jack Asher.
Duración: 83 min.
IMDb:
Reparto: Anton Diffring (Dr. Georges Bonnel); Christopher Lee (Dr. Pierre Gerard); Hazel Court (Janine Dubois); Arnold Marlé (Dr. Ludwig Weiss); Delphi Lawrence (Margo Phillippe); Francis de Wolf (inspector Legris)

Sinopsis

El doctor Bonnel guarda un terrible secreto: ha logrado prolongar su vida hasta los 104 años, manteniéndose joven y fuerte, gracias a un tratamiento hormonal de su invención. El único problema es que cada diez años debe asesinar a alguien joven, a fin de obtener la glándula que, una vez trasplantada a su organismo, le permitirá alargar su existencia. Un día, su amigo Gerard, que lleva a cabo las intervenciones quirúrgicas, le dice que no seguirá haciéndolo. Bonnel rapta a la mujer que ama para obligarle a continuar.

Si Val Guest fue el artífice del lanzamiento internacional de Hammer Films con sus dos entregas de la serie del doctor Quattermas, Terence Fisher dio carta de naturaleza al Estudio británico firmando algunas de las mejores cintas producidas por éste, además de un puñado de películas menores que, caso del título que reseño hoy, alcanzaron la categoría de pequeñas joyas del cine fantástico. Fisher fue el director estrella de la Hammer, el que mejor supo plasmar en la pantalla el estilo característico de la mítica productora británica. Maestro de la sugerencia, enemigo declarado del terror explicito, que daría origen al despreciable gore, sus films de horror encierran un sorprendente aliento poético. Aprendió el oficio como montador, trabajando miles de horas con lo rodado por otros, lo que le permitió adquirir un gran sentido cinematográfico pulido como ayudante de dirección en casi una treintena de títulos. Su compenetración con la Hammer era tal que, pese a haber dirigido su primera película en 1948, no se consideró director de pleno derecho hasta su primer título en el Estudio de Hinds y los Carreras, CHANTAJE CRIMINAL (THE LAST PAGE, 1952).

Fisher, que alcanzaría renombre universal con su decimotercera película en la Hammer, la exitosa LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN (THE CURSE OF FRANKENSTEIN, 1957), —que en USA superaría ampliamente en taquilla a EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI (THE BRIDGE ON THE RIVER KWAI, David Lean, 1957) — era un trabajador infatigable, dotado de una portentosa imaginación y una creatividad que parecían inagotables. A finales de la década de los 50 ya había rodado algunos de los títulos más señeros de Hammer Films, que era la reina indiscutible del fantástico en aquella época. Y así, en 1958, asumió la realización de una película menor, un remake made in Hammer de EL HOMBRE QUE QUISO SER DIOS (THE MAN IN HALF MOON STREET, Ralph Murphy, 1945), un proyecto modesto incluso para la pequeña productora británica que, sin embargo, devendría en uno de los títulos más logrados de su carrera, pues su film es muy superior en todos los aspectos al de Murphy, artesano competente pero de limitados recursos.

EL HOMBRE QUE ENGAÑABA A LA MUERTE es, como digo, un film sencillo, diseñado como un producto comercial con el que engordar algo las cuentas del Estudio y engrosar su catálogo de películas fantásticas. Con un reparto discreto, localizaciones mínimas y una falta total de pretensiones artísticas, Fisher consiguió elevar el nivel de la cinta muy por encima de lo que se esperaba de una producción semejante. Aunque no se la suele mencionar entre sus grandes trabajos, lo cierto es que EL HOMBRE QUE ENGAÑABA A LA MUERTE es profundamente fisheriana, puede que no como DRACULA (HORROR OF DRACULA, 1958) o LAS DOS CARAS DEL Dr. JEKYLL (TWO FACES OF Dr. JEKYLL, 1960), pero no puede negarse que es un fiel reflejo de sus inquietudes como cineasta, aunque posee elementos que la diferencian un tanto del grueso de su producción. Debido a ello, es posible que los fisherianos acérrimos se sorprendan un poco por su estructura narrativa, muy teatral y quizá demasiado dialogada, algo poco frecuente en el cine de Fisher. Como sea, el director aprovecha una historia sin apenas exteriores, con decorados mínimos y un terror más que contenido, para ofrecernos un cuidado estudio de personajes, con un Anton Diffring capaz de helar la sangre en las venas al más pintado, encarnando a un mad doctor que tiene no pocos puntos en común con Jekyll y Hyde, y un Christopher Lee en un rol poco habitual y por ello más divertido aún que de costumbre. Hazel Court aporta su discreta y elegante belleza británica, y aunque no tiene ocasión de desmelenarse y demostrarnos, como en DRÁCULA, por qué era era una de las chicas Hammer que mejor sabía personalizar el miedo, su intervención realza aún más este pequeño gran clásico.

En el aspecto técnico destaca la excelente fotografía en Technicolor de Asher, que contribuye a crear una atmósfera enfermiza, magistralmente plasmada en las secuencias que muestran a un Bonnel de tez verdosa por la falta de la glándula milagrosa. Además de la espléndida banda sonora de Bennett, cabe mencionar la cuidada decoración de Bernard Robinson, claro ejemplo de que en la Hammer se hacían bien las cosas, independientemente de la inversión que se dedicara a cada film.

EL HOMBRE QUE ENGAÑABA A LA MUERTE quizá no sea uno de los títulos más conocidos de ese maestro del fantástico llamado Terence Fisher, pero es una pequeña joya de la Hammer que vale la pena revisar, pues encierra más valores cinematográficos de los que cabe suponer a primera vista, siendo como es un film comercial. Disfrutadlo.

© Antonio Quintana Carrandi,
(777 palabras) Créditos Créditos