GALERA DE ROMA
GALERA DE ROMA John Stack
Título original: Ship of Rome
Año de publicación: 2009
Editorial: EDHASA
Colección: Dueños del mar, nº 1
Traducción: Ignacio Alonso
Edición: 2010
Páginas: 498
ISBN:
Precio: 10 EUR
Comentarios de: Luis del Barrio

Un conocido me recomendó este libro cuando le dije que colaboraba en el Sitio y leyó mi artículo sobre La flota perdida. Me comentó que aquello le parecía muy bien, pero que donde estuviera la narración de una batalla naval de verdad, que se quitaran todas las batallas espaciales inventadas. Si a esto se le añade que esa batalla naval es, posiblemente, la que inclinó la balanza de la hegemonía en el Mediterráneo y por ende del mundo actual, hacia la cultura Romana, el libro tiene su interés.

La novela empieza ya bien entrada la primera guerra púnica. Los primeros enfrentamientos terrestres entre romanos y cartagineses se han desarrollado con ventaja para la máquina militar de los primeros y los cartagineses, comprendiendo que en tierra poco tienen que hacer frente a la letal eficacia de las legiones, deciden volcar la mayor parte de su esfuerzo militar en el mar, donde son los amos y señores, sobre todo teniendo en cuenta que la flota de guerra romana estaba compuesta por un par de decenas de galeras, simples patrulleras dedicadas fundamentalmente a mantener limpias de piratas las rutas comerciales de la costa mediterránea de la península itálica.

Los protagonistas de la novela son, por este orden, el Aquila, una de esas patrulleras, su capitán, Ático Milon Perennis, de ascendencia griega, y el centurión de infantería de marina Septimio Laetonio Capito, romano hasta la médula, perteneciente a una familia dedicada desde generaciones a la milicia. También tenemos al cónsul Cneo Cornelio Escipión que representa a la más rancia estirpe patricia romana, orgullosos hasta la médula y siembre hambriento de gloria, y su enemigo en el senado, Cayo Duilio, un novus homo, que ha alcanzado el senado gracias a su dinero que no a su árbol genealógico, bien enraizado en los campos de labor que rodean la ciudad.

Entre los cartagineses destacan Aníbal Giscón, almirante de la flota cartaginesa, sagaz y brutal, y Amílcar Barca, comandante en jefe del ejército expedicionario cartagines y la autoridad más alta de Cartago en Sicilia, por encima incluso de propio Giscón.

En el epílogo John Stack advierte que aunque muchos nombres se corresponden a los personajes históricos, no están retratados con la fidelidad histórica que los puristas desearían, ni siquiera se corresponden con personajes que realmente tuvieron relevancia en el contexto global de la época, así, el Amílcar Barca de la novela no es el general Amílcar Barca, aunque por cuestiones dramáticas se sugiera que si pudiera serlo. Stack también parece hacer una traducción moderna de posibles términos antiguos, a lo mejor hasta inexistentes. A mi se me hace raro hablar de infantería de marina para la época, y así, aunque no soy demasiado conocedor de la cultura romana, otro buen montón de detalles que supongo adaptados para dar agilidad a la novela.

Porque esa es otra de las cosas que hay que destacar, la velocidad a la que se suceden los acontecimientos que transcurren desde que el Aquila se topa con la avanzadilla de la flota cartaginesa hasta el triunfante final tras la batalla de Míale. Stack no se anda con florituras, describe con precisión los barcos, las armas, las tácticas y las batallas, pero no se pierde, ni adorna más de la cuenta situaciones ya de por si complejas, como pueden ser las tensas relaciones políticas entre Escipión y Duilio, las conspiraciones y manejos que se traen uno y otro para hacerse con el poder político y militar que les traerá la gloria que tanto ambicionan.

Que nadie se asuste, estos asuntos se relatan adecuadamente pero sin alargarlos, de forma que el tema principal de la narración, las aventuras del Aquila, son el núcleo principal de la novela. El capitán Perennis lucha por Roma sin ser romano porque ante todo ama el mar y sus hombres. Por eso se enroló en la armada romana para dar caza a los piratas que rompen el equilibrio entre los marinos y el mar. El centurión Septimio llegó a bordo del Aquila por no dejar pasar un ascenso que en su legión parecía aún lejano, no obstante le costó adaptarse al nuevo medio, convirtiéndose finalmente en un experto en abordaje y lucha cuerpo a cuerpo junto a su manípulo de legionarios de marina (que raro suena ¿no?).

Tras escapar de una relativamente pequeña, pero poderosa escuadra cartaginesa Ático y Septimio dan aviso a las autoridades de los que se le viene encima, y la noticia escala hasta llegar al Senado de Roma que toma una decisión histórica: construir su propia flota de guerra para atajar el poderío cartagines. Dicho y hecho, todo el potencial de la economía romana se pone en marcha y en muy poco tiempo ya hay galeras navegando. Pero sus tripulaciones son inexpertas, tanto como ególatras sus comandantes, y así, el propio Cneo Cornelio Escipión se lanza a una batalla que no puede ganar, siendo capturado por los cartagineses.

Duilio, más prudente, escucha a quien sabe, en este caso Atico, y Starck hace de ese episodio el momento de la invención del artefacto que le dará a Roma la hegemonía en el mar, el corvus. Se trataba de una simple pasarela con unos garfios en los extremos, que se aseguraba a la cubierta de la galera enemiga para... que los formidables legionarios romanos la abordaran con toda comodidad y masacraran a la tripulación enemiga, ligeramente armada y más acostumbrada al mamporro y tentetieso antes que a enfrentarse con soldados perfectamente pertrechados y mejor adiestrados.

En estas escenas Starck se suelta la melena y disfruta describiendo minuciosamente el resultado de esos enfrentamientos tan brutales. Se puede decir que no queda títere con cabeza.

Yo, la verdad, me lo he pasado en grande con esta novela. Incluso Starck se permite una concesión al romance, haciendo que Ático y Hadria, la hermana de Septimio se enamoren pese a la desaprobación de éste.

© Luis del Barrio, (972 palabras) Créditos