LOS SOBORNADOS
LOS SOBORNADOS EE. UU., 1953
Título original: The Big Heat
Dirección: Fritz Lang
Guión: Sydney Boehm, sobre una novela de William P. McGivern.
Producción: Robert Arthur
Música: Mischa Bakaleinikoff
Fotografía: Charles Lang
IMDb:
Reparto: Glenn Ford (sargento detective Dave Bannion); Gloria Grahame (Debby Marsh); Alexander Scourby (Mike Lagana); Jocelyn Brando (Kate Bannion); Lee Marvin (Vince Stone); Willys Boyuchey (teniente Wilks); Dorothy Green (Lucy Chapman); Jeanette Nolan (Bertha Duncan); Adam Williams (Larry Gordon); Howard Wendell (comisionado Higgins); Edith Evanson (Selma Parker); Peter Whitney (Tirney); Robert Burton (detective Gus Burke); Linda Bennett (Joyce Bannion)

Sinopsis

El sargento de policía Tom Duncan, implicado en un caso de corrupción, se suicida dejando una nota en la que explica sus razones para quitarse la vida. Su esposa, Bertha, decide ocultar a los investigadores la nota dejada por su marido, así como ciertos documentos comprometedores que obraban en poder de éste, ya que planea chantajear con ellos al gángster Mike Lagana, que controla todas las actividades ilícitas de la ciudad. Pero poco después, Lucy Chapman, una chica de alterne que se entendía con Duncan, se pone en contacto con el sargento Dave Bannion y le hace partícipe de sus sospechas. Lucy, que conocía los turbios manejos en que andaba metido Duncan, no cree que éste se suicidara, y así se lo dice a Bannion, añadiendo que es muy posible que Bertha Duncan tuviera algo que ver con la muerte de su marido. Bannion se niega a creer lo que le cuenta una muchacha de vida disipada y casi la deja con la palabra en la boca. Sin embargo, cuando el cadáver de Lucy Chapman es encontrado con evidentes signos de tortura, el policía comprende que aquella chica estaba en lo cierto y decide investigar, descubriendo que la corrupción está casi institucionalizada en la ciudad. Aunque recibe presiones de sus superiores para que deje el asunto, Bannion persiste en sus indagaciones, lo que lleva a los mafiosos a atentar contra su vida. Su esposa muere por una bomba que iba destinada a él, y Bannion, transido de dolor y rabia y más decidido que nunca a acabar con Lagana y sus esbirros, se enfrenta al corrompido comisionado de policía, que le suspende de empleo y sueldo. Pero ya nada puede detener al honesto sargento de detectives, quien, tras asegurarse de que su hijita está a salvo, emprenderá una despiadada cruzada personal contra los criminales que controlan la ciudad, encontrando una inesperada y oportuna ayuda en la persona de Debby Marsh, la «amiguita» del sádico Vince Stone, mano derecha de Lagana.

¿Quién fue el director más importante dentro de ese movimiento cinematográfico que hemos dado en llamar cine negro americano? Esta es, posiblemente, una de las preguntas más difíciles que se le puede formular a un cinéfilo. La respuesta variará en función de los gustos personales y las simpatías de cada cual. Habrá quien se decante por Otto Preminger, artífice de la fabulosa LAURA (ídem, 1944), para muchos el film noir más sugerente y estilizado rodado en Hollywood. Otros preferirán la rudeza de Anthony Mann, el aliento heroico de Henry Hathaway, la dura y desencantada claridad expositiva de Robert Siodmak o la sutil ironía de Billy Wilder. Pero si hemos de atenernos a la realidad de los hechos, habremos de reconocer que, si por importante entendemos el que tuvo una influencia más decisiva en el desarrollo y evolución de esa extraordinaria e irrepetible corriente fílmica, sólo podremos responder con un nombre: Fritz Lang.

En efecto. Ningún otro realizador influyó tan profunda y positivamente en la historia de los films de serie negra como el maestro vienés. El cine negro, que surgió a principios de los años treinta, alcanzaría su madurez y sus más altas cotas de perfección artística de la mano de este cineasta que fue, en puridad, quien realmente exportó a Hollywood los hallazgos del movimiento expresionista gestado durante la década de los veinte en el seno de la cinematografía germana. Sin Lang, el devenir histórico y artístico del cine negro habría sido otro, pues en muchos aspectos fue el autor clave del mismo. Sus dos primeras realizaciones en Hollywood, FURIA (FURY, 1936) y SÓLO SE VIVE UNA VEZ (YOU ONLY LIVE ONCE, 1937), marcaron la senda a seguir para otros directores interesados en los films de temática criminal, y significaron, en la práctica, el inicio de la auténtica Edad de Oro del cine negro americano.

La obra negra de Lang se caracteriza por su marcada actitud crítica, muy próxima al realismo social, en la que trasciende, por encima de cualquier otra consideración, una escasa fe en la administración de Justicia y en los poderes e instituciones que la detentan. LOS SOBORNADOS, que incide sobre estas cuestiones, fue la cinta que inauguró la última etapa de Lang en la Meca del Cine. Su postura ideológica, que nunca suscitó simpatías entre los jefazos de los Estudios, afectó un tanto negativamente a su trabajo durante la ominosa Caza de Brujas emprendida por Joseph MaCarthy y sus secuaces a partir de 1947, por lo que a principios de los cincuenta, Lang, harto de las presiones que recibía constantemente, comenzó a plantearse seriamente la posibilidad de abandonar Hollywood. A pesar de todo, permaneció en los Estados Unidos hasta finales de ésa década, lo que fue una suerte para los cinéfilos, ya que tras LOS SOBORNADOS aún pudo rodar otras tres obras maestras más: el drama pasional DESEOS HUMANOS (HUMAN DESIRE, 1954), y dos fabulosas cintas negras, MIENTRAS NUEVA YORK DUERME (WHILE THE CITY SLEEPS) y MÁS ALLÁ DE LA DUDA (BEYON A REASONABLE DOUBT), ambas en 1956.

lm0473a.jpg

En cuanto al film que nos ocupa, es poco conocido que su argumento está inspirado en hechos reales acaecidos en Philadelphia. Todo comenzó cuando uno de los periódicos más importantes de esa ciudad descubrió un gravísimo caso de corrupción policial con ramificaciones políticas. Dada la relevancia de las personas e instituciones implicadas en el asunto y la magnitud de los hechos, la dirección de aquel periódico optó por compartir su exclusiva con otros dos diarios de gran tirada, para así ofrecer un frente más compacto frente a las presiones políticas que con toda seguridad recibirían. Los tres periódicos difundieron la información simultáneamente y con notable impacto social, lo que impelió a las autoridades federales a tomar cartas en el asunto. En uno de esos diarios, el Philadelphia Bulletin, trabajaba por aquel entonces el novelista William P. McGivern, quien reunió toda la documentación referente al caso con vistas a escribir una novela basada en el mismo. La redacción de la obra, en la que trabajó durante un viaje a Italia, le llevó tres semanas. El relato, titulado THE BIG HEAT (LA GRAN REDADA), sería publicado en siete entregas por la revista The Saturday Evening Post Magazine. El texto era de tal calidad, que sus derechos cinematográficos fueron adquiridos por la Columbia cuando sólo habían sido publicados los tres primeros capítulos.

LOS SOBORNADOS es un film duro y directo como un derechazo a la mandíbula, en el que Lang, sin renunciar a su particularísima inclinación a conferir notoria ambigüedad a los personajes y situaciones que planteaba en sus obras, nos ofrece un retrato descarnado, por lo veraz, de una comunidad corrompida hasta la médula. Una comunidad en la que todo y todos parecen estar al servicio de los sucios intereses de Mike Lagana, que incluso controla a las fuerzas del orden a través de uno de sus más abyectos lacayos, Higgins, el comisionado de la policía. Y de este escenario de crimen e infamia, de corrupción, cobardía y cinismo tanto institucionales como ciudadanos, emerge, casi con la trágica determinación de un héroe homérico, la figura de Dave Bannion, el policía incorruptible que, tras el brutal asesinato de su esposa, se convertirá en el némesis de la organización criminal que subyuga a la ciudad.

Lang pone el acento en el desamparo en el que las mal llamadas fuerzas de la Ley y el Orden dejan a Bannion cuando, tras haber dado sepultura a su mujer, éste persiste en sus investigaciones sobre Lagana y sus esbirros. El tremendo poder del mafioso queda patente cuando consigue que le retiren la protección policial a Joyce, la hijita de Bannion, obligándole a recabar la ayuda de su cuñado y de los amigos excombatientes de éste para mantener a salvo a la pequeña. Y aunque el teniente Wilks y el detective Burke, quizás aguijoneados por el remordimiento, se ofrecen a echar una mano en la custodia de la niña, eso apenas mejora algo la imagen de un Departamento de Policía, que dirigido por Higgins, sigue siendo un eficaz tentáculo del Sindicato del Crimen controlado por Lagana.

lm0473b.jpg

En este magnífico film, aparte de la fabulosa interpretación de Glenn Ford, destaca la caracterización de un joven Lee Marvin como el sádico lugarteniente de Lagana, Vince Stone, uno de los villanos más memorables del cine negro, que en una de las escenas más recordadas y comentadas de la película, desfigura a la bella Debby ( Gloria Grahame), arrojándole café hirviendo a la cara. Con su violento proceder Stone sellará, sin pretenderlo, su propio destino y el de Lagana y su banda. Debby, convertida en un ángel vengador, y sabedora de que Bertha Duncan ha dispuesto que se haga pública la confesión de su marido si ella llegase a morir, mata a la avariciosa viuda del policía corrupto y, poco después, se presenta en casa de Stone y le arroja el contenido de una cafetera al rostro..., justo en el momento en que llega Bannion, dispuesto a arrestar al pistolero.

Al final, la impresión que nos transmite Lang es que la siniestra organización mafiosa se derrumba no gracias a las fuerzas del orden, si no a pesar de ellas, y sólo por la actuación de un hombre honesto que, enfrentado al dilema de continuar en la policía arrodillándose ante la corrupción, o abandonarla para cumplir su compromiso ético con la verdadera justicia y con la sociedad, optó por lo último.

Estrenado en salas comerciales el 14 de octubre de 1953, LOS SOBORNADOS fue uno de los grandes éxitos de taquilla de ese año, y aún hoy sigue siendo una de las cintas de Fritz Lang más apreciadas por el gran público, gracias a sus numerosos pases televisivos. Film de culto para los amantes del cine negro, fue una de las últimas joyas del género. Unos años más tarde, después de rodar la antes citada y muy estimable MÁS ALLÁ DE LA DUDA, Lang abandonaría definitivamente Hollywood y los Estados Unidos. Su marcha, más que simbolizar el ocaso del cine negro americano, como afirman muchos críticos, significó en la práctica el certificado de defunción de un movimiento cinematográfico sin parangón en la historia del séptimo arte.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.105 palabras) Créditos