NEOCULTO
NEOCULTO Ángel Sala, Desireé de Fez
Título original: ---
Año de publicación: 2012
Editorial: Calamar Ediciones
Colección: Cine
Traducción: --
Edición: 2012
Páginas: 221
ISBN:
Precio: 18 EUR

En este trabajo coordinado por Ángel Sala y Desireé de Fez, se intenta, además de dar un repaso a las películas de culto consideradas de forma genérica como más destacables, definir de alguna manera lo que es el culto. Una buena cantidad de autores (críticos, estudiosos, aficionados) dan sus puntos de vista al respecto, y desde el puro manierismo al acercamiento desenfadado, es posible encontrar múltiples puntos de vista que sintetizan lo que es, fue, y será el cine de culto.

Resulta sobre todo curioso como ha evolucionado el concepto de culto. Desde aquellos tiempos en los que las películas eran puras leyendas, títulos extraordinarios que de cuando en cuando se mencionaban en libros y revistas, y milagrosamente se proyectaban en oscuros cineclubs o se programaban en televisión entre semana en horario de madrugada, pasando por la revolución del vídeo doméstico (considérese video-cassete y discos ópticos en la misma categoría) que normalizo la distribución de las rarezas e incluso hizo negocio de ellas, hasta acabar en el actual mundo digital, que no solo ha normalizado el culto, sino que incluso convierte películas no rodadas aún, apenas rumoreadas, en éxitos instantáneos.

Aunque se intuyen ciertas pautas comunes no es menos cierto que algunos articulistas parodian e ironizan acerca de lo que supone el culto. Una película de culto viene a ser una obra que en su momento no fue apreciada por público ni crítica y pasó con más pena que gloria, siendo en años posteriores, cuando sus virtudes fueron redescubiertas por los cinéfilos más centrados en el estudio del cine. Crítica y público pueden seguir ignorándola, pero finalmente la película ha alcanzado el reconocimiento que merecía. Esto es la versión amable, la que rescata joyas que sufrieron el maltrato de los distribuidores o la incomprensión de sus contemporáneos.

Ahora bien, una película de culto no tiene porque tener un mínimo de calidad. Es más su rareza, la falta de referencias sobre ella y la dificultad para visionarla lo que la hace objeto del deseo de los cultistas, (que en el libro se diferencia de los cinéfilos a secas). El afán de la exclusividad, de poseer lo único y tener ese «don» distintivo que hace posible el disfrute de la película eleva películas ciertamente cuestionables a la categoría de culto, solo porque alguien hace de ella un estandarte de su propia diferencia. Eso si, en cuanto la obra sale de las catacumbas y empieza a ser de conocimiento popular pierde su encanto (y su plus de exclusividad) y deja de tener interés. Hay que rebuscar en lo más perdido de la cinematografía mundial a ver si sale otra rareza con la que poder seguir siendo diferente.

Una tercera categoría de películas de culto se encuentra entre la bazofia de la producción cinematográfica mundial. Aquí tenemos dos categorías de cultistas, aquellos que disfrutan con sus pelis favoritas, por muy pésimas que sean, obteniendo unos minutos de placer inocente y desacomplejado, y otros que a la vez que disfrutan con los bodrios se sienten culpables por ello, e inventan virtudes insoslayables que hacen de ellas obras maestra incomprendidas.

Se puede ser honesto y crítico, admitiendo lo basuresco de la obra, pero a la vez reivindicar el disfrute propio. La basura puede proporcionar unos buenos ratos de diversión, y siempre que no se pretenda pasar de ahí, y que se reconozca que la basura lo es, debe resultar indiferente el disfrute ajeno.

Lo patético es contemplar al guru de turno ensalzar las virtudes de un montón de porquería. De tales individuos, que se les supone mínimamente formados, no se espera que defiendan a capa y espada productos defectuosos en una pose cultureta, cínica y deshonesta, intentando justificar, sin necesidad, gustos y apetencias que, obviamente, consideran indignos de su inalcanzable nivel y que, por tanto, tiene que elevar desde la mediocridad hasta un punto en el que sean reconocidos para no quedar ellos mismos como perfectos mediocres.

En resumen, una película de culto no tiene unas virtudes especialmente destacables más allá de su rareza y de las que se determinan cada vez que se habla de ella. Que sea o no de culto, o más bien que se la describa de esa forma, son cuestiones personales, en absoluto mensurables. El culto se siente más con las tripas que con el cerebro, por mucho que algunos cultores se empeñen en considerar obras maestras lo que raramente suelen pasar de entretenimientos olvidables.

Como es habitual en Calamar, la edición es impecable, destacando las guías finales de las películas de culto más características y las que tanto cada articulista como nombres destacados del mundo del cine consideran su propia panoplia de películas destacables. Lo único que se echa en falta, como es casi norma de la casa, de un índice de títulos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (794 palabras) Créditos