DE LA EPC A LA ECC: MÁS DE LO MISMO
por Antonio Quintana Carrandi

Hace ya bastante tiempo dediqué un artículo a la Educación para la Ciudadanía, patética asignatura impuesta por el anterior gobierno con el loable propósito de formar jóvenes —y jóvenas, no se me cabreen los miembros y miembras de la ciudadanía y el ciudadanío no sexista— con una mentalidad políticamente correcta. Hace unos días, el nuevo gobierno salido de las urnas en las pasadas Elecciones anunció la supresión de la EpC. O, más correctamente, de la EpC tal y como había sido concebida por el señor Zapatero y sus adláteres. En principio, es una buena noticia para todos aquellos que no creen en el adoctrinamiento político de los escolares. La EpC, a pesar de todos los intentos progresistas por vendérnosla como algo útil y necesario, desprovisto de segundas intenciones, buscaba tan sólo educar a los jóvenes en los más que discutibles valores —llamémosles así— que, contra viento y marea, han tratado de inculcar a la sociedad española, mediante decretos-ley al más puro estilo franquista, los que hasta hace poco detentaban el poder. La EpC zapaterista era, como dije entonces y reafirmo ahora, una versión actualizada, corregida y aumentada de la execrable Formación del Espíritu Nacional de la época del Nacionalcatolicismo; es decir, un mazacote de consignas políticas camufladas bajo un tenue velo de apariencia didáctica. En Democracia es inadmisible que el Estado se arrogue la potestad de educar en valores políticos, sociales y afectivos a la juventud. Por lo tanto, la eliminación de la EpC debería ser acogida con satisfacción por toda persona sensata.

No obstante esto, la forma en que el nuevo gobierno ha afrontado la cuestión no me parece la más acertada. Lo que han hecho no ha sido suprimir de un plumazo la EpC, como exigía el sentido común, si no, según declaraciones del Ministro competente, aligerarla de su contenido ideológico y cambiarle el nombre. La asignatura de marras pasará a denominarse Educación Cívica y Constitucional, un nombrecito muy rimbombante que, a lo peor, acaba definiendo a una EpC de corte derechista, lo que a mi juicio sería lamentable. Quiero decir con esto que el mantenimiento de la asignatura bajo otro nombre se presta a equívocos, pues muchas personas podrían sospechar que lo que se pretende es cambiar el temario de la vieja EpC, de inspiración netamente seudomarxista, por otro de impronta conservadora. Los argumentos del Ministro de turno no son nada convincentes y, en cierto sentido, recuerdan mucho a los esgrimidos en su día por el anterior gobierno para justificar la pajolera asignatura. Así pues, de la ECC pepera puede decirse lo mismo que de la EpC sociatera: no tiene razón lógica de existir. Para educar a la juventud en valores cívicos y constitucionales basta con potenciar adecuadamente esas materias en el Área de Ciencias Sociales. Más claro, el agua.

Por otra parte, mantener la EpC con otro nombre y contenido es incumplir la promesa hecha a los ciudadanos en la pasada campaña electoral, durante la cual se insistió machaconamente en que, caso de ganar las Elecciones, una de las primeras medidas que se tomarían sería la de eliminar la sectaria y alienante asignatura. A la vista de su actuación al respecto, cabe preguntarse si el señor Wert conoce el significado exacto de la voz eliminar, que en ningún caso puede confundirse con los términos cambiar, variar, alterar, reformar...Y mucho menos con maquillar, que es lo que parecen haber hecho estos señores con la EpC: maquillarla para adaptarla a su peculiar ideología.

Puedo estar equivocado, naturalmente. Es más, desearía estarlo, al menos en lo que a este asunto se refiere. Me gusta conceder a todo el mundo el beneficio de la duda. Quizá esta medida esté inspirada por la mejor de las intenciones, después de todo. Mas, a fuer de ser sincero, he de admitir que tiendo a desconfiar de los políticos por principio, pues me consta que casi siempre anteponen sus intereses partidistas, ideológicos y personales a los generales de la nación. Por eso se me antoja más que sospechoso el que se mantenga, aunque sea bajo otras siglas y con un discutible lavado de imagen, una asignatura que puede prestarse extraordinariamente al adoctrinamiento político.

La función de un sistema educativo moderno y democrático debe ser la de formar ciudadanos preparados para enfrentarse a los retos de la vida, hombres y mujeres capaces de pensar y actuar por sí mismos, de ejercer su libre albedrío en todo momento y situación. La Educación no puede estar ideologizada en forma alguna. Educar al joven en valores morales es prerrogativa exclusiva de las familias. Nuestro sistema de educación debería ser, por tanto, purgado de cualquier influencia política, de la tendencia que sea. Y no me refiero sólo al contenido de las asignaturas, sino también a quienes las imparten. La gran mayoría de los profesores son personas sensatas, que ejercen su profesión de forma honesta y responsable. Pero también hay demasiado comisario político en las aulas, individuos que aprovechan la ocasión para, unas veces de forma sutil y otras con más descaro, adoctrinar a sus alumnos en sus particulares ideologías personales. Los hay de toda laya y condición, pero todos ellos ejercen una influencia dañina en el alumno. Tan despreciable es, a mi juicio, el demagogo marxistoide que concibe la guerra civil española como un tebeo de buenos y malos, como el profe meapilas que ve pecado e inmoralidad por todas partes.

La ECC del gobierno derechista tiene demasiados puntos en común con la EpC del anterior ejecutivo socialista, pues ofrece un campo abonado para la introducción del dogmatismo político en el sistema educativo. El gobierno actual, que criticó con dureza al precedente por la EpC, ha cometido el mismo error que su predecesor. No basta con suprimir algunos contenidos y con cambiarle el nombre. EpC, ECC, da igual cómo quieran llamarla. Lo único cierto es que tal modelo de asignatura abre las puertas al adoctrinamiento ideológico en las aulas y eso, señores, es incompatible con una Educación de calidad.

© Antonio Quintana Carrandi, (992 palabras) Créditos