PERDICIÓN
PERDICIÓN EE. UU., 1944
Título original: Double Indemnity
Dirección: Billy Wilder
Guión: Billy Wilder y Raymond Chandler, sobre un relato de James M. Cain
Producción: Joseph Sistrom para Paramount Pictures
Música: Miklos Rozsa
Fotografía: John F. Seitz en B/N
Duración: 107 min.
IMDb:
Reparto: Fred MacMurray (Walter Neff); Barbara Stanwyck (Phyllis Dietrichson); Edward G. Robinson (Barton Keyes); Tom Powers (Mr. Dietrichson); Jean Heather (Lola Dietrichson); Byron Barr (Nino Zachette); Porter Hall (Mr. Jackson)

Sinopsis

Entre Walter Neff, agente de seguros, y Phyllis Dietrichson, esposa de un hombre de negocios, surge una irresistible atracción que les llevará a planear el asesinato del marido de ella. El plan consiste en que Walter le suscriba una póliza de seguro especial, por un valor de cincuenta mil dólares, y que luego lo asesine haciendo que parezca un accidente. Neff, secundado por su bella amante, acaba con la vida de Dietrichson, pero surgen complicaciones. Barton Keyes, jefe y amigo de Walter, confía a éste sus sospechas sobre la supuesta accidentalidad de la muerte de Dietrichson. Por otra parte, Lola, la hija del difunto, está convencida de que Phyllis ha asesinado su padre; más aún: siempre ha creído que su madrastra, antigua enfermera, mató a su moribunda madre para casarse con él, y así se lo confiesa a Walter, sin sospechar que éste fue el autor material de la muerte de su padre, aunque instigado por su madrastra. Poco a poco, Neff irá descubriendo la clase de mujer que es Phyllis y el amor que creía sentir por ella va transformándose en odio. Cuando Keyes obtiene pruebas suficientes para acusar a la mujer, Walter decide zanjar el asunto por su cuenta y riesgo y va al encuentro de Phyllis con la intención de matarla.

Desde PERDICIÓN, las dos palabras más importantes del cine son Billy Wilder.

Comentario de Alfred Hitchcock, tras asistir al estreno de DOUBLE INDEMNITY.

Dedicado a Montse, Elena y Ana, y, muy especialmente, a la memoria y el recuerdo de Billy Wilder y Barbara Stanwyck.

PERDICIÓN y LAURA son, indudablemente, dos de las obras más míticas del cine negro americano. Si el de Preminger está considerado como el film noir más estilizado de la historia, el de Wilder es, quizás, uno de los más duros y realistas jamás filmados. En algunos aspectos, PERDICIÓN se ajusta mejor a la definición de cine negro que LAURA. La película de herr Otto, a pesar de poseer una cierta reminiscencia de la novelística de Raymond Chandler, carece de la crudeza del film firmado por Wilder, y no olvidemos que la sordidez, asimilada con el más crudo verismo, fue uno de los ingredientes fundamentales de la novela negra, que dio origen a ese movimiento —que no género— cinematográfico que hemos dado en llamar cine negro.

En la estación
En la estación

PERDICIÓN es la adaptación cinematográfica de Double Indemnity, novela corta de James M. Cain, que el autor escribió inspirándose en un hecho real. En 1927, en el barrio neoyorkino de Queens, Ruth Snyder y su amante, Judd Gray, asesinaron al marido de ella, Albert Snyder, para cobrar el dinero de su seguro de vida. El affaire despertó gran expectación, pues durante el juicio que siguió a la detención de la pareja se reveló que Ruth era una mujer fría, sin sentimientos, egoísta, calculadora y capaz de cualquier cosa, hasta de traicionar a su amante y cómplice con tal de salirse con la suya. Ruth y Gray fueron condenados a muerte, sentencia que se cumplió en la penitenciaría de Sing-Sing en enero de 1928. Existe una fotografía de la electrocución de Ruth, tomada por Thomas Howard, fotógrafo del diario New York Dailey News. Howard logró impresionar la instantánea en el preciso instante en que la mujer moría a consecuencia de la descarga eléctrica, lo que la convierte en uno de los documentos gráficos más escalofriantes sobre la aplicación de la pena capital en los EE UU.

Impresionado por esta historia, Cain utilizó los elementos básicos de la misma para pergeñar el relato citado, que fue publicado en 1935 y en ocho entregas semanales por la revista Liberty. El éxito obtenido animó a Cain, que intentó vender Double Indemnity para ser adaptado al cine, pero la por entonces recién creada Oficina Hays, organismo censor de la industria cinematográfica, presionó en todos los frentes para evitar que tan indecente obra fuese llevada a la pantalla. En 1943, Double Indemnity fue publicada en un libro titulado Three of a Kind, que incluía además otras dos historias cortas del mismo autor. El productor, guionista y director Billy Wilder captó de inmediato el indudable potencial cinematográfico del relato. Decidido a llevarlo a la pantalla como fuera, convenció al productor Joseph Sistrom, de Paramount Pictures, para que adquiriese los derechos. La idea de Billy era que el guión lo escribiese el propio autor, pero no se llegó a un acuerdo con Cain, por lo que, a sugerencia de los productores Sistrom y Joseph Stern, se contrató a Raymond Chandler. A Wilder le habría gustado poder contar con su colaborador habitual en la redacción de los guiones, Charles Brackett, pero éste había decidido tomarse unas vacaciones y, por otra parte, no ocultó su desagrado por el tono chabacano de la historia de Cain. Así las cosas, el bueno de Billy tuvo que aceptar a Chandler, con el que no se llevó nada bien. El afamado novelista pidió 1.000 dólares por dos semanas, tres como máximo, de trabajo. Wilder le dejó bien claro desde el principio que serían 750 dólares por las semanas que fuesen necesarias —catorce según sus propias estimaciones— y a Chandler no le quedó otro remedio que ceder. Al escritor, que a pesar de todo admiraba al director y deseaba trabajar con él, le decepcionó la actitud de Wilder, pues éste pasaba más tiempo con las actrices y bebiendo whiskey que trabajando con él. Irritado por tal comportamiento, Chandler elevó una queja a la dirección de la Paramount. Llamado al orden por los jefazos del Estudio, Billy tuvo que disculparse públicamente con Chandler. Las relaciones entre ellos nunca mejorarían del todo, lo que no fue óbice para que, años más tarde, Chandler reconociese que gracias a Wilder había aprendido cómo se escribe un buen guión.

En lo que al reparto se refiere, Wilder no tenía dudas: quería a Barbara Stanwyck. La actriz aceptó el papel con ciertas reticencias. Con más de cuarenta películas a sus espaldas, casi siempre en roles de heroína, Stanwyck dudaba de su capacidad para dar vida a una asesina fría y despiadada. Hizo partícipe al director de sus temores, y la reacción de éste fue peguntarle, mientras la miraba con fijeza.

  • ¿Tú qué eres, una actriz o un ratón?
  • —Espero ser una actriz —respondió ella.
  • —Pues entonces, hazlo —replicó el director.

Este corto diálogo con el genial realizador sirvió para galvanizar el ánimo de Barbara Stanwyck, que se dedicó en cuerpo, mente y alma a prepararse para interpretar a Phyllis Dietrichson. Tras el estreno de la película, Barbara declaró que le estaría eternamente agradecida a Wilder, no sólo por haber contado con ella para el papel desde un principio, sino también por los ánimos que le había infundido, haciéndole comprender que una buena actriz es aquella capaz de interpretar sin aprensiones cualquier personaje, por complejo que éste sea. ¡Y qué personaje le tocó en suerte! En ésta, su interpretación más memorable, Barbara compone una antológica y retorcida personalidad criminal femenina. Phyllis Dietrichson es la quintaesencia de la femme fatale del cine negro americano, la perfecta arpía que serviría de modelo base para posteriores féminas corruptas, que pasearían sus venenosos encantos por docenas de películas. PERDICIÓN se revela así, gracias al talento interpretativo de esta gran actriz y al genio de Wilder, como uno de los films negros más contundentes de la historia, una película que escarba sin complejos en la odisea amoral de una hembra asesina que, cual siniestra araña de inquietante belleza, teje su mortal telaraña en torno a quienes la rodean, acabando por perecer ella misma en su trampa.

De compras
De compras

El rol de Walter Neff le fue ofrecido a George Raft, a quien Wilder admiraba profundamente. Raft habría aceptado el papel de Neff si al final de la película éste hubiese resultado ser un policía o agente del FBI. Obviamente, Wilder no tenía intención de alterar el relato original hasta ese punto, de modo que se olvidó de Raft y barajó los nombres de Alan Ladd y Brian Donlevy, pero acabó decantándose por Fred MacMurray. PERDICIÓN fue la última película que MacMurray protagonizó para la Paramount, pues al poco de concluir el rodaje, abandonó el Estudio y formalizó un nuevo contrato laboral con Twenty Century-Fox. Huelga decir que este título de Wilder fue, con mucho, la mejor actuación de toda su carrera.

Edward G. Robinson se hizo con el papel de Barton Keyes, jefe y amigo de Neff, y el resto del reparto se completó con unos cuantos secundarios habituales del Estudio. El rodaje comenzó el 27 de septiembre de 1943 y concluyó el 24 de noviembre del mismo año. Posteriormente, a principios de 1944, se rodarían unas escenas adicionales. Los exteriores se filmaron en la Melrose Avenue y el Jerry´s Market de Hollywood y en Los Ángeles. Las secuencias de interiores se rodaron en los Estudios Paramount.

La Paramount financiaba el proyecto, pero sus directivos no las tenían todas consigo. Muchos de ellos creían que no sería comercial, y todos sin excepción temían la reacción de la omnipotente y ominosa Oficina Hays, que desde 1935 velaba por la moral y las buenas costumbres en el mundo del cine. La sordidez de la historia preocupaba a los responsables del Estudio y Wilder no tuvo más remedio que suavizarla un tanto. En la novela, la pareja de amantes y homicidas se suicidaba antes de caer en manos de la Justicia, pero hubo que cambiar esto por exigencias de los sicarios del beato Hays. Billy escribió un nuevo The End para la historia, pero tampoco éste fue aceptado. El final, cuidadosamente planificado por el realizador, era demasiado duro a juicio de los ejecutivos, y podría provocar las iras de los censores. Billy optó entonces por rodar dos finales, para que, llegado el caso, los directivos de Paramount eligiesen el que más le conviniera al Estudio. Escogieron el más convencional, que es el que todos conocemos y, por supuesto, el que más se aleja de la idea inicial de Wilder. La versión que a Billy le hubiera gustado estrenar duraba 126 minutos, e incluía la secuencia de la ejecución de Walter Neff en la cámara de gas de San Quintín, a la que asistía su amigo Barton Keyes. Wilder sostuvo siempre, con toda razón, que esta conclusión era mucho más ejemplarizante para el público que aquella con que fue estrenada la cinta. Pero los guardianes de la moralidad ajena no lo veían así. Pensaron que lo del ajusticiamiento de Neff, gaseado por el Estado, era demasiado fuerte para la sensibilidad del ciudadano medio americano, de modo que lo prohibieron.

Espera
Espera

A pesar de todo, el film fue un éxito de taquilla y se convirtió en una de las películas más nominadas de la 17ª edición de los Oscars, pues optaba nada menos que a siete premios: película, director, guión adaptado, actriz, fotografía en B/N, sonido y banda sonora original. No obtuvo ninguno de los galardones. SIGUIENDO MI CAMINO (GOING MY WAY, Leo McCarey) se llevó los premios a la mejor película, mejor director y mejor guión adaptado. El Oscar a la mejor actriz fue para Ingrid Bergman por LUZ QUE AGONIZA (GASLIGHT, George Cukor). El premio a la mejor fotografía en B/N recayó, muy merecidamente por cierto, en LAURA (ídem, Otto Preminger). WILSON (ídem, Henry King) fue premiada por su sonido, y DESDE QUE TE FUISTE (SINCE YOU WENT AWAY, John Cromwell) por su espléndida banda sonora. La ceremonia se celebró en el Grauman´s Chinese Theatre de Hollywood el 15 de marzo de 1945. PERDICIÓN fue la gran perdedora de esa noche, algo injusto, pues la única cinta nominada que brillaba a su misma altura era la fabulosa LAURA. En esta ocasión, como en tantas otras, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood mostró una gran mezquindad con la mejor película del año.

Con 67 años a sus espaldas, este gran clásico del maestro Billy Wilder sigue teniendo hoy día el mismo gancho que en el momento de su estreno, el 7 de septiembre de 1944. Porque pocas veces el cine ha retratado, tan cruda y verazmente, la violencia sin sentido y la ruina moral que corrompen una sociedad que comienza a sacrificar sus principios y valores éticos en el altar del materialismo más deshumanizado. Por eso PERDICIÓN será recordada siempre como la joya de la corona del cine negro americano, como la obra más relevante de ese genio del Séptimo Arte que fue Billy Wilder y como una de las películas más importantes de la historia del Cine.

© Antonio Quintana Carrandi,
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