Enésimo regalo cumpleañero de mi cuñado, y enésima novela de zombis que me suelta. Al menos varío algo, que no todo debe ser ciencia-ficción. He de decir, antes de empezar a criticarla, que la obra me ha gustado bastante pese al tema y pese a la endogamia y la poca variación que el género puede tener. De hecho puede que sea la novela de este tipo más literaria y buen construida (argumentalmente hablando) de todas las que he leído.
Cuando uno empieza el libro, lo primero que siente es cierto asquito y vergüenza ajena. Menos mal que conforme vas leyendo la cosa se nota menos ya sea porque te insertas en la acción o porque el estilo del autor mejora. Personalmente, y pese a haberme leído el libro en dos tirones (partes de la mañana y de la tarde del domingo) creo que estamos ante el segundo caso.
No obstante, las primeras páginas son deprimentes. Os comento algunas cosas que he encontrado, pero no todas.
Página 6, último párrafo: [...] Se decía que lo había encontrado una alemana mientras paseaba al amanecer; la marea lo había arrastrado, desnudo y tieso como un viejo leño, hasta la orilla. La policía había hecho fotos, habían hablado con la alemana y tomado numerosas notas. Habían examinado el cadáver y lo habían cubierto al fin con una especie de loneta oscura, que tenía el brillo y la textura del plástico. Todo eso lo había visto Julio desde su privilegiada posición.
La negrita es mía. siete había en un solo párrafo. Como la palabra no es, precisamente, de uso común, no chirría poco la condenada. En la página 8 también encontramos varios era seguidos. En la 14 tenemos televisión tres veces en cuatro líneas. Y así.
También encontramos alguna falta ortográfica, como alguien que tiene la mente como un disco rallado...»
Aparte de eso hay muchos detalles bastante impertinentes pero que no afectan para nada al argumento en sí, ni al desarrollo de la acción. No obstante, si los zombis no respiran, no pueden gritar ni dar alaridos, si están muertos sus ojos y su cara no tienen expresión facial, con un cortafríos normal no puedes romper una cadena ni un candado normal y corriente, y cosas así.
De todos los gazapos el que menos me ha gustado ha sido una de las primeras acciones contra los zombis (páginas 55-56) en las que uno de los protagonistas primero se oculta de uno de ellos porque no lo oye, ciega a otro que sí lo ve, para luego volver a tener que pelear con ambos porque el primero lo ve y el segundo lo oye, o algo así de ininteligible...
Pese a todo ello, el libro está muy bien equilibrado argumentalmente, y la calidad literaria, a mi parecer, es bastante buena. Asistimos a algunas introspecciones de los personajes bastante acertadas y, por encima de todo, no estamos ante una obra de un Oh, Dios mío, estamos jodidos, vamos a morir tras otro en plan aventura Indiana Jones.
Ignoro si se trata de un guiño del autor al lector o de un despiste más, pero nada más empezar el libro sabes que este va a terminar bien tan sólo tras haber leído los dos o tres primeros párrafos...
Carlos Sisí