UN ÁTICO EN WESTCLIFF
UN ÁTICO EN WESTCLIFF Javier Casis
Título original: ---
Año de publicación: 2010
Editorial: El tragaluz
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 2010
Páginas: 348
ISBN:
Precio: 20 EUR

El mundo de la literatura encierra decenas de misterios y dudas no resueltas acerca de la autoría de los textos que han llegado hasta nuestras manos. Desde la teoría de que Homero no es más que uno (o varios) de las decenas de bardos que recitaron la ILIADA y la ODISEA, y que por alguna extraña casualidad ha terminado por tener adjudicada la autoría de tan magnas obras, hasta las que dicen que en realidad Shakespeare nunca existió, que se trataba de un pseudónimo de cierto éxito usado por Christopher Marlowe, sir Walter Raleigh y hasta Francis Bacon, para hacer públicas las calenturas surgidas de sus plumas.

Hasta el propio Cervantes jugó con la duda atribuyendo el manuscrito original del Quijote a un morisco: Cide Hamete Benengeli (rizando el rizo, el Avellaneda del fanfic de 1614 también parece ser un nombre impostado) Incluso hoy día resulta difícil averiguar el autor real de según que novelas. Con los escritores convertidos en marcas registradas, tras muchos best-sellers no se encuentra el trabajo en solitario de un amanuense, sino el trabajo de documentalistas, dialoguistas, redactores y correctores. Lo que antes venían a ser los negros transformados en equipo multidisciplinar.

Sin embargo, UN ÁTICO EN WESTCLIFF no plantea inicialmente trampas de este estilo, si bien describe otras prácticas del mundo editorial. La novela arranca con la preocupación de Víctor Méndez ante el silencio de su amigo Jaime Urzay, escritor de éxito, que tras trasladarse a Inglaterra buscando un lugar tranquilo donde acabar su última novela, sufre una paulatina transformación que termina con su desaparición. La preocupación de Méndez es doble por cuanto el mismo recomendó a Urzay la tranquila villa de Westcliff y le ayudo a encontrar alojamiento, lo que le hace sentirse responsable. En un intento de averiguar algo al respecto, se traslada a Barcelona para hablar con Alberola, el editor de Urzay, un tipo vitalista y peculiar que gusta de ser llamado Pollack. Éste le asegura que lo único que sabe de Urzay es que al poco de llegar a Westcliff decidió olvidarse por completo de la novela, aún inconclusa, y empezar otro trabajo que aseguraba supondría un bombazo a nivel editorial. Tras discutirlo acordaron que el manuscrito sería terminado por la editorial y atribuido a un escritor de la cuadra de Pollack, mientras que Urzay podría dedicarse a su aventura particular.

Según cuenta Pollack, Urzay descubrió en el ático donde se alojaba una cantidad notable de documentos y cartas que revelaban una sorpresa fascinante: pudiera ser que gran parte de la literatura inglesa de finales del siglo XIX y principios del XX o bien no fue escrita por su autor oficial, o bien éste recibió una ayuda que iba desde la inspiración necesaria para superar los inevitables bloqueos, pasando por la corrección minuciosa del borrador o la construcción completa del argumento. Las preguntas que se plantean son ciertamente perturbadoras ¿Realmente escribieron los grandes genios de la literatura las obras que se les atribuye? ¿Recibieron ayuda en sus momentos de duda? ¿Los argumentos eran propios o sugeridos y hasta comprados? El sospechoso de tal hazaña es Javier Uclés, un emigrado español en Londres con una enorme cantidad de contactos en el ambiente literario de la época.

Finalmente Méndez se compromete con Pollack a investigar sobre el terreno la desaparición de Urzay, y sus pacientes pesquisas van sacando a la luz detalles cuando menos inquietantes, y el descubrimiento de una conspiración, a medio camino de un juego macabro, que se prolonga a lo largo de los decenios.

Como toda la obra de Javier Casis, UN ÁTICO EN WESTCLIFF rezuma un gran gusto por la época victoriana, su literatura, sus antigüedades, hasta el estilo literario que cultiva Casis evoca poderosamente el de aquellos autores. Como no podía ser menos, uno de los personajes es el librero Calavia, habitual de su obra y poseedor, o conseguidor si se tercia, de los más preciados tesoros bibliográficos. Como una mastroska, la novela se desarrolla en tres niveles, las vivencias de Méndez que destapa las de Urzay, que a su vez se siente fascinado por el diario de Uclés. De hecho el propio ático que da título a la novela es todo un cofre del tesoro, lleno de volúmenes únicos.

También, como es habitual, todo queda en el aire, no lo que respecta a la investigación de Méndez y los sucesos concretos que se describen en la novela, que culminan adecuadamente, sino el destino final de Urzay y el devenir futuro de la conspiración.

© Francisco José Súñer Iglesias, (747 palabras) Créditos