FRANCO, CAUDILLO DE ESPAÑA
FRANCO, CAUDILLO DE ESPAÑA Paul Preston
Título original: Franco: baranderfürer of Spain
Año de publicación: 1995
Editorial: Silente
Colección: Ucronías
Traducción: M. Blanco
Edición: 2010
ISBN:
Precio: 19,75 EUR
Comentarios de: Mario Moreno Cortina

En más de una ocasión he expresado mi nulo interés por el género de la Ucronía. No tanto por el posible valor estético o humano de las propias historias como por lo que suelen tener, las más de las veces, de ajustes de cuentas con los fantasmas del pasado, cuando no de la infancia del autor. Particularmente, han sido los anglosajones los que más han utilizado el género para apuntalar las bases de su actual preponderancia cultural. Por ejemplo, utilizando como contraste un universo paralelo en el que Inglaterra es vencida por la Armada Invencible y el Papado se hace con el dominio mundial (PAVANA, Keith Roberts) lo que sume al mundo en una era de atraso y oscurantismo.

Nuestro país ha sido en general ajeno a esa moda, aunque Pedro García Bilbao, editor de Silente Ciencia-ficción, parece empeñado en navegar contracorriente con la publicación de esta obra ucrónica del inglés Paul Preston, autor prácticamente desconocido en España hasta la fecha y del que este reseñador no ha podido encontrar referencia alguna.

Preston, como muchos otros autores noveles, imita a sus maestros. En particular, parece querer emular la magnífica FOR WANT OF A NAIL, de Robert Sobel y también disfraza su novela de ensayo histórico. Esto le proporciona la excusa perfecta para centrarse en la construcción de su mundo alternativo sin la necesidad de pergeñar cualquier excusa argumental al uso. Y se arriesga doblemente con el género de la biografía, generalmente denostado por los académicos.

FRANCO, «CAUDILLO DE ESPAÑA», narra con minuciosidad agotadora (son más de mil páginas de apretada letra) la vida de Francisco Franco Bahamonde, un supuesto dictador que habría gobernado en España desde 1939 hasta 1975, año en que se iniciaría una transición hacia la monarquía parlamentaria. Preston nos hace asistir a las circunstancias familiares que rodean su vida desde su nacimiento hasta su muerte, ofreciéndonos de fondo el cuadro de la España alternativa.

Comenzaba esta reseña hablando de mi rechazo a las ucronías. FRANCO, «CAUDILLO DE ESPAÑA», me ha proporcionado un argumento más para seguir evitándolas. Es más, me ha proporcionado más de uno.

A una ucronía se le han de exigir tres cosas, a saber: que sea una buena novela, que el Punto Jombar esté razonablemente bien escogido y que el mundo alternativo creado sea coherente en sí mismo. En la obra de Paul Preston no se cumplen ninguno de esos tres requisitos.

Para empezar, FRANCO... es aburrida hasta el sopor, como si de un auténtico ensayo histórico se tratara. En absoluto era necesario un aparato de notas tan monstruoso ni un despliegue de erudición espuria tan apabullante para fingir el tono académico. Por momentos se encuentra el lector tentado, no ya de abandonar la lectura, sino de arrojar tamaño mamotreto por la ventana. Yo lo hubiera hecho de no ser por el temor de que cualquier alma incauta pudiera haberlo recogido y, quizá con un ánimo menos férreo que el mío, haber intentado leerlo.

Siguiendo con el Punto Jombar, es decir, el momento en que la ficción toma su propio camino y se aparta de la realidad, Preston hace lo que un autor de ucronías jamás puede hacer: demuestra que conoce mal el período histórico que trata. Efectivamente, en julio de 1936, las autoridades republicanas, oportunamente alertadas por militares leales, detectaron un conato de rebelión entre las tropas destinadas en Marruecos. Los implicados fueron juzgados por sedición y fusilados al amanecer del 14 de agosto del mismo año. Quien se encontraba al mando de los sublevados era el general Emilio Mola Vidal, antiguo Jefe Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos. Esto es historia. Sin embargo, Preston comete los mismos errores que otros escritores extranjeros cuando intentan hablar sobre nuestro país: se lía de la peor forma y, queriendo ser original, encadena una sarta de disparates. Para colocar a su protagonista al frente de los sediciosos, se inventa una muerte accidental de Mola en 1937 digna de película de serie B, y una no menos forzada de José Sanjurjo Sacanell (que era la segunda cabeza visible de la abortada sublevación de 1936, por cierto) Como Preston carece de imaginación, tanto Sanjurjo como Mola perecen en sendos accidentes de avión, cuando resultaba bien sencillo inventar dos muertes distintas.

Siguiendo con la novela, quien accede al mando de la sublevación es Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco (conocido como Francisco Franco o simplemente Franco) un oscuro personaje que Preston se saca de la manga y a quien encumbra haciendo uso de recursos narrativos más bien pobres. Resulta dramático que el punto más flojo de una biografía histórica apócrifa sea precisamente el personaje principal de ella.

Para empezar, nada resulta atractivo en el personaje. Se trata de un joven general gallego, físicamente anodino y de voz atiplada. Católico ferviente y furibundo conservador como todos los militares africanistas. Sabemos de sus problemas familiares y se nos narra una fulgurante carrera mediática como héroe militar que él mismo ayuda a crear. El manido recurso del desprecio a un padre borrachín y liberal (libertino sería la palabra más exacta) dice muy poco de la imaginación de Preston. Otro tanto se puede decir de las burlas de sus compañeros en la Academia Militar (un pequeño homenaje a MURIERON CON LAS BOTAS PUESTAS, en mi opinión) Por otro lado, Preston no concede a su Caudillo demasiadas victorias militares que justifiquen su fama y su encumbramiento, más allá de la participación en el desembarco anfibio en Alhucemas. Resulta escasamente creíble que un general joven y con una experiencia en combate no demasiado extensa pudiera colocarse al frente de un movimiento social y militar de tal calibre. Preston podría haber utilizado a cualquiera de los prestigiosos militares destinados en Marruecos que con frecuencia habían expresado su disgusto con el régimen y su obra habría ganado en credibilidad. Incluso se quita de en medio a José Antonio Primo de Rivera, haciéndolo fusilar en 1936 en Alicante por su apoyo al golpe.

Si todo esto resulta traído por los pelos, no menos rocambolesco resulta el golpe de estado. En la novela, la conjura de Mola tiene éxito, lo que supone que Preston toma al gobierno republicano por completamente imbécil y a sus fuerzas y cuerpos de seguridad por unos absolutos inútiles. El 17 de julio de 1936, los efectivos del Ejército Español destacados en África se sublevan e intentan pasar el estrecho con el concurso de la aviación alemana. Sin embargo, Preston añade uno de los escasos elementos de tensión narrativa en la obra y, gracias a la heroica intervención de un radiotelegrafista en Madrid (en un episodio un tanto hollywoodiense en su concepción, hay que reconocerlo) la Armada permanece fiel al gobierno, entorpeciendo las labores de traslado de las tropas. El incidente hace fracasar el golpe, pero sólo retrasa la victoria de los sublevados, aunque ésta se produce tras una larga y cruenta guerra civil que se salda con centenares de miles de muertos y concluye en 1939.

En la narración de la Guerra Civil, Preston vuelve a mostrar su impericia. Para retratarnos una República patéticamente sola ante la máquina de terror del fascismo, el autor hace a las potencias occidentales (Francia e Inglaterra incluidas) girar la cabeza y negarle su ayuda, como en esas películas de sobremesa en que la heroína es abandonada en el peor trance por su familia y sus amistades y ni siquiera es creída por la policía. Lo que Preston no explica es cómo, estando la República prácticamente sola ante lo mejor y más experimentado de sus fuerzas armadas, en coalición con los ejércitos alemán e italiano, es capaz de resistir tres años antes de capitular. El autor inglés no se da cuenta de que, queriendo mostrarnos un panorama agónico y apocalíptico, nos está dando a entender que el terrible caudillo que gobernará después la España alternativa durante 40 años era un completo inútil como militar y estratega.

Habiendo vencido sus ejércitos, Franco queda como Caudillo de España en 1939. Y aquí termina lo poco que puede tener de interesante la obra, porque el resto (la mayoría del libro) es un auténtico tostón. Preston no explica por qué, tras la derrota del Eje, Franco puede continuar en el poder, e incluso se permite el chascarrillo de colocarle junto a el presidente Eisenhower en el lugar de Juan Negrín en la visita de 1959 (alguien debería reprender al maquetador de Silente por la mala calidad del montaje de Photoshop) lo que ya entra dentro de lo grotesco. Tampoco explica demasiado bien porque España no entra en la II Guerra Mundial de parte del Eje.

Después vienen décadas de aburrimiento. En el tiempo interno de la novela y en el subjetivo del lector, que ve cómo pasan páginas y páginas sin que nada ocurra. Franco inaugura un pantano, Franco pesca un atún, Franco cesa a un ministro, Franco firma una sentencia de muerte... En el mundo alternativo construido por Preston, España es la única dictadura de la Europa Occidental, aunque no llegamos a comprender del todo de qué forma sobrevive a la caída de los regímenes nazi-fascistas y por qué razón la situación es tolerada por el resto de democracias del entorno.

Otro de los puntos flojos de la narración es de la oposición al régimen. Una vez instalados Franco y su camarilla en el poder, nadie parece interesado en disputarle éste. Se podría haber añadido un gran elemento narrativo de tensión de haber introducido el factor de una resistencia armada, al menos una oposición clandestina articulada, sin duda financiada por las principales potencias democráticas. Sin embargo, el inglés supone que los españoles viven felices bajo un régimen opresor de extrema derecha y no hacen otra cosa más que pasar la frontera francesa para ver películas eróticas y repartir algunos pasquines. Y no sólo eso, sino que americanos, franceses e ingleses, que tantos recursos y vidas habían destinado a combatir a Hitler y Mussolini, iban a permitir a Franco continuar en el poder. Es inverosímil e irritante.

Y tras haber supuesto antes que el gobierno republicano español era lo bastante inepto como para consentir un golpe de estado fraguado con su conocimiento bajo sus propias narices, Preston ataca de nuevo el honor nacional y el de nuestra República, como sólo un inglés podría hacerlo, haciendo que el dictador (que resulta más ridículo que siniestro, hay que decirlo) muera en su cama en medio del fervor popular en noviembre de 1975. Quizá el lector haya muerto también para entonces, sino de aburrimiento, sí de un ataque de justa ira patriótica.

No quisiera terminar sin hacerme eco de algunos rumores maliciosos que circulan por Internet. No les hice caso hasta que los administradores de la página web Bemonline, personas dignas de todo crédito, se pusieron en contacto conmigo. Se dice —aunque desde Bem no se pronuncian— que Paul Preston no sería el auténtico nombre del autor; es más, ni siquiera sería inglés, sino español y muy español. Su auténtica identidad sería la del crítico y aficionado Agustín Jaureguízar, y la obra sería uno de sus conocidos chascarrillos, uno especialmente elaborado. El autor de esta crítica tampoco se pronuncia, pero hace constar algunos hechos: primero, que Franco, el Caudillo ficticio de Paul Preston, y Agustín Jaureguízar nacieron ambos en El Ferrol. Segundo, ciertamente, he podido averiguar que hubo una familia Franco conocida por Jaureguízar en su infancia, aunque el pequeño Paquito murió en 1898 durante el bombardeo yankee de El Ferrol. Tercero, y quizá definitivo, Jaureguízar mantiene una columna semanal sobre ucronías en la mencionada página Bemonline. Así que todo sería un inmenso chiste personal.

Broma demasiado alargada o plúmbeo ensayo de historia alternativa, FRANCO, «CAUDILLO DE ESPAÑA» es una obra pionera en el género que ojalá encuentre continuidad en nuestro país.


Notas

Preston rescata una antigua palabra castellana para imitar la alemana Führer y la italiana Duce, lo que quizá sea su único acierto.

Con la excepción de algunos envíos de armas y asesores de la URSS. Por cierto, que las intenciones hacia España de Stalin en ese mundo alternativo tampoco quedan claras ni bien explicadas.

Preston se ceba a modo con el bueno de Negrín. En el mundo alternativo, el presidente muere en París el exilio, en 1956, olvidado por todos e incluso expulsado del PSOE (¿y qué más?) No contento con ello, el inglés sustituye su monumento de la madrileña Plaza de Castilla por otro a (agárrense) José Calvo Sotelo, a quien libra de ser arrestado, juzgado y fusilado por espiar para los nazis en 1943, ya que es asesinado en 1936 por miembros de la Guardia de Asalto. Un despropósito monumental y una muestra más de la utilización de la ucronía para las vendettas personales de los autores.

© Mario Moreno Cortina, (2.488 palabras) Créditos

Para no despistar los posibles interesados, y para los que a estas alturas todavía no hayan caído en la cuenta de que esta reseña es un bromazo genial, ahí van los datos bibliográficos reales del extensísimo ensayo de Preston.

FRANCO, CAUDILLO DE ESPAÑA Paul Preston
Título original: Franco: a biography
Año de publicación: 1995
Editorial: Nuevas Ediciones de Bolsillo
Colección: Ensayo nº 82
Traducción: Diana Falcón, Teresa Camprodón
Edición: 2003
ISBN:
Precio: 10 EUR