VIDA DE MOTEL
VIDA DE MOTEL Willy Vlautin
Título original: The Motel Life
Año de publicación: 2006
Editorial: Norama Editorial
Colección: La otra orilla
Traducción: Nuria Salinas
Edición: 2007
Páginas: 249
ISBN:
Precio: 16 EUR

Hay algo atractivo en las historias crepusculares. Quizá sea lo inexorable del destino de los protagonistas, quizá la desnudez con la que se presenta el alma humana, o simplemente algo tan simple como saberse a salvo de todas y cada una de las desgracias que se suceden en las páginas del libro. En el caso de VIDA DE MOTEL hay un poco de todo, pero principalmente queda la sensación de que en este tipo de historias, además de un destino tortuoso e incierto, hay una buena dosis de mala suerte y, sobre todo, mucha estupidez. Al menos eso es lo que acaba por concluirse tras leer las aventuras de los hermanos Flannigan.

Tienen la mala suerte de quedar huérfanos de madre en plena adolescencia. Su padre no cuenta, se trata de un jugador compulsivo que les había abandonado hacía mucho. Sin embargo la madre, avisada con tiempo del casi seguro desenlace de su enfermedad, les deja todo arreglado para poder sobrevivir sin demasiadas complicaciones hasta que, en un futuro muy cercano, puedan ganarse la vida por si mismos. Un admirable ejercicio de previsión que, dentro de la mala suerte, asegura un futuro a corto plazo medianamente decente.

Sin embargo es, no mucho después de la muerte de la madre, cuando la estupidez empieza a surgir a borbotones. Se puede pensar que unas circunstancias tan especiales curten prontamente a los hermanos Flannigan y les aportan el mínimo de madurez, y sobre todo lucidez, suficientes como para salir adelante. Pero no, se comportan como lo que en realidad son, unos adolescentes descerebrados, y todo se va al carajo.

En la contraportada del libro se habla de ternura, de solidaridad, pero en realidad VIDA DE MOTEL es una historia sobre la estupidez humana. La frase lapidaria que pretende marcar el destino de ambos hermanos es: Supe que la mala suerte nos había encontrado a mi hermano y a mi. Y nosotros la cogimos y nos atamos los pies con ella. Cuando en realidad debería ser: Vivíamos relativamente bien y sin sobresaltos pero a base de hacer el imbécil y cagarla una y otra vez nos vimos algo más que jodidos. Ambos Flannigan tienen la magnífica habilidad de tomar las decisiones equivocadas precisamente cuando la alternativa es, sin discusión, infinitamente mejor. No tienen perspectiva, ni visión de futuro, ni siquiera acumulan experiencia. Son definitivamente idiotas.

Ante tal percepción la lectura de las aventuras de ambos hermanos resulta un tanto ociosa, siempre pensando A ver como te las arreglas ahora para meter la pata, para comprobar que efectivamente toman las peores decisiones en el peor momento. Analizándolo fríamente, lo único malo que realmente les pasa, sin que ellos lo hayan inducido, es la muerte de su madre que, con todo, no les deja en mala situación. El resto de las circunstancias les son favorable: caen bien a la gente, no se dan a los vicios, si exceptuamos la cerveza y el tabaco, las chicas les miran con buenos ojos, sus jefes, si se deciden a conservar un empleo, les tienen por buenos trabajadores, poseen un notable talento artístico... En fin, un par de idiotas.

Willy Vlautin (no le conozco, ni siquiera en su faceta musical) es un narrador competente y sobrio. En esta novela, incluso, es capaz de intercalar una buena cantidad de cuentos breves dentro de la historia principal de forma muy elegante, y relatar las desventuras del los hermanos Flannigan con eficacia, sin que le sobre o le falte una palabra, o eso da la impresión tras el tamiz de la traducción.

VIDA DE MOTEL no es una mala novela, pero puede que transmita otra sensación de la que, en apariencia, pretendía el autor.

© Francisco José Súñer Iglesias, (611 palabras) Créditos