EL SECRETO DE LOS DIOSES OLVIDADOS
EL SECRETO DE LOS DIOSES OLVIDADOS Rafael González
Título original: ---
Año de publicación: 2009
Editorial: Grupo AJEC
Colección: Albemuth Internacional nº 28
Traducción: ---
Edición: 2009
ISBN:
Precio: 16 EUR

La mezcla de géneros es algo muy habitual en la, propiamente, literatura de género. Lo habitual es que un género preste la escena en la que desarrollar una historia de variado índole. Por lo general los géneros base son aquellos capaces de exhibir escenarios espectaculares y exóticos: la ciencia-ficción, el western, o la historia en todas las épocas son buenos ejemplos. Sobre ellos, se relatan historias que poco o nada tiene que ver con el atrezzo: policiaco, romántico o aventurero, el relato y personajes podrían ser perfectamente intercambiables con cualquier otra época y situación. Tanto es así que en no pocas ocasiones un simple ejercicio de reemplazar todo consigue resultados tan espectaculares como divertidos. Tómese cualquier novela de Brad Geagley y transfiérase a la China Imperial o la monarquía Trastámara y con unos mínimos ajustes la historia no habrá cambiado en absoluto.

Esto tiene la desventaja de que algunos autores, llevados por el entusiasmo y el cúmulo de ideas, acaban no ya por mezclar géneros, sino por agitarlos y amalgamarlos hasta el punto de que parecen olvidar la coherencia propia de la obra, y ésta deriva por derroteros de lo más desconcertante. Resulta bastante incómodo sobre todo cuando se crean unas expectativas iniciales que acaban siendo desechadas por no se sabe que extrañas circunstancias. El secreto debería estar en tener claro que es el escenario y que se quiere contar sobre él, las derivas progresivas no ayudan a hacerse con la complicidad del lector, sino más bien a desconcertar y, si la cuestión se exagera, hasta irritar.

Es lo que ocurre con esta novela de Rafael González. La verdad es que el propio título: EL SECRETO DE LOS DIOSES OLVIDADOS no lleva a engaño, describe literalmente como termina la novela, lo que no es óbice para que Rafael González plantee una historia de corte muy distinto a su culminación. Sería interesante saber si el título es anterior o posterior a la génesis del libro.

Lo que empieza como una prometedora ucronía termina como el rosario de la aurora entre superhéroes desquiciados y muy pasados de vueltas. El escenario es interesante: 1929, la Gran Guerra acabó de forma muy distinta a la realidad histórica. El Imperio Alemán y su aliado el Imperio Austro Húngaro, con la inesperada ayuda de los rusos Blancos, consiguen ganarla y extender su hegemonía por Europa. La cosa no es tan sencilla, por supuesto, los austríacos se han sentido traicionados al tener que transigir con las conveniencias geopolíticas de sus poderosos aliados germánicos, y por las calles de Viena aún resuenan voces de venganza contra los rusos, del color que sean. Las potencias vencidas siguen al acecho de la dominante Alemania, que por el este vigila a los rusos Rojos, pujantes y amenazadores aunque permanentemente hostigados por los Blancos. Por supuesto, en la Francia ocupada la résistance maquina, conspira y trajina con todo lo que está a su alcance para minar el poder e influencia del invasor boche.

Hasta aquí todo bien, el arranque de las aventuras de los dos principales protagonistas, Marcel DeFer y Jean Fontanabella está plagado de detalles que prometen una entretenida aventura tecnopulp (hace treinta años que quedaron atrás los tiempos del steampunk, ahora hay diesel y electricidad por todos los lados) con algún que otro tinte magufo, empezando por una en apariencia inocente búsqueda de la Atlántida por parte de un grupo de sabios de corte más bien inofensivo. Todo apunta en ese sentido: un extraño material de propiedades energéticas formidables (la teoría necesaria para La Bomba estaba en desarrollo, a falta de los últimos detalles) fábricas llenas de ingenios bélicos imponentes, y una guerra en ciernes.

Pero no, Rafael González se desvía de ese camino y empieza con otra novela, donde los caballeros teutónicos viven milenios en algo parecido a una animación suspendida esotérica, seres espectrales vagan por el mundo engañando al ojo humano, púberes lánguidas ven el futuro en sueños y una pandilla de atlantes olvidados por todos, hasta por si mismos, se lían a mamporros en escenas que parecen sacadas directamente de un enfrentamiento entre Goku y cualquiera de sus archienemigos.

¿Resultado final? Entretenido, pero decepcionante. O se cuenta una cosa o la otra, resulta frustrante hacerse unas expectativas de Grandes Movimientos Diplomáticos y campos de batalla llenos de máquinas de guerra fabulosas, e incluso algún objeto de Propiedades Misteriosas, (bueno, también hay de todo eso, pero lo justito) para acabar inmerso en una lucha a muerte a tres asaltos entre IronMan y Silver Surfer. No es que Rafael González no sea capaz de construir una historia hilada y trepidante, quizá demasiado trepidante, pero esa indefinición en lo que realmente le interesa lastra mucho el libro, que acaba por dar la impresión de ser una de esas series Z desquiciadas y desopilantes, en las que el Hombre Lobo, la Momia y Frankstein luchan a katanazo limpio contra Drácula y los siete Vampiros de oro en una plataforma petrolífera en la ría de Vigo, bajo la mirada atenta de una pareja de la Guardia Civil (de los pre-constitucionales, mostacho en ristre y hostia del derecho y del revés para pedir los papeles)

Obviamente, si eres de los que gustan de esa clase de excesos vas a pasártelo en grande.

© Francisco José Súñer Iglesias, (871 palabras) Créditos