TIJERAS: USO Y DISFRUTE
por Ramón San Miguel Coca

—Ahora, mi preciosa chiquilla, vamos a disfrutar los dos de lo que tengo planeado. Voy a hacerte una demostración práctica de los usos y posibilidades de las tijeras. Ya verás que divertido es. ¡Mira cuantas tengo! De todo tipo y clase, para darle más variedad. Las he ido guardando para ti ¿Qué te parecen?

»Ah, perdón. Olvidaba que con la mordaza no puedes contestarme, claro. Es una pena, sí, pero inevitable. No queremos que nadie nos interrumpa durante la demostración, ¿verdad?

»Las tijeras son unos objetos verdaderamente fascinantes. Dos hojas afiladas y muchas veces puntiagudas unidas por un simple tornillito. Una herramienta que revolucionó muchas artes y oficios. ¡Un invento genial! A mí siempre me ha gustado juguetear con ellas… Pueden cortar, pinchar, clavarse, agujerear… sus posibilidades son múltiples y variadas, y hoy, con tu inapreciable ayuda, vamos a probar todas las que podamos..

»Empecemos, pues, sin mas demora, que te veo impaciente y nerviosa. Vamos a comenzar por éstas de aquí. Mira que pequeñitas y agradables. Son tijeras de costura, hechas para rasgar ropa, deshilvanar y cortar hilo… Nos servirán para ir quitando tu ropa. Con cuidado, eso sí, de no romper las cuerdas, claro. Solo tu vestido. Luego iremos sacando los trozos por entre ellas y te dejaremos todo lo desnuda que las tijeras puedan conseguirme… Veamos: un tajo por aquí, un corte por allá…Queda profesional, ¿eh?

»Bueno, pues ya casi está. Te he pinchado y arañado un poco, pero está bien. Sólo es un poquito de sangre, nada más. Un pequeño aperitivo como anticipo de lo que va a venir. No te impacientes, que ahora seguimos avanzando en la demostración, por caminos más apropiados. Vamos con las tijeras de peluquero. Largas, fuertes, con una punta fina en un lado, hojas bastante afiladas para cortar incluso el pelo más rebelde… Mira, se meten por entre los mechones y se corta así, y así, y… ¡vaya! Se me ha ido la mano y tu oreja tiene un cortecito… No importa, ahora aprieto más fuerte… ¡y ya! La oreja limpiamente fuera. Y para que la otra no sienta envidia… ¡ya! Ambas orejas bien recortaditas….

»Ahora, tras el corte de pelo, un poco de manicura. ¿Ves estas tijeritas? Afiladas y curvas, para adecuarse a la forma de las uñas de los deditos… Herramientas de precisión, se diría. Cortamos, una uñita… otra.. ¡Espera! Me he pasado un poquito… Vamos a tener que eliminar estas uñas completamente, que se le va a hacer. Algo que, por cierto, dicen que duele un poco… ¡Hala! ¡Ya están fuera las de las manos…! Pero todavía nos faltan las de esos lindos pies….

»Bueno, pues ya hemos terminado con la manicura. Veo que intentas gritar, a pesar de tu mordaza. Hice bien en ponértela, ¿no? Que conste que ya te había dicho que dolería. Pero ahora que los veo, no se, no se…el aspecto de los dedos, la verdad, deja un poco que desear. No importa, lo vamos a arreglar con la próxima demostración..

»Tomemos estas tijeras tan grandes y pesadas. Son de jardinero y sirven para podar plantas. Con la aplicación de una pequeña fuerza puede cortar incluso las ramas más duras, dar forma a los setos, eliminar brotes de los árboles… Aquí no tenemos un árbol, pero observa esos deditos tuyos. ¿No parecen tiernos brotes? Verás con que facilidad salen, a pesar del hueso… ¡Uno! ¡Otro! Ahora cambiamos de mano… ¡bien! ¿No quedan bonitas, como un seto recién podado?

»Y ahora, los de los pies. Intentaré hacerlo de un solo corte para cada uno, para que notes la potencia de estas tijeras. ¡Así! ¿Ves que fácil? Estas maravillas son mis favoritas, las más fuertes y poderosas…

»¿Quieres descansar un rato? No, mejor no. Tenemos mucho tiempo, pero prefiero no desperdiciarlo, por si acaso. Así que mejor sigamos. Ya descansarás profundamente más tarde.

»Pasemos a estas de aquí. Las tijeras de cocina. Mira, estas son especiales para pescado. Recias, gruesas. ¿Sabes como funcionan? El pescadero, o el cocinero, meten una punta por el orificio del pez, cortan el vientre y le sacan con un rápido movimiento todos sus órganos internos, dejándolo limpio por dentro… Contigo no será posible hacerlo del todo, pero al menos… Veamos, ¿Qué agujerito podemos usar…? ¡Sííí! Ese, claro… Abrimos las tijeras, introducimos suavemente la puntita… ¡je, como en el chiste! Bueno, disculpa la frivolidad, no he podido evitarlo. Ya está. ¿Notas el frío de la hoja dentro de ti? Entra muy suavemente. Se desliza hacia dentro como si hubiera sido diseñada para esto. Y ahora prepárate: ahí va un corte fuerte y rápido… ¡Pena no poder seguir…!

»Ya vamos terminando…Mira estas tijeras tan largas, finas y afiladas. Realmente no se para que son, pero ¿a que son bonitas? Míralas fijamente… Hemos cortado, pinchado y extraído, ahora vamos a clavar… Mira que punta más fina tienen… mira más de cerca… Más cerca… Ya… ¡Que bien entran en el globo ocular! ¿verdad? Ahora, un golpe brusco… ¡y el ojo salta fuera! ¿No es genial? No, no, el otro no. Aún queda un poco de demostración para que veas…

»Es agotador todo esto, lo sé. Te noto la cara de cansada. Pero ya está a punto de terminar. Ahora volvemos a las tijeras de podar. Ya te he dicho que son mis favoritas. Si se abren lo suficiente, pueden incluso abarcar tu precioso y largo cuello… No se si podré hacerlo de un solo golpe. Me parece que no tengo fuerza suficiente. Pero vamos a intentarlo…

—Borjita, hijo, ¿se puede saber donde andas? —tronó la voz de su padre, impaciente, desde el salón. La súbita llamada sorprendiendo al chico en el momento en que las tijeras chascaban, cortando el cuello de la muñeca de su hermana de un solo golpe— Oye ¿no habrás visto tú mi colección de tijeras? No están en su sitio.

—Sí... las tengo aquí... Perdona papá, no sabía que las necesitabas –contestó Borja, con voz trémula.

—¡Pues claro que las necesito, coño! —gritó su padre—. Yo buscándolas por todas partes y vas y las tenías tú. Es mi muestrario del trabajo, y no debes enredar con ellas. ¿No te he dicho mil veces que con estas tijeras no se juega, que las necesito para vender? Tráelas aquí, antes de que te cortes.

Borja recogió todas, las enrolló en su envoltorio protector, y se las llevó a su padre, la cabeza gacha.

—¡Algún día vas a hacer algo que se vea y vamos a tener que salir corriendo al hospital, ya veras! Por lo pronto, y para que aprendas, ¡este domingo te quedas sin paga! —su padre le dio un suave capón mientras cogía cuidadosamente su muestrario y se lo ponía bajo el brazo—. Ahora me voy a bajar al sótano, que tengo un trabajo urgente que hacer. Esto, ah, sí... dile a mamá cuando vuelva de recoger a tu hermana que estaré muy ocupado el resto de la tarde, ¿vale? Que tengo uno de esos trabajos, y que no se le ocurra molestarme.

Borjita asintió, y volvió al cuarto de jugar, mientras su padre cerraba cuidadosamente con el cerrojo la insonorizada puerta y bajaba por las escaleras, con un brillo de anticipación en sus ojos.

—Perdona el retraso, querida —dijo con voz excitada a la joven atada y amordazada que aguardaba allí—. Ahora vamos a disfrutar los dos de lo que tengo planeado. Voy a hacerte una demostración práctica de los usos y posibilidades de las tijeras...

FIN

Guadalajara, julio de 2009

Con agradecimiento a mis lectores beta del Escuadrón Delta y en especial a Juan Manuel Conde.

© Ramón San Miguel Coca, (1.261 palabras) Créditos