PAUL NASCHY, IN MEMORIAN
por Antonio Quintana Carrandi
Paul Naschy
Paul Naschy

El cine fantástico español está de luto. Paul Naschy, o Jacinto Molina Álvarez, que tanto monta, ha fallecido a los 75 años de edad víctima de un cáncer. Actor, director, guionista y productor, Naschy nos deja un impresionante legado de filmes que son referentes obligados para el estudio y comprensión del cine de género europeo. Fue un artista con mayúsculas, un profesional del séptimo arte entendido en su acepción más pura, la del entretenimiento. Él sabía, como sabemos todos los cinéfilos, que el cine nació como espectáculo de barraca, y que ese espíritu de feria no debía perderse jamás. Por eso apostó siempre por el cine de género, en concreto el de Terror, y luchando contra viento y marea, logró que el fantástico español fuera reconocido y admirado allende nuestras fronteras… aunque en su propio país la crítica supuestamente seria y muchos de sus colegas del mundillo del celuloide le ningunearan.

De haber sido inglés o norteamericano, sería una celebridad mundial, y su obra habría gozado en su patria del reconocimiento que merece. Como era español, tuvo que luchar contracorriente para hacer el cine que quería. Comenzó su carrera como extra en algunas superproducciones hollywoodenses rodadas en España, mas su momento estelar llegó en 1968, cuando protagonizó la cinta del director Enrique Eguiluz LA MARCA DEL HOMBRE LOBO, colaborando también en el guión. Este título fue un éxito de tal calibre que se distribuyó fuera de España, siendo la primera película española de género que cosechó los laureles del triunfo en el extranjero. A partir de ahí, Naschy se convirtió en el Vincent Price español, encarnando magistralmente, en filmes sucesivos, no sólo licántropos, momias, vampiros, zombis y otros monstruos, si no también al doctor Jeckyll y mister Hyde, e incluso al mismísimo Jack el Destripador. Pero su mejor creación fue, indudablemente, la de Waldemar Daninsky en el citado film de Eguiluz, que le convertiría en el hombre-lobo más famoso de todos los tiempos y originaría varias secuelas protagonizadas por el mismo personaje, el noble polaco condenado a transformarse en una bestia sanguinaria las noches de Luna llena. Como Jacinto Molina no era un nombre muy comercial para un actor, decidió adoptar un seudónimo, y así nació oficialmente Paul Naschy: Paul por el papa Pablo VI, y Naschy en honor a un halterófilo húngaro, al que conoció en su época de luchador profesional. Porque es obligado recordar aquí que también fue un consumado deportista, obteniendo siete veces el título de Campeón de España de halterofilia.

Pero mientras en el extranjero sus seguidores eran legión, y sus películas obras de culto, en España, a excepción hecha de los aficionados al fantástico, se le siguió ignorando olímpicamente. En el desierto de estulticia creativa que es el cine español, Jacinto Molina fue una rara avis, un lobo solitario que nunca se apuntó a modas pasajeras o realismos falsarios. Defendió siempre el cine clásico de género, por ser, según sus propias palabras, el más exportable y extemporáneo. Fiel a sus principios, continúo trabajando a destajo, escribiendo, produciendo, dirigiendo e interpretando un puñado de cintas de terror que han devenido en verdaderos clásicos, convirtiéndole en el único mito europeo del cine fantástico. Buena parte de sus películas fueron rodadas en coproducción con otros países europeos, e incluso con Japón, por lo que jamás tuvo que recurrir a las subvenciones ni plegarse a los condicionamientos impuestos por los organismos que las conceden. Y como suele suceder, sus cintas, realizadas con presupuestos modestos, generaron a la larga más beneficios que la mayoría de los filmes financiados mediante subvención.

Hombre polifacético, poseedor de una cultura enciclopédica, destacó como dibujante de cómics y portadista, y con el alias de Jack Mills publicó numerosos bolsilibros, principalmente del género Oeste. A pesar del desinterés mostrado hacia su persona y obra por los cultos de siempre, Naschy saboreó las mieles del triunfo, siendo galardonado en los festivales de Amsterdam, Oporto, París, Nueva York y Sitges, además de recibir la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes en el año 2001 (más vale tarde que nunca) y presidir el Círculo de Escritores Cinematográficos.

Jacinto Molina Álvarez ha muerto. Paul Naschy vivirá eternamente en el Olimpo de los Grandes del cine. Su figura está al mismo nivel que las de Christopher Lee, Peter Cushing, Bela Lugosi, Boris Karlof, Peter Lorre o el genial Lon Chaney senior. Al igual que Narciso Ibáñez Serrador y Antonio Isasi-Isamendi, se decantó con firmeza por un cine comercial no exento de calidad artística, en clara contraposición a la cinematografía oficialista. Su obra seguirá conservando su frescura y vigencia cuando ya nadie se acuerde de otras producciones del cine español, supuestamente más enjundiosas.

© Antonio Quintana Carrandi, (775 palabras) Créditos