CINE ZOMBI
CINE ZOMBI Ángel Gómez Rivero
Título original: ---
Año de publicación: 2009
Editorial: Calamar Ediciones
Colección: Cine
Traducción: ---
Edición: 2009
Páginas: 492
ISBN:
Precio: 24 EUR

Siendo el género fantástico minoritario en nuestro país no es de extrañar que no esté aún desarrollado en múltiples aspectos. Por un lado, la producción nacional no es lo bastante abundante ni variada como para crear la masa crítica necesaria. Por otro lado, la producción extranjera —léase aquí anglosajona— llega a nuestro país con cuentagotas e incompleta, lo que se une a nuestra negativa en rotundo a hablar otros idiomas para mantenernos en la periferia de lo que realmente se está cociendo en el mundo en lo que toca al fantástico. Al margen, desde luego, de la calidad de nuestros autores.

Pero si en cuanto a narrativa aún podemos mirar cara a cara a los demás, en lo que toca al ensayo y la crítica España es, y créanme que me duele mucho decirlo, provinciana. Pongamos un ejemplo: Me moló la película es una opinión. Esta deconstrucción desmitificadora del clásico provocó en mí hondos sentimientos de estupor y catártica maravilla es también una opinión. Aunque vaya encuadernada en cartoné. Sigue siendo una opinión. Y ya saben lo que dice el refrán.

Las opiniones no nos sirven de mucho, excepto como entretenimiento para quien las escribe y las lee —que es la razón por las que yo las escribo para ustedes—, y sin embargo, por nuestros lares todos estamos acostumbrados a llamar crítica a lo que hacemos. Por ejemplo, la carpeta de Mis documentos en la que guardo estos documentos se llama Criticas.

Los libros de ensayo en España siguen una tónica similar, con pocas excepciones. El libro del que vamos a hablar hoy, CINE ZOMBI, de Ángel Gómez Rivero, no está entre ellas, ni creo que el autor lo pretendiera.

Quizá no sea culpa suya. Hace unos pocos meses, un escritor de ciencia-ficción amigo mío y yo hablábamos precisamente sobre los ensayos de género yo comenté que el problema que yo le veía a la mayoría de ellos era que se limitaban a resumir películas o novelas con diversos grados de minuciosidad, pero no interpretaban los datos que ofrecían. Mi amigo me contestó que eso para él era una ventaja, puesto que lo único que él quería era le contaran los argumentos de las novelas y no le calentaran la cabeza, y que eso de interpretar datos que a él le sobraba. Supongo que la mayoría del público desea exactamente eso.

De CINE ZOMBI se podría hacer exactamente el mismo comentario. Gómez Rivero resume una tras otra las que parecen ser todas las películas de zombies que se han hecho en la historia del cine. Causa pasmo pensar en la paciencia que tuvo este hombre para visionar centenares de películas de un género que no se distingue precisamente por su variedad ni por su calidad artística. Porque lo primero que nos queda claro cuando llevamos leída la mitad del libro es que se puede decir sin temor a estar siendo víctima de los prejuicios que todas las películas de zombies son iguales. Era lo que yo sospechaba tras haber visto menos de media docena de ellas, incluyendo REC y 28 DÍAS DESPUÉS y ahora lo tengo meridianamente claro.

El resumen de los argumentos viene acompañado casi siempre por comentarios divertidos y anécdotas del rodaje, especialmente cuando trata de las aportaciones españolas al género, cuyo desarrollo parece haber vivido muy de cerca.

El título del libro podría haber sido Diccionario enciclopédico del cine zombie y eso resumiría perfectamente sus virtudes y defectos. Porque si bien tenemos a mano una guía inapreciable para comprar o alquilar películas de esta temática, también es verdad que nos quedamos con las ganas de conocer la forma y las circunstancias en que un mito caribeño de origen africano saltó a las pantallas de cine, por qué ese zombie/esclavo caribeño se transformó en el infectado postnuclear que todos reconocemos ahora, cómo evolucionó el género...

La división que se ha aplicado al libro no me parece demasiado acertada. Películas pertenecientes a una misma serie son tratadas en capítulos diferentes en función de un criterio que no me ha quedado del todo claro. Y en alguna ocasión se habla primero de la tercera parte de una trilogía, para hablar muchas páginas después de las dos primeras en una sección diferente.

Creo que la obra, sin variar el enfoque —aunque no lo comparto— habría ganado mucho si se hubiera optado por la forma de un diccionario (estoy pensando en THE ENCYCLOPEDIA OF SCIENCE FICTION de John Clute y Peter Nicholls) con algunos artículos para aclarar determinados puntos. La presentación por la que se ha optado hace muy difícil utilizar el libro como manual de consulta, que era a priori su principal mérito, ya que los capítulos forman bloques compactos de texto sin subdivisiones.

Como puro objeto de diseño, el libro es uno de esos sólidos argumentos para mandar al carajo el libro electrónico. Está magníficamente editado, diseñado y maquetado, tal y como Calamar Ediciones acostumbra, y resolverá a muchos la duda de qué narices regalar al amigo friki estas navidades.

Mi comentario sobre CINE ZOMBI acaba aquí, lector y te invito a cerrar la página si sólo buscabas orientación a la hora de decidir si quieres comprar el libro o no. Lo que viene a continuación es una cuestión puramente personal que he dudado mucho si incluir aquí.

Verán: por razones que no vienen a cuento, estoy muy sensibilizado con determinados temas y es muy posible que mi impresión sea puramente subjetiva y pido de antemano perdón si me estoy equivocando. Pero creo que hablar de el actor moreno Menganito, para referirse a un actor negro, a estas alturas de la Historia, no es de recibo. Como no lo es afirmar que el protagonista de una película es negro para cumplir con lo políticamente correcto. Y como tampoco lo es afirmar que lo más gracioso de la película REC es la típica verborrea asiática de la pareja de chinos. Estas y otras perlas de racismo en su versión más paternalista que auténticamente xenófoba se encuentran fácilmente en el texto cada pocas páginas. Quizá el autor no es racista. Es más, seguramente no lo es y sólo arrastra formas de expresarse carentes de malicia de un par de generaciones atrás. Pero quizá sea deseable hacer algo de autocensura (la única lícita) en algunas ocasiones. Huir de los excesos castrantes de lo políticamente correcto no debería hacernos caer en el vicio contrario.

© Mario Moreno Cortina, (1.062 palabras) Créditos

Realmente impresionante este trabajo de Ángel Gómez Rivero en un exhaustivo recorrido por las películas de zombis rodadas a lo largo de la historia.

Aunque George A. Romero es el gurú absoluto de éste subgénero del cine de terror y según creen muchos inventor de los mismos, la temática de los muertos vivientes ha sido tratada una y otra vez desde la invención del cinematógrafo.

Para situar al lector no avisado (que ya me extrañaría que quedara alguno) los zombis son herencia del culto vudú practicado en el Caribe y Brasil. Un zombi es un muerto reanimado (resucitado sería excesivo) por medios mágicos por el brujo de turno para usarlo como esclavo. Estos zombis son realmente muy aburridos, callados, serviciales y torpones, su máxima capacidad es la de inquietar al bárbaro occidental de turno por su hieratismo y absoluta estupidez. Naturalmente incluso eso, con el tiempo, deja ser atractivo para el espectador y es necesario proporcionar al zombi toda una serie de características a cual más infecta.

Así, cuanto más pútridos mejor, cuanto más come-hombres mejor, en general, cuanto más desagradables, mejor, y eso quien mejor supo entenderlo fue el citado George A. Romero que con LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES transformó de paso el género de terror que derivó hacia el gore y los excesos del giallo, o como se le conoce en mi familia, las películas de asco, que dominaron el género durante casi cuarenta años. Menos mal que alguien descubrió a finales de la década de 1990 el cine de fantasmas japonés y se recondujo la situación, pero eso ya es otra historia.

Ángel Gómez realiza un exhaustivo rastreo en la historia de la cinematografía rescatando títulos claves para comprender la fascinación que este especial tipo de monstruos ejerce sobre público y realizadores. Mitos como los de Drácula o el monstruo de Frankstein, muerto viviente el primero y revivida recomposición de cadáveres el segundo, aportan los primitivos elementos al zombi cinematográfico, como la necesidad de alimentarse de partes de humanos vivos o esos terribles gemidos y los crónicos problemas de articulaciones que arrastran los zombis desde la tumba. Mención especial también a EL GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI, en el que el brujo/científico mantiene su zombi particular (muy cercano al uso caribeño original) y la película YO ACUSO, de Abel Gance (1919) drama antibelicista que muestra la primera parada de muertos rampantes avanzando hacia la pantalla.

Hasta ahí no estamos hablando de verdaderos zombis. Como ha sido habitual en la historia del cine, hasta que Hollywood no puso sus manos sobre ellos no tomaron carta de naturaleza. Decenas de series B durante los años 30, 40 y 50 van perfilando el carácter del zombi hasta que entra en escena George A. Romero (al que se dedica un par de capítulos) y lo pone todo patas arriba. Desde entonces nada de zombis más o menos inquietantes, el zombi es una amenaza sanguinolenta que se llevará a la boca cualquier trozo de carne humana que tenga a su alcance.

Ángel Gómez no se queda solo en el repaso del cine de género yanki. El fenómeno zombi es tan poderoso y atractivo (es un decir) que ninguna cinematografía lo ha eludido, y desde la venerable Hammer hasta Paul Naschy pasando por la potente industria italiana y japonesa son repasados minuciosamente.

En resumen, un notable compendio del cine zombi (casi quinientas páginas en letra apretada y profusamente ilustradas) que no dejará ninguna duda al respecto.

© Francisco José Súñer Iglesias, (576 palabras) Créditos