LA CALLE DEL ADIÓS
LA CALLE DEL ADIÓS EE. UU., 1979
Título original: Hanover Street
Dirección: Peter Hyams
Guión: Peter Hyams
Producción: Peter Hyams y Paul N. Lazarus III para Columbia Pictures
Música: John Barry
Fotografía: David Watkin
Duración: 109 min.
IMDb:
Reparto: Harrison Ford (teniente David Halloran); Lesley Anne-Down (Margaret / Maggie Sellinger); Christopher Plummer (capitán Paul Sellinger); Alec McCowen (Mayor Trumbo)
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En 1979, dos años después del estreno de STAR WARS, Harrison Ford era ya un actor mundialmente famoso, pero sólo entre el público aficionado a la ciencia-ficción. Afortunadamente para él, se cruzó en su camino este proyecto del gran Peter Hyams, un melodrama bélico con el que Ford pudo demostrar al público y a la crítica que, además de hacer de golfo simpático en una lujosa space opera, podía interpretar personajes con una mayor profundidad psicológica. En este sentido, LA CALLE DEL ADIÓS, aunque no esté considerada por sus fans como una de sus películas más populares, convenció a los mandamases del mundo del cine de que aquel atractivo carpintero, al que George Lucas había lanzado al estrellato, era un actor con mayúsculas, capaz de dar presencia y credibilidad a cualquier personaje que le ofrecieran.

La acción de la película se sitúa en Inglaterra, en 1943, en pleno apogeo de la II Guerra Mundial. En una parada de autobús, situada en la céntrica calle londinense que da título al film, se conocen un piloto norteamericano, el teniente Halloran, y una bella enfermera inglesa, sintiéndose inmediata e irresistiblemente atraídos el uno por el otro. Aunque ella se muestra reticente al principio, acaba sucumbiendo ante la fuerza de sus sentimientos. Comienzan a verse en secreto y su amor aumenta exponencialmente con cada nuevo encuentro, por breve que éste sea. Margaret, que tal es el nombre de la enfermera, está casada con un oficial del Servicio de Inteligencia británico y tiene una hija de diez años. Quiere a su marido, siempre lo ha querido y respetado. Pero la súbita aparición de David Halloran, al que acaba amando más que a su propia vida, la coloca ante la terrible disyuntiva de ser fiel al hombre con el que está legalmente unida y con el que comparte una hija, o dejarse arrastrar por el inmensurable amor que le inspira el oficial americano. El destino se ocupará de poner las cosas en su sitio, haciendo coincidir al capitán Paul Selinger, marido de Margaret, y al teniente Halloran en una peligrosa misión secreta en la Francia ocupada por los nazis.

El film narra una historia de pasión, nobleza y sacrificio. En medio del fragor de la II Guerra Mundial, el conflicto bélico más devastador que conocieron los siglos, un hombre y una mujer, que apenas unos minutos antes eran unos perfectos desconocidos el uno para el otro, se enamoran apasionadamente tras cruzar apenas unas frases. David Halloran encuentra en Margaret Selinger a la mujer que ha estado buscando toda su vida, y ella encuentra en él al príncipe azul con el que, seguramente, soñaba de niña. Ambos llegaron a pensar, sin duda, que esos sueños, esas esperanzas de amor idealizadas durante toda la vida eran sólo eso: sueños irrealizables. Pero algo, llámesele destino, providencia o casualidad, hizo que se encontraran en aquella parada de autobús en la calle Hanover mientras, a su alrededor, el mundo se consumía en la hoguera de la guerra.

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En su día, y sin ser un taquillazo, LA CALLE DEL ADIÓS fue muy bien acogida por el público, que aplaudió la interpretación de Ford en su primer papel romántico. A finales de los 70 la industria del cine había dejado un tanto de lado las historias de amor al estilo clásico, por lo que esta sencilla y emotiva película llegó en el momento preciso. No obstante, el film fue blanco de las invectivas de ciertos sectores de la crítica, que la consideraron noña y anticuada. Allá cada cual con sus gustos y opiniones, pero no puede dudarse que LA CALLE DEL ADIÓS fue, en el momento de su estreno, un soplo de aire fresco en el panorama cinematográfico de su época.

Con esta estupenda cinta, Hyams no pretendía resucitar el cine en su acepción más clásica, como afirmaron algunos críticos irónicamente. El realizador sabía perfectamente, como sabe cualquier cinéfilo que se precie, que el Cine de antaño, el del Hollywood clásico del Star System y los Grandes Estudios, es irrepetible. Hyams, que además de dirigir el film fue el responsable del guión, concibió LA CALLE DEL ADIÓS como un homenaje a una forma de hacer y entender el cine que ya nunca volverá. La mejor prueba de esto la tenemos en el diseño de producción de la película. La ambientación nos remite al cine americano de los años cuarenta, y esto se nota hasta en los títulos de crédito iniciales, que parecen calcados de los de uno de aquellos inolvidables melodramas bélicos de la Metro. Incluso el tipo de letra empleado es idéntico al que se utilizaba entonces para abrir una película.

La historia que narra el film se estructura como un clásico triángulo amoroso, situación argumental todo lo manida que se quiera, pero que funciona a las mil maravillas. Los relatos centrados en una mujer atrapada entre el amor de dos hombres dan siempre buen resultado de cara al público. Y si se sitúa la acción en tiempos de guerra, cuando afloran los peores y también los mejores sentimientos del ser humano, puede decirse que el éxito está asegurado.

Los caracteres de los tres protagonistas están muy bien perfilados por el guionista, y los actores seleccionados para darles vida se esforzaron al máximo para hacerlos creíbles. Ninguno de ellos sobreactúa, ninguno se deja llevar por el afán de destacar sobre el resto de sus compañeros de reparto; dicho de otro modo: en LA CALLE DEL ADIÓS no hay estrellas, sino excelentes profesionales que procuraron dar lo mejor de sí mismos al encarnar a estos personajes, logrando dotarlos de gran credibilidad.

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Leslie Anne Down había conseguido cierta popularidad por su participación en la serie costumbrista ARRIBA Y ABAJO, una de las producciones televisivas británicas de más prestigio internacional. Esta hermosa actriz inglesa logró transmitir al espectador toda la angustia y la desesperación que sacuden a Margaret Sellinger, la dulce enfermera que ve como todo su mundo se tambalea ante la irrupción en su vida de David Halloran. Por su parte, Ford está más que correcto como el apuesto piloto yanqui que se enamora como un colegial, al primer golpe de vista, de esa espléndida mujer que intentó colársele en la parada del autobús. El personaje de David Halloran es mucho más complejo que el de Han Solo, y algunos miembros del equipo de producción del film dudaban que Ford fuera capaz de darle el tono adecuado, pero, afortunadamente, se equivocaron. La interpretación de Ford es excelente, incluso en las escenas más comprometidas, esas que, por su carga emocional, invitan a la sobreactuación. Ford pasó la prueba con nota, y no puede negarse que, aunque no sea ésta una de sus interpretaciones más celebradas, dar vida a un personaje cargado de matices como David Halloran le ayudó mucho en su carrera. En STAR WARS sólo tenía que soltar algún chistecito de vez en cuando, hacer cabriolas disparando un láser y dárselas de espabilado héroe de space opera. En LA CALLE DEL ADIÓS tuvo que interpretar a un hombre profundamente enamorado, algo que puede parecer fácil, pero que en realidad es muy difícil, ya que si no dominas bien el lenguaje corporal, si no actúas con cierta contención en las escenas románticas, puedes caer fácilmente en el ridículo, como esos patéticos actorcillos de culebrón sudamericano. Por suerte, no fue este el caso de Harrison Ford, que nos regaló en este film una de sus mejores actuaciones.

El tercero en discordia es el capitán Paul Sellinger, marido de Margaret y oficial del Servicio de Inteligencia británico. Para mi es, con mucho, el personaje más interesante de la película. Sellinger, profesor universitario en la vida civil, entró a formar parte de la Inteligencia Militar por su perfecto conocimiento del idioma alemán y de la idiosincrasia germánica. El problema es que Sellinger, a pesar de haber recibido instrucción militar, es básicamente un teórico. Lo suyo es organizar operaciones especiales tras las líneas enemigas, pero él nunca ha tomado parte en ninguna de esas misiones. Es un hombre bueno, que ama intensamente a su esposa y adora a su hija. Pero está algo acomplejado, ya que piensa que Margaret merecía haberse casado con un hombre mejor, más audaz, uno de esos héroes que aparecen en las películas. La secreta aspiración de Paul es aparecer como un hombre de acción ante la mujer que ama, y para lograrlo, no duda en reemplazar a un agente que debe saltar en paracaídas sobre Francia, con la misión de apoderarse de ciertos documentos que se encuentran en una caja fuerte en el cuartel general de la Gestapo de Lyon. El avión en el que viaja es alcanzado por la DCA germana, y todos sus ocupantes perecen, excepto Sellinger y el piloto, que no es otro que Halloran. El oficial británico está dispuesto a cumplir su misión sea como sea, y al teniente americano no le queda otro remedio que secundarle.

Las escenas entre Sellinger y Halloran son de lo mejorcito de la película. Por alguna razón, Paul se sincera con David, le habla de su familia, y de lo frustrado que se siente al no haber podido ser el hombre que él piensa que su esposa se merecía. En un momento dado, Sellinger muestra a Halloran una foto de su esposa, y una tempestad de sentimientos contradictorios sacude al piloto americano. Halloran, a pesar de todo, consigue disimular su sorpresa y su dolor. Ambos hombres logran introducirse en el cuartel de la Gestapo disfrazados de nazis, y Sellinger fotografía los valiosos documentos. Pero en el último momento son descubiertos, y tienen que huir abriéndose paso a tiros. Para alcanzar la zona controlada por la Resistencia francesa deben cruzar un puente, pero los nazis les pisan los talones, vuelan medio puente y hieren a Sellinger, que queda precariamente colgado de los restos de la estructura, a punto de precipitarse al vacío. Y aquí llegamos al clímax de la película. Halloran retrocede para ayudar a Sellinger, pero éste le pide que le deje. Y no sólo eso; también le ruega que vaya a Londres a ver a su mujer y le cuente que él, el capitán Paul Sellinger, del Servicio Secreto Británico, el hombre agradable y gris con el que se ha casado, murió como un valiente. Halloran tiene, pues, una oportunidad de oro para conseguir a la mujer que ama. Nada más fácil que hacer caso a ese obstinado profesor universitario metido a espía, salir por piernas de allí y reunirse en Inglaterra con su amada Margaret. Pero David Halloran no es un canalla ni un oportunista, y arriesga su vida, desafiando a las balas nazis, para rescatar a ese oficial inglés que tan pobre opinión tiene de sí mismo pero que, en realidad, es todo un valiente.

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Halloran es uno de los personajes más íntegros que ha representado Harrison Ford. En la escena final de la película, en los pasillos del hospital al que ha sido llevado Sellinger, David vuelve a demostrar de qué pasta está hecho. Mientras Margaret se derrumba en llanto, él mantiene la entereza, aunque su rostro refleja la amargura que le consume por dentro. No pueden seguir con su relación, no está bien, y quiere que la mujer lo comprenda así. La nobleza del aviador americano queda más patente que nunca cuando menciona al marido de ella diciendo: En esa habitación hay un hombre. Es un buen hombre... que ojalá no lo fuera. Tras una reafirmación de sus mutuos sentimientos, Margaret Sellinger, enfermera inglesa, y David Halloran, piloto americano, se separan para siempre porque es lo que deben hacer. Y mientras ella corre a reunirse con su esposo, al que sigue queriendo a pesar de todo, Halloran se pierde entre el denso tráfico de Hanover Street, que para él será desde ahora LA CALLE DEL ADIÓS. Del adiós más amargo y difícil de toda su vida.

La película es, básicamente, una historia de amor, pero también satisfará a los amantes del cine bélico. Las escenas de acción, que cubren todo el tramo final de la cinta, son a un tiempo sobrias y espectaculares. Puede que nos sepan a poco pero, como se ha dicho, ésta es una historia de amor en tiempo de guerra, y no una historia de guerra salpicada con un poco de romance. Un dato curioso: los aviones americanos que aparecen en el film son auténticos aparatos de la II Guerra Mundial, magníficamente conservados por la RAF. Se trata de bombarderos medios bimotor North American Mitchell B-25, uno de los mejores aviones de combate que se emplearon en aquel conflicto bélico.

Con casi treinta años a sus espaldas, LA CALLE DEL ADIÓS sigue siendo uno de los mejores melodramas bélicos que se hayan filmado. Disfrutémoslo.

© Antonio Quintana Carrandi (2.111 palabras) Créditos