LA ISLA
LA ISLA Aldous Huxley
Título original: Island
Año de publicación: 1977
Editorial: Edhasa
Colección: Pocket
Traducción: Floreal Mazia
Edición: 1986
Páginas: 395
ISBN:
Precio: 9 EUR

Una cuestión que siempre me ha tenido un poco amoscado es la gran aceptación de las filosofías orientales en occidente. Hay que siguen prefiriendo el viejo cristianismo, en cualquiera de sus encarnaciones, o el puro y simple ateismo cínico, pero el caso es que el entusiasmo evangelizador por esas formas de entender la vida me parece bastante curioso. Pensemos, por lo pronto, que el cristianismo no da, en absoluto, todas las respuestas filosóficas que el hombre se plantea a lo largo de la vida. Bastante se ha estirado esta versión sectaria de la religión de unos pastores de cabras nómadas, y muchos esfuerzos intelectuales han efectuado pensadores y teólogos para adaptar a cada momento histórico las premisas fundamentales del dios de la zarza ardiente. El resultado ha ido desde lo benigno a lo desastroso. Sin entrar en más profundidades, el cristianismo ha hecho más o memos el mismo bien que mal a la humanidad; transplantar la forma de entender la vida de un beduino a la cumbre de los Andes no parece, de entrada, una buena idea.

De ese nodo, no veo mucho sentido en transplantar las formas de entender la vida de Asia a Europa (hay una cierta justicia poética en esto, no lo niego) climas, entornos, culturas... se parecen muy poco, ese ambiente da lugar a unas pautas de comportamiento específicas, que transportadas a otros entornos, otros ambientes, provocarán seguras incompatibilidades y conflictos. En general resulta bastante grotesco renegar del cristianismo (aunque más bien habría que hablar de sus iglesias) y dar por sentado que lo que viene del lejano oriente es filosóficamente excelente. Afortunadamente en occidente no sufrimos de la imposición de ese tipo de filosofías, de lo contrario, quizá entonces se viera el cristianismo (que no a sus iglesias) con otros ojos.

Todo este fárrago viene a cuento de que unas de las cuestiones subyacentes de este libro es la negación de todo lo que hace y ha hecho occidente. Por un lado está el puro afán depredador al que, por simples cuestiones objetivas, no se le puede poner más objeción de que la ambición es un deporte universal, cosa que por lo demás queda patente en la novela, y por otro la furibunda crítica que se hace del modelo de familia occidental, de la forma de ver la vida de los occidentales y del cúmulo de fracasos en los que los occidentales convierten su vida. Esto no es intrínsecamente malo, la autocrítica siempre es sana, pero deja de ser reflexiva cuando pasa a ser comparativa, no es tanto el hecho de que se cometan errores y se esté en situación de corregirlos como que se planteé que el vecino de al lado no es que lo haga mejor, sino que ha conseguido la perfección, y que además esa perfección ha sido gracias a no se que milonga sandunguera venida no se sabe exactamente de donde, y a la que no se cuestiona en absoluto ya que resulta ser, propiamente, perfecta.

En ese punto se deja de leer el libro con una actitud intelectualmente proactiva y se pasa al modo de novela de intriga.

Will Farbaby llega de forma accidentada a la isla de Pali. Es periodista y agente de su adinerado suegro, que le ha destacado en misión secreta a la propia Pali, y a la cercana Rendang, para hacerse con una más que suculenta concesión petrolífera. Farbaby es el típico occidental cínico, aunque sensible, lleno de contradicciones, dudas existenciales y demás farfolla doctrinaria, que una vez ha entrado en contacto con las cuasi perfectas gentes de Pali se traiciona a si mismo, a su misión y a su suegro, se pasa al lado luminoso y, aunque el desastre es previsible, renuncia a su angustiada vida anterior para abrazar la filosofía vital de los palinenses. Esto resumidamente, en breves palabras, estilizando mucho el argumento.

No hace falta ser un genio para comprender que la novela es una fábula, una sucesión de exageraciones dirigidas a llamar la atención sobre aspectos oscuros de una sociedad entera, pero molesta, a mi al menos mucho, cuando se fundamenta en la comparación interesada y acrítica con el objeto de comparación.

© Francisco José Súñer Iglesias, (691 palabras) Créditos