CASAS MALDITAS, LA ARQUITECTURA DEL HORROR
CASAS MALDITAS, LA ARQUITECTURA DEL HORROR Ángel Gómez Rivero
Título original: ---
Año de publicación: 2007
Editorial: Calamar Ediciones
Colección: Cine
Traducción: ---
Edición: 2007
Páginas: 347
ISBN:
Precio: 20 EUR

Extenso y bien documentado, este libro de Ángel Gómez Rivero hace un exhaustivo repaso por toda la imaginería de las casas malditas de la historia del cine desde los pioneros hasta las más recientes (2007) producciones. Como preámbulo hay un capítulo a las casas de fama inquietante que es posible encontrar por el mundo, y otro a un breve repaso al tratamiento que han tenido en la literatura. Para finalizar, dedica un capítulo en exclusiva a la casa encantada por excelencia: el castillo de Drácula.

El fenómeno de las casas encantadas, habitadas por espíritus o simplemente poseedoras de una atmósfera malsana e inquietante, ha acompañado a la humanidad desde que se internó en la primera cueva. La oscuridad, el silencio roto por sonidos indescifrables, el abandono, los olores húmedos y sucios, todo ello, basta para convertir cualquier caserón solitario en una fábrica de rumores y leyendas. Si además la historia de la casa se ve salpicada de episodios truculentos susurrados a medias y magnificados por el paso del tiempo, las presencias fantasmales se hacen fuertes en alcobas y salones. Por supuesto, la panoplia de monstruos habitual no puede faltar: fantasmas más o menos etéreos, licántropos en pena, vampiros siempre hambrientos y los nunca inocentes psicópatas. Con toda esta colección de fenómenos poner el pie en una de esas casas supone caer en una vorágine de desdichas sin fin.

La forma en la que el cine ha tratado estas casas va desde la humorada descacharrante, hasta la truculencia más sangrienta. Clásicos del cine de humor como Stan Laurel y Oliver Hardy o Abbott y Costelo hacían reír al espectador gracias a la patochada magnificada de sus propios terrores. Por otro lado, los vampiros expresionistas movían a la inquietud a espectadores todavía no demasiado acostumbrados a que el celuloide fuera sólo un vehículo artístico. Con el tiempo las casas y sus habitantes fueron cambiando, de pasadizos secretos y criaturas extrañas pasaron a tener vida propia, a exigir el pago en carne por la invasión de excursionistas despistados o herederos sin mucho seso.

La lista de películas que repasa Gómez Rivero es enorme, y poner ejemplos de cada época o cada circunstancia un tanto ocioso. Cabe destacar la clasificación que hace de estas casas diviéndolas en cuatro tipos:

  • A: Casas encantadas vivas.
  • B: Casas encantadas con presencia sobrenatural.
  • C: Falsas casas encantadas.
  • D: Casas misteriosas no encantadas.

No necesariamente unas son menos terroríficas que otras. Todo depende del horror que guarden entre sus paredes.

El gran defecto del libro, y que lo hace poco útil como obra de referencia, es su total ausencia de índices. La gran cantidad de datos sobre casas, localizaciones, actores, directores y películas quedan diluidos entre las la 350 páginas del volumen. Se echa en falta, por lo pronto, un índice de casas en base a la clasificación propuesta por el autor. Un índice onomástico tampoco hubiera estado de más, otro de películas se hace necesario por cuanto muchas de ellas sólo están en la memoria de los especialistas, y al lector que busque un dato ocasional o una referencia concreta se le hace muy pesado hojear al azar el libro en busca del mismo.

© Francisco José Súñer Iglesias,
(526 palabras) Créditos Créditos