Apócrifos irreverentes, 35
CAPERUCITA PARDA
por José Carlos Canalda

—¡Abuelita, abuelita, qué dientes más grandes tienes!

—¡Son para comerte mejor! —rugió el Lobo Feroz abalanzándose sobre Caperucita.

Pero no llegaría a alcanzarla, puesto que en ese mismo instante dos hoscos individuos de tez cetrina, ataviados ambos con indumentaria paramilitar, irrumpieron en la habitación interponiéndose entre ambos y haciendo férrea presa de la sorprendida fiera. Pese a su aspecto tosco e hirsuto y su achaparrada estatura, lograron inmovilizar a la fiera tras apenas unos segundos de forcejeo.

—¿Qué...? ¿Qué es esto? —preguntó perplejo a sus captores— Caperucita, ¿quién demonios son estos tipos?

—Quien quiera que sean es algo que no viene a cuento —fue la respuesta de la muchacha—, puedes considerarlos mis guardaespaldas.

—Está bien, prometo no hacerte nada, palabra de lobo; por favor, ¿te importaría decirles que me soltaran?

—Mi querido y peludo amigo, me temo que eso no va a ser posible. Y no porque te tema, te aseguro que nunca has representado un verdadero peligro para mí, y mucho menos lo serías en un futuro; pero conforme a las leyes que rigen el Nuevo Orden todos los cánidos antropomorfos habéis sido considerados como una raza inferior, y como tales, lamento tener que decírtelo, no tenéis cabida en el Nuevo Orden. Así pues, te recomiendo que no te resistas a tu destino, porque entonces sería todavía peor para ti.

—Pero... pero... ¿qué pretendéis hacer conmigo?

—Enviarte al lugar donde te corresponde, junto con tus congéneres y el resto de las razas inferiores. No te preocupes, si acatas las órdenes que se te impartan el trabajo te hará libre.

Y volviéndose hacia los mudos e inexpresivos sicarios, ordenó:

—Llevadlo a la estación y entregadlo al responsable del convoy.

Una vez que éstos hubieron partido con su doliente prisionero, Caperucita sacó el teléfono móvil y marcó un número:

—¡Hola! Soy Caperucita. Sí, misión cumplida. Ah, y procurad que los próximos esbirros que me mandéis sean arios puros, rubios y con los ojos azules; ya estoy harta de tener que bregar con semejante chusma. Sí, ya sé que la cosa está muy mal y que cuesta trabajo reclutar gente, pero todo tiene un límite...

© José Carlos Canalda,
(353 palabras) Créditos