OLVIDADO REY GUDÚ
OLVIDADO REY GUDÚ Ana María Matute
Título original: ---
Año de publicación: 1996
Editorial: Espasa
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 1998
Páginas: 865
ISBN:
Precio: 11 EUR

Esta es una de esas novelas que a fuerza de repetir que son geniales acaban por entrar en el Olimpo de la genialidad, pero también es de esas novelas que muchos comunes de a pie nunca terminan de comprender como demonios ha llegado a ese Olimpo.

No hay nada que objetar al estilo exquisito de Ana María Matute, pero eso no es suficiente como para justificar la excelencia de la obra. Se puede ser delicioso e impecable sin que, aparte de eso, se aporte absolutamente nada más. Ahí es donde empieza a naufragar OLVIDADO REY GUDÚ.

En esencia se trata de un folletón en la tradición de Eugenio Sue, los Dumas, o el propio Benito Pérez Galdós. Esto, en si mismo, tampoco es objetable: si de algo se puede acusar al folletín, las radionovelas y los culebrones es de ser capaces de mantener el interés, de hecho están pensados para tener en vilo al lector, para conseguir su fidelidad a través de la adicción. Si el objetivo se cumple el serial se puede alargar introduciendo más episodios, enredando más el argumento introduciendo nuevos y más retorcidos personajes. No obstante, esto sólo funciona cuando hay una retroalimentación entre el consumidor y el productor, el segundo se amolda a los gustos y preferencias del primero alargando o acortando el serial, dando más protagonismo a según que personajes afortunados, eliminando otros y, en definitiva, escribiendo casi al dictado.

OLVIDADO REY GUDÚ sigue los pasos del culebrón, adoptando varios de sus mecanismos, pero sin contar para nada con el lector, y eso produce el descalabro. Yo, fui capaz de llegar hasta la página 650 (850 tiene la edición de bolsillo de Espasa) antes de perder totalmente el interés por lo que sucedía página tras páginas, además de la forma más triste en la que se puede dejar un libro. Cuando la indignación me lleva a cerrarlo de un golpe y arrojarlo a un rincón (bien, realmente lo dejo en una estantería), el libro al menos me ha provocado alguna emoción, un rechazo sólido y consistente. Sin embargo OLVIDADO REY GUDÚ lo único que consiguió fue aburrirme.

Ciertamente comienza a buen ritmo, la historia del conde Olar y sus descendientes está llena de truculencia, de maldades, crueldad y un salvajismo básico que la hacen muy atractiva, además el libro, por su estructura, se deja leer muy bien, episodios cortos agrupados en secciones que finalmente componen los capítulos. Cuando las circunstancias lo aconsejan es fácil acabar un episodio o una sección sin dejar demasiado descolgado un suceso interesante.

Bien, llegó un momento en el que progresivamente se reducían los episodios que leía, el tiempo que le dedicaba era menor, ya no había lectura diaria, paulatinamente la lectura se distanciaba hasta que un día me di cuenta de que el libro llevaba más de un mes en la mesilla sin abrir, tal y como había caído la última vez (realmente lo movía regularmente cuando hacía la limpieza, con lo que estrictamente jamás llegó a coger polvo) ese mes se convirtió en dos, en tres y al llegar la primavera y saltar ese gen que obliga a limpiar a fondo la madriguera tras la hibernación, lo recogí y lo dejé junto al resto de los libros a medio leer. Muy triste que, tras 650 páginas y a falta de 200 para finalizar, un libro no tenga nada más que decir.

Por si esto fuera poco, Ana María Matute cometió un extrañísimo error. No se si el título lo puso ella o fue una sugerencia editorial, pero parece muy conveniente titular un libro tal y como acaba. Contar primero el final y montar el libro con los sucesos que llevaron hasta ahí no es un recurso extraordinario, pero si resulta desconcertante reventar el final con el título. Propiamente, el nacimiento de Gudú marca el declive de la novela, ahí se cuenta como al joven príncipe se le dan, por arte de birlibirloque, por supuesto, ciertos dones y, en contrapartida, un par de maldiciones gitanas si no hace las cosas como a su benefactor le da por determinar. Llegado ese punto no hace falta ser un talentudo teórico de la literatura para saber como va a acabar la cosa y, llegado el futuro (unas cientos de páginas más adelante) como Gudú la pifiará para hace honor al título de la novela.

Es, indudablemente, una novela exquisitamente redactada, pero de ahí no pasa, cuando esa prosa está al servicio de un tocho de casi novecientas páginas pierde sentido, se convierte en un detalle menor y por último se difumina en la nada. Un gasto inútil, un triste desperdicio de recursos y talento, y lo que pese a todo comienza con fuerza, acaba por convertirse en una novela pesada, aburrida, cansina, afectada, y larga, muy larga, innecesariamente larga.

© Francisco José Súñer Iglesias, (796 palabras) Créditos