LAS HORMIGAS
LAS HORMIGAS Boris Vian
Título original: Les Fourmis
Año de publicación: 1949
Editorial: Bruguera
Colección: Libro amigo nº969
Traducción: José Benito Alique
Edición: 1983
Páginas: 219
ISBN:
Precio: Agotado

Este libro es una buena muestra de las obsesiones, estilo y técnica narrativa de Vian. Muy influenciado por Alfred Jarry y su patafísica Vian desarrolla un París paralelo en el que las cosas no son como deberían ser, los perros hablan y los gatos van de taberna en taberna emborrachándose sin tino, los policías acaban con el crimen por el expeditivo método de acabar con los criminales, incluso antes de que puedan llegar a serlo, y los estudiantes de lapidología, muy aplicados ellos, se llevan la tarea a casa y vuelven a la escuela cargados de los mármoles del día anterior.

En estas historias no se encuentra al Vian de narrativa más depurada, tosco a veces, se deja llevar por el absurdo del mundo que describe y no llega a la concisión y maestría que como Vernon Sullivan consiguió en novelas como ESCUPIRÉ SOBRE VUESTRA TUMBA o TODOS LOS MUERTOS TIENEN LA MISMA PIEL. Por contra, es mucho más amable que en su transfiguración en escritor pulp americano. La delicadeza de los sentimientos y las emociones de los protagonistas de los relatos se hace casi etérea.

Los relatos no son exactamente independientes. Cada uno cuenta una historia diferente, pero todos se ambientan en un mundo onírico y ligeramente desquiciado en el que todo aparece distorsionado y la lógica no responde a la realidad cotidiana. Muchos incluso compartes personajes, como Peter Gna, un médico, o el mayor, enigmático pero arrollador que, dentro de lo posible, inspirara a Moebius su Mayor Groubert al que tantas aventuras hizo correr precisamente en escenarios que recuerdan la realidad desquiciada de Vian.

Estos son los relatos que componen el volumen, algunos más afortunados que otros, aunque en general resultan un tanto difíciles si no se sintoniza con el peculiar sentido del humor de Vian.

LAS HORMIGAS Quizá sea, junto al LOBOHOMBRE, el relato más conocido de Boris Vian. Es una historia bélica que desgrana con extraña indiferencia los horrores de la guerra. Sin embargo la insensibilidad no es tal, sólo una forma de evadir la realidad, como se descubre en su impactante final.

DISCÍPULOS APLICADOS estiliza y se burla de la brutalidad policial. Lune y Paton son dos alumnos de la academia de policía donde se les enseña como reprimir contundentemente cualquier clase de atisbo de incivilidad, por mínimo que sea.

EL VIAJE A KHONOSTROV habla de la incomunicación y de la exigencia de comunicación. Un viajero de tren causa la irritación (mucha) de sus compañeros de compartimento al permanecer en un obstinado silencio.

EL CANGREJO es febril, Jacques Thejardin, flautín agreste de una orquesta de cámara cae enfermo y todo a su alrededor peligra, su dignidad, su trabajo en la orquesta y su propia vida.

EL FONTANERO advierte muy seriamente sobre los operarios demasiado diligentes pero poco atentos, y sobre todo, acerca de la poca atención que pone mucha gente a los asuntos de su propia casa.

EL CAMINO DESIERTO. Un estudiante lapidario (escultor de lápidas) está a punto de casarse con una agraciada joven, pero la precipitación durante su despedida de soltero hace que las cosas no sean todo lo agradables que debieran.

LOS PECES MUERTOS. Si en DISCÍPULOS APLICADOS Vian arremetía contra una policía demasiado celosa de sus obligaciones en este relato carga contra los patronos igualmente brutales y faltos de sensibilidad hacia sus empleados. Solución: la revolución.

BLUES POR UN GATO NEGRO cuenta el esforzado rescate de un gato caído en una alcantarilla, aunque el gato, como buen gato, resulta revelarse como un auténtico canalla tabernario.

LA NEBLINA es el retrato de la pura obsesión, el más surrealista de todos y quizá el más incomprensible.

EL GANSO AZUL es un amable paseo en coche por la campiña. Olivier recoge a Anaïs, autoestopista ocasional, y en compañía del mayor recorren caminos, campos y bosque sin ninguna prisa.

EL EXTRA satiriza los rodajes de cine. Muchos tiempos muertos en los que unos y otros se evaden del aburrimiento como buenamente pueden. También se descubre que en el cine, vocaciones, pocas.

© Francisco José Súñer Iglesias, (666 palabras) Créditos