HELLBOY
HELLBOY EE.UU. 2004
Título original: Hellboy
Dirección: Guillermo del Toro
Guión: Guillermo del Toro, Mike Mignola
Producción: Larry Gordon, Lloyd Levin
Música: Nick Cave, Tom Waits, Marco Beltrami
Fotografía: Guillermo Navarro
Duración: 122 min.
IMDb:
Reparto: Ron Perlman (Hellboy); Selma Blair (Liz Sherman); John Hurt (Trevor ´Broom ´ Bruttenholm); Jeffrey Tambor (Tom Manning); Rupert Evans (John Myers)
Comentarios de: Javier Iglesias Plaza

De cómo Rojo me dejó frío... o por qué no me gustó HELLBOY (The Movie)

Para los despistadillos e incautos diré que Rojo es el apelativo con el que amigos y conocidos llaman a Hellboy, vocativo éste, cromático y llamativo donde los haya, que en inglés (Red) debe quedar la mar de bien en pantalla (que se le pregunten si no a la Señorita Escalaaata), pero que, traducido literalmente al español (¡Ey, qué pasa, Rojo!), no sólo queda como un pegote insufrible a soportar durante todo el metraje, sino que, sacado de contexto y rememorando viejas heridas bien nuestras, podría dar lugar a algún que otro desagradable malentendido (¿Es Hellboy comunista? y, en tal caso, ¿vota a Izquierda Unida?) En fin...

Pero vamos al lío, que es lo que interesa, y éste no es otro que abundar sobre por qué Red, o sea Rojo, o sea Hellboy, el Chico Avernal que me acaba de dar por bautizarlo en castellana parla, es un film que me dejó más bien frío, que es como decir que no me gustó nada en absoluto, pero no helado del todo, ¡ojo!... si no a qué iba a estar yo escribiendo todo esto...

Hellboy, siempre con una carga de Muerte a sus espaldas...

Podría esgrimir no pocos motivos por los que esta me parece una película fallida y muy mediocre, tirando incluso hacia el suspenso, y no tendría para ello más que referirme, uno por uno, a los males ya endémicos que azotan al cine fantástico moderno, a saber, guiones flojos o directamente inexistentes, argumentos insostenibles y desequilibrados, situaciones vergonzantemente inverosímiles, diálogos estúpidos cuando no directamente lobotomizantes, personajes endebles e inconsistentes de puro planos, preponderancia total de unos efectos especiales hiperbólicos cuya magnificencia sólo pretende ocultar la total carestía de una historia cabal que narrar, ritmo endiablado y videoclipero, o, lo que es lo mismo, atropello, decibelios, epilepsia, ¡aaarggghhh! arritmia fílmica terminal, en suma... De todo esto hay un poco (o un mucho, según caracteres) en el HELLBOY de Guillermo del Toro, pero no voy a concretar nada de ello, entre otras cosas, porque me agotaría cantidad y la vida es muy corta...

El Trío Calavera...

Me conformaré, empero, con esgrimir un argumento en su contra, si acaso mucho más poderoso que todos los anteriores, que no es otro que el ¡ABURRIMIENTO! tal que así, con mayúsculas y entre signos de admiración, con un cabreo de la hostia, vamos. Sólo con esto puedo justificar por qué no me gusta esta película y quedarme tan pancho, sin buscar ningún otro tipo de explicación, ya que no existe, pienso, peor pecado en un film de este tipo, de esos que ahora se da en llamar de evasión, que acabar pidiendo la hora mucho antes de los títulos de crédito. No vale la pena engañarse, aquí de Ingmar Bergman nada de nada; uno puede aguantar cierta pesadez, cierta morosidad en la narración, incluso algo de tedio en la pantalla, si la historia que te están contando tiene algo de mínimamente trascendente a nivel significativo, si te hace reflexionar de alguna forma sobre cualquiera de las Grandes Cuestiones, pero en la película de Guillermo del Toro no hay ni sombra de todo eso. Es tremendamente simple (que no sencilla), plana (que no clara), y justita, justita (que no concisa). Ni siquiera el mismísimo Hellboy, que es un tipo raro de la hostia, mitad hombre, mitad demonio preternatural, y que lo desconoce todo de su origen, muestra la más mínima inquietud metafísica y/o existencial para con su propia naturaleza o su papel en este mundo (o cualesquiera otros) de tan llano que está perfilado su carácter.

Así las cosas, si el invento no te entra por los ojos porque vuelve a ser un más de lo mismo; infografía desaforada y gratuita, pirotecnia grandilocuente e inexpresiva, acción embarullada e ininteligible, argumentos estultoides...; y mucho menos te cabe en la cabeza porque en realidad tomas conciencia de que no te está contando nada, que todo es un puro y vacío artificio, ¿qué queda?. mirar el reloj una y otra vez, impaciente, hastiado, pidiendo la hora... lo que decía, ¡ABURRIMIENTO!

Lo peor de todo, quizá, es todo lo malo que toda esa mediocridad y todo ese aburrimiento confirman, a saber, que el hipotético talento del director mejicano (que tanto apuntaba en esa maravilla vampírica llamada CRONOS) se haya evacuado por el retrete, perdiéndose definitivamente para el buen cine de género. Después de aquella herejía fílmica que atendía al título de BLADE II este HELLBOY bien puede tomarse como la venta completa y final de su personalidad cinematográfica a la gigante maquinaria hollywoodiense de quebrar el Séptimo Arte, pasando de este modo a formar parte de la nómina de directores-marioneta de la industria. Y tanto es así que, sin ir más lejos, apenas veo diferencia alguna (en la malo, claro) entre su HELLBOY y LA LIGA DE LOS HOMBRES EXTRAORDINARIOS de Stephen Norrington, UNDERWORLD de Len Wiseman, VAN HELSING de Stephen Sommers, y otras tantas cuyo nombre y paternidad prefiero obviar. Todas fotocopias de un mismo patrón... y, si mi apuran, hasta la del matachupasangres high-tech me gustó más, lo que es muuuucho decir...

Guillermo de Toro, poco acertado últimamente

A esta bajada de pantalones ante esos que ponen la pasta, cada vez más frecuente, cada vez, también, más sangrante, se deben achacar sin duda las peores taras del film; esa enésimo-tópica historia de amor entre bella y bestia, y que se antoja sosa, tonta, y menos creíble que una charla de Jiménez del Oso; ese nuevo compañero con el que desarrollar una relación amor-odio-celos al más puro (y nauseabundo) estilo buddy movie; el maniqueo y cansino enfrentamiento entre las fuerzas del Bien (¡qué buenos somos, chicos!) y las fuerzas del Mal (¡hay que ver qué malas, las muy jodidas!), y que termina, ¡cómo no! con la victoria de las fuerzas de la Luz en un Happy End típico, tópico y torpón (que para eso somos yankis y dominamos el mundo y pagamos impuestos, oyes). Lo del final se antoja particularmente insufrible, puesto que, como es costumbre, cuando ya los malos malosos han llevado la partida al final humillando a los buenos buenazos, ganando con todas las de la ley, y ya se abren las puertas del infierno anunciando la destrucción de toda la Humanidad... justo entonces, el héroe, que estaba acabado y en las últimas, recurre a sus más hondos y buenos sentimientos, usualmente aderezados con pizcas de amor (por la chica) y ansias de venganza (por el padre asesinado), para resurgir de sus cenizas y aplazar el Apocalipsis para mejor ocasión (la secuela, supongo) con una facilidad pasmosa (y sospechosa... ¡qué fácil resultó todo al final!). Es lo que vende... o al menos lo que dicen que vende los estudios de mercado...

Os gusta mi pose de... Habéis matado a mi padre, cabrones... ¡lo pagaréis caro!

Lo que más duele, no obstante, es la película que, entre todos, echaron a perder. Teniendo en cuenta el tono oscuro, macabro, tenebrista y preternatural que emanan los mejores cómics de Mignola sobre el personaje, el resultado volcado sobre la pantalla no puede ser más decepcionante. Del Toro optó por un espíritu demasiado normal y ortodoxo para retratar un personaje y un universo que pedían a gritos adjetivos como barroco, retorcido, horrorífico, angustiante, salvaje... y lo que consiguió no fue otra cosa que trivializar lo sobrenatural, banalizar la sombra y entibiar la asfixia, rematándolo todo, además, con una vena de humor facilón, pretendidamente desenfadado, que provoca que el film redunde en su ridículo y acentúe su vacío. No cabe duda de que este tipo de adaptación (que no hubiera desentonado tanto en un comic Marvel, pero que me repatea verdaderamente los higadillos en uno como el Hellboy de Mignola) vino dictada hasta cierto punto por productores y demás caterva ejecutiva, deseosos de un dinero fácil y, en consecuencia, una película fácil también, para la buena digestión del Gran Público, sin cosas raras. Mas el hecho de que un ¿cineasta? como Del Toro se pliegue a estas servidumbres y luego venda el producto (sí, producto) como una traslación a la pantalla sincera y fiel, nacida de su amor por el personaje en viñetas, no puede ser tomado sino como una prueba más de esa carencia de personalidad (incluso integridad) cinematográfica a la que antes aludía.

El Hellboy de Mignola, definitivamente desaprovechado

En resumen, que como película en general, y fantástica en particular, no llega, ni de lejos, a unos mínimos de calidad aceptables. Como adaptación del cómic del cual parte, se queda muy en la superficie, de paso desperdiciando definitivamente para el cine un personaje y unos materiales magníficos. Y, finalmente, como puro entretenimiento, sin más, como espectáculo de evasión aburre soberanamente (veo más adecuada la etiqueta de escapista, más que nada por las ganas que te entran de salir despavorido de la sala a la hora de proyección) Así que, visto lo visto, este tío fortachón y musculoso, con rabo largo y cuernos cortos, comunista o no, no me pone nada, nada, la verdad... Si al menos fuese hincha del Osasuna...

© Javier Iglesias Plaza, (1.466 palabras) Créditos
Publicado originalmente el 17 de octubre de 2004 en TannHäuser