Apócrifos irreverentes, 27
¡VAYA ODISEA!
por José Carlos Canalda

Después de veinte largos años de ausencia y azaroso peregrinar por todo el orbe conocido, Ulises Laertíada vislumbró ante él la costa de su amada Ítaca. Al fin había concluido su interminable destierro, sin que las duras pruebas a las que había sido sometido por los rencorosos dioses hubieran conseguido doblegar su indómito tesón.

Volvía a su reino tras superar innúmeras tribulaciones en las cuales se había visto obligado a enfrentarse con dioses vengativos, gigantes sanguinarios, hechiceras maléficas, ninfas caprichosas, sirenas asesinas y otras mil adversidades sin cuento, una interminable y cruel odisea durante la cual fueron quedando en el camino los camaradas que le habían acompañado a la ya lejana y olvidada guerra. Tan sólo él entre todos ellos había logrado sobrevivir, de forma diríase que milagrosa, a los inhumanos obstáculos con los que le había probado el destino. Pero todo lo daba por bien empleado ante el inminente final de sus desdichas. Esa misma noche dormiría en la cálida cámara nupcial de su palacio, tiernamente abrazado por su fiel Penélope.

Sin embargo, no puedo evitar que un punto de incertidumbre ensombreciera su semblante. Después de tanto tiempo podían haber ocurrido muchas cosas, y no todas necesariamente buenas. ¿Encontraría a Ítaca muy diferente de como la dejara al partir rumbo a la lejana Ilión? Para bien o para mal, se dijo, pronto saldría de dudas.

Al llegar a la playa y hollar con fervor la tierra de su patria, Ulises alzó la vista al cielo en agradecimiento a sus dioses protectores. Fue entonces cuando vislumbró algo que le heló la sangre, algo que jamás habría esperado encontrar allí. Alzado sobre unos robustos mástiles, gruesos como el cuerpo de un hombre, un enorme cartel ocultaba a su vista el interior de la isla. Pero lo peor no era la inquietante presencia del extraño reclamo, sino el demoledor mensaje que leyó con desesperación:

SU TIEMPO ES ORO. NO LO PIERDA INÚTILMENTE
VIAJE CON NOSOTROS
CON AIR TROYA HABRÍA LLEGADO MUCHO ANTES

© José Carlos Canalda,
(312 palabras) Créditos