Apócrifos irreverentes, 19
LA DÉCIMA PLAGA
por José Carlos Canalda

Y Jehová dijo a Moisés:

—Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón, tu hermano, hablará al faraón para que deje ir de su tierra a los hijos de Israel. Pero yo endureceré el corazón del faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová, cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos.

Fueron, pues, Moisés y Aarón ante el faraón, e hicieron como lo había mandado Jehová. Sin embargo, el corazón del faraón se endureció, y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová dijo a Moisés:

—El corazón del faraón está endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo. Ve por la mañana al faraón, cuando baje al río. Saldrás a su encuentro y le dirás: Jehová, el Dios de los hebreos me ha enviado a ti, diciendo: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva en el desierto; pero hasta ahora no has querido oír. Así ha dicho Jehová. En esto conocerás que yo soy Jehová: voy a golpear con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre.

Moisés y Aarón hicieron como lo mandó Jehová. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová envió una plaga de ranas. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová envió una plaga de piojos. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová envió una plaga de moscas. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová envió una peste que diezmó al ganado de Egipto. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová hizo enfermar de pústulas a los egipcios. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová envió una granizada que destruyó cuanto se hallaba sobre los campos de Egipto. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová envió una plaga de langosta. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová envió unas tinieblas que duraron tres días. Pero el corazón del faraón se endureció y no los escuchó, como lo había dicho Jehová.

Entonces Jehová envió la décima y más mortífera de todas las plagas que se abatieron sobre Egipto: la televisión. Y cuando el faraón vio cómo sus súbditos atendían a los programas del corazón, los culebrones, las retransmisiones deportivas, las tertulias, los concursos y las mil y una variantes de Gran Hermano, su corazón al fin se ablandó y permitió a los hijos de Israel abandonar Egipto.

© José Carlos Canalda,
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