Apócrifos irreverentes, 8
EL CORREO CORRIDO
por José Carlos Canalda

Miguel Strogoff, el intrépido correo del zar, se había visto obligado a afrontar penalidades sin cuento durante el desempeño de la arriesgada misión que le había sido encomendada por el propio monarca, estando a punto de perder la vista, e incluso la vida en varias ocasiones.

Tras atravesar Siberia luchando contra la inclemente meteorología, la indómita orografía, las bestias salvajes y los crueles tártaros que, sublevados contra la hegemonía occidental, sembraban el caos y la destrucción en los vastos dominios asiáticos del Señor de Todas las Rusias, contra todo pronóstico Miguel Strogoff logró alcanzar finalmente su destino, la ciudad de Irkutsk, donde el Gran Duque, hermano del zar, resistía el feroz asedio al que la tenían sometida las hordas enemigas.

Cuando, minado por las privaciones, pero satisfecho por haber podido cumplir satisfactoriamente su misión, el correo del zar entregó en propia mano la importante misiva al Gran Duque, éste le acogió con extrema amabilidad, recriminándole paternalmente:

—Te agradezco infinito tu inquebrantable lealtad y los sacrificios que te has visto obligado a sufrir en el desempeño de tu tarea, mi querido Miguel, pero ¿para qué te tomaste tantas molestias? Mi hermano ya me había informado hace días por correo electrónico.

© José Carlos Canalda,
(199 palabras) Créditos