Burocracia celestial
COMPETENCIA DESLEAL
por Raúl Alejandro López Nevado

¿Quiere pasar unas Navidades celestiales? Pues no se lo piense más, venga a disfrutar de estas fechas a El Consumo Divino, Avenida de las Glorias nº 25. Y recuerde, si quiere disfrutar como un cochino venga a El Consumo Divino.


De Melchor, Rey Mago del Oriente
A la Cámara de Libre Comercio Celestial, para su tramitación judicial.

Yo Melchor, de edad incalculable, con domicilio en el Oriente, y en representación de la compañía Reyes Magos S.L., y sus asociados: Gaspar, Baltasar y yo mismo

EXPONGO:

Que el personaje que en ciertos cenáculos se hace llamar Papa Noel, y en otros Santa Claus —siendo ambos nombres inadecuados, pues no es padre de nadie ni mucho menos santo—, está incurriendo contra la sociedad limitada que yo represento en un delito contra la libre competencia.

Los hechos son los siguientes:

Pese al acuerdo firmado en 1950, que aseguraba un monopolio para él en los países de mayoría protestante, y uno para nosotros en los de mayoría católica, con una franja de libre comercio para los países de mayoría católica pero habla inglesa, como Irlanda; el susodicho se ha dedicado, cada vez más a invadir nuestro territorio y robarnos el trabajo.

La cosa no tendría demasiada importancia si pudiéramos competir en condiciones de igualdad; pero Santa Claus incurre en varios delitos que le dan cierta ventaja sobre nosotros, y que creemos que han de ser del conocimiento de la Cámara para poder tramitar la oportuna denuncia:

En primer lugar, el Señor Santa Claus ha de determinar claramente cuál es su situación fiscal, para que se le puedan cobrar los debidos impuestos en turrones y chocolatinas. Entendemos que su prominente barriga se ha de tener en cuenta como prueba de que no cumple con el fisco del Divino Estado.

Es injusto que nosotros, como Sociedad Limitada, estemos obligados a declarar todas nuestras ganancias, a la par que repartirlas entre los tres que la formamos, mientras que este personaje escape a sus deberes públicos con inversiones en empresas fantasma como la Coca Cola y La Gallina que Ríe.

En segundo lugar, nos gustaría que se investigue al Sr. Santa Claus por un presunto delito de contratación ilegal de elfos. Nosotros, a lo largo de los años hemos ido contratando un ejército de pajes y pajecillos que nos ayudan a llevar la cada vez más acuciante tarea de confeccionar las listas de reparto, y llevar a cada niño su juguete. Todos nuestros empleados están dados de alta en la Seguridad Celestial y ninguno se encuentra bajo un régimen de empleo temporal. Por lo que hemos podido averiguar, en cambio, el susodicho gordito únicamente contrata a los elfos con un contrato basura cuando ya se acercan las fechas del reparto, y a la mayoría de ellos ni siquiera los da de alta en la Seguridad Celestial. Esta información nos ha llegado de manos de un elfo descontento, que prefiere permanecer en el anonimato, al que nos encontramos después de su trabajo de extra en El Señor de los anillos y que decía que, con lo que acababa de ganar, no pensaba volver a trabajar para ese explotador de Papa Noel nunca más.

En tercer lugar, queremos denunciar un delito de maltrato animal. Como todos sabrán Papa Noel se dedica a pasear su oronda figura, montado en un trineo tirado por renos que, llegado el momento, despegan del suelo e inician el vuelo. Pues bien, tras hablar con eminentes expertos en animales como San Antonio y San Francisco, sostenemos que es imposible hacer volar a un reno si no es proporcionándole grandes cantidades de droga dura. Nuestros camellos, pese a su nombre, nunca han transportado en sus jorobas otra cosa que agua y heno, y llevan trabajando con nosotros desde hace más de dos mil años, mientras que se tiene constancia de algunos renos de Santa que ya han tenido varios problemas de pérdidas en el bosque, probablemente provocados por el síndrome de abstinencia familiarmente conocido como el mono.

En cuarto lugar, queremos denunciar un delito de falsificación histórica. Papa Noel asegura ser un antiguo dios de la mitología nórdica, que hizo los cursillos oportunos para reciclarse como trabajador del santoral cristiano. Sin embargo, tras unas entretenidas charlas con nuestros buenos amigos Thor y Odín, que forman parte de nuestro club celestial de barbudos célebres, quedamos convencidos de que se trata de una falsedad. Por lo que hemos podido averiguar su antigüedad no se remonta mucho más allá de los años treinta, cuando apareció como modelo publicitario para la Coca Cola, con su habitual traje blanco y rojo diseño del ilustrador sueco Haddom Sundblom.

En quinto lugar, y en estrecha relación con lo anterior, queremos denunciar el oportunismo de Santa, a la hora de intentar convertirse en arquetipo de una Navidad laica, cuando a nadie se le debería escapar que, pese a ir de rojo, tras su pacto con la marca estadounidense, se ha intentado convertir en el adalid de la nueva religión del estadounidismo.

Ya para finalizar, en sexto y último lugar, nos gustaría dejar constancia de nuestra mayor queja. Creemos que todo lo anterior podría ser irrelevante si no fuera por este último punto, pues nada podría hacer contra nosotros, pese a toda su competencia desleal, si no se cumpliera. Nos referimos, por supuesto, al terrible, pérfido, malintencionado, ruin, rastrero y malvado hecho de venir a traer los regalos 13 días antes que nosotros.

Por todo ello, RECLAMO:

Que se sancionen todas las actividades ilegales y dudosas del susodicho; que se investigue su persona a fondo a fin de conocer si podemos darle un negocio tan importante como el de repartidor navideño; y, sobre todo, que se ponga fin a la práctica de repartir sus regalos 13 días antes que nosotros. Para solventar este último punto, nosotros propondríamos que, o bien se atrasase su fecha de reparto, o bien se adelantase la nuestra, o bien se hiciera ambas cosas y se dejara la fecha en un día neutral que podría ser, por ejemplo, el 30 de diciembre. Veríamos así quiénes son los verdaderos profesionales en esto del reparto de regalos.

Ya sin más, y esperando que se tomen las medidas oportunas, se despide atentamente:

© Raúl Alejandro López Nevado,
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