LOS 300 ESPARTANOS
LOS 300 ESPARTANOS EE.UU., 1962
Título original: The 300 Spartans
Dirección: Rudolph Maté
Guión: George St. George
Producción: Rudolph Maté, George St. George
Música: Manos Hadjidakis
Fotografía: Geoffrey Unsworth
Duración: 116 min.
IMDb:
Reparto: Richard Egan (King Leonidas); Ralph Richardson (Temistocles); Diane Baker (Ellas); Barry Coe (Phylon); David Farrar (Jerjes); Donald Houston (Hydarnes); Anna Synodinou (Gorgo); Kieron Moore (Ephialtes); John Crawford (Agathon); Robert Brown (Pentheus); Anne Wakefield (Artemisa); Ivan Triesault (Demaratus); Charles Fawcett (Megistias); Michalis Nikolinakos (Myron)

Hay películas que vistas a cierta edad impactan, aturden, entusiasman y quedan grabadas a fuego en la memoria... aunque con el tiempo en realidad no se guarde un recuerdo demasiado claro de ellas. Con LOS 300 ESPARTANOS (o EL LEÓN DE ESPARTA, según prefieran) me ocurrió eso mismo. La vi hace más de treinta años por la televisión (probablemente en blanco y negro) y la epopeya épica que narra me impresionó tanto que mi particular visión del mundo griego antiguo estaba poblada de superhombres valientes y decididos ante los que cualquier mortal debía doblar la rodilla. Aquellos superhombres sólo podían ser vencidos en combate desigual y a traición, y con todo, el morir matando era su lema hasta el final.

Con los años aprendí que aquellos griegos eran una pandilla bastante peligrosa de camorristas fulleros en continua batalla entre ellos: cuando no eran los atenienses contra los espartanos eran los tebanos contra los atenienses, o los corintios contra los atenientes, o los atenienses contra todos o, más habitualmente, todos contra todos. Ni siquiera los míticos espartanos eran aquellos superguerreros invencibles, grandes luchadores desde luego, quizá los mejores de aquella Grecia, posiblemente, pero no invencibles, y eran derrotados regularmente aunque no por ello con menos gloria.

En cualquier caso la realidad no puede, no debe, echar por tierra un buen mito, y menos aún una buena historia, y la de los trescientos espartanos parando los pies a un ejercito que le superaba por decenas de miles de hombres es digno de pasar a la historia y ser contando una y otra vez, incansablemente.

Bien es cierto que los espartanos contaban con algunas ventajas estratégicas bastante importantes. Por lo pronto los trescientos eran ellos, pero los defensores del paso de las Termópilas ascendían a una cifra que rondaba entre los cinco y diez mil efectivos, por otro, el propio paso era una bicoca para los defensores, estrecho y escarpado se ajustaba a la perfección a la típica formación en falange, esto es, una larga fila de hoplitas perfectamente acorazados y mejor adiestrados (ya digo que estaban todo el día zurrándose los unos con los otros, así que todos ellos, no sólo los espartanos, sabían bastante del arte de masacrar) Un escenario tan reducido dejaba fuera a caballería y carros de guerra, imposibilitados de maniobrar, y las tropas persas lo eran todo menos persas. Como el de los grandes imperios el ejército invasor era una amalgama de levas de los pueblos ya conquistados en los que sólo la alta oficialía tenía algo que ver con los conquistadores.

Nos encontramos pues con un paso fácil de defender, cubierto por tropas tremendamente competentes, equipadas con lo mejor de la tecnología guerrera de la época y motivadas hasta la muerte. Ante ellos, un ejército entre veinte y cuarenta veces más numeroso pero discretamente equipado, adiestrado a la carrera, en absoluto motivado y como se demostró, dirigido con no mucha inteligencia.

El resultado fue la matanza de persas (dejémoslo así para no liar más la cosa) que durante cinco días el cuerpo expedicionario griego organizó con las sucesivas oleadas que los incrédulos generales de Jerjes I lanzaban a golpe de látigo contra la muralla de bronce. Veinte mil dicen las crónicas que cayeron antes de que un traidor (faltaría más) indicara a los persas un paso alternativo por el que copar la defensa griega. Con todo, podían haber salido todos de allí porque los persas fueron muy poco discretos a la hora de rodearlos, y tuvieron tiempo de sobra para embarcar a la mayor parte de las tropas. Se quedaron los trescientos espartanos y setecientos de Tespia. Los espartanos por vergüenza torera, Leónidas, uno de sus dos reyes, se había comprometido a detener con el ejército espartano al completo el avance persa en las Termópilas, pero el consejo de ancianos de Esparta mareó la perdiz, y Leónidas tuvo que partir contando únicamente con los trescientos efectivos de la guardia real. Los de Tespia se quedaron porque... si.

El resto ya es leyenda.

Lo sorprendente de la película de Rudolph Maté es lo fiel que resulta a la crónica histórica. Fiel dentro de unos límites, por supuesto, pero en esencia no se escatima nada, no se olvida de nadie ni intenta dar una imagen distorsionada y más heroica de lo que probablemente tenían los propios espartanos de si mismos.

Durante la primera parte de la película se relatan las tensiones dentro de la liga griega para decidir como se debe afrontar el avance persa, las dudas y divisiones entre las distintas ciudades, el inverosímil pero real pacto entre Esparta y Atenas, los desesperados esfuerzos de Leónidas por conseguir el apoyo de sus propios conciudadanos, y finalmente su marcha y sacrificio ante el invasor.

Hay detalles desconcertantes, como el Ave con el que se saludan los unos a los otros (no se si cosa del guión original o de una traducción excesivamente libre) algunas de las subtramas para introducir el inevitable romance, la insistencia en luchar con la capa al hombro (cosa que, tal y como se demostró en LOS INCREÍBLES, es un engorro) junto a otros que cuidan el recuero de los tespios (en segundo plano, pero siempre están ahí) u otros tan curiosos como algún que otro manantial de aguas termales de donde toma el paso su nombre. Otra cuestión confusa es la forma en la que es conocida, al menos en España (en Chile, por ejemplo, el título se tradujo como LOS 300 HÉROES) yo siempre había pensado que se titulaba, traduciendo literalmente, LOS 300 ESPARTANOS, pero hete aquí que todos mis conocidos la recodaban como EL LEÓN DE ESPARTA, y de hecho todas las referencias a ediciones en DVD que he encontrado es a éste último título... sin embargo, en los créditos de la copia que tenido ocasión de revisitar se declama claramente, LOS 300 ESPARTANOS. Los misteriosos designios del marketing de los distribuidores internacionales.

Tampoco los actores son figuras de primera línea, el director, Rudolph Maté, tampoco es de los grandes de Hollywood, aunque dirigió películas como CUANDO LOS MUNDOS CHOCAN, HOMBRES VIOLENTOS, CERCO DE ODIO ó LA LEY DE LOS FUERTES, y fue el director de fotografía de GILDA. Probablemente los productores (el propio Rudolph Maté entre ellos), con buen tino, destinaron el presupuesto a ambientación y extras, que es lo que da realmente volumen a una película de este estilo, dejando la interpretación y dirección a profesionales competentes pero baratos en términos monetarios.

Una película, en definitiva, si bien limitada artísticamente, honesta y que no ha perdido la frescura con el paso del tiempo.

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.092 palabras) Créditos