LOS JARDINES DE LUZ
LOS JARDINES DE LUZ Amin Maalouf
Título original: Les jardins de lumière
Año de publicación: 1991
Editorial: Alianza Editorial
Colección: El libro de bolsillo BA 0760
Traducción: María Concepción García Lomas
Edición: 2003
Páginas: 283
ISBN:
Precio: 8 EUR

El maniqueismo, como concepto, ha quedado reducido a la toma de partido radical. Negro o blanco, frío o calor, bien o mal. Sin embargo en sus orígenes era una filosofía notablemente elaborada y con un alto contenido ascético. Los maniqueos postulaban la dualidad físico-espiritual: el cuerpo del hombre es la oscuridad, el mal, el demonio, el depositario de todos los vicios y depravaciones. El alma, por el contrario, es dios, la bondad, la virtud, la luz. Así, para liberar el alma de su envoltorio el maniqueo se volcaba en el desprecio absoluto por las necesidades corporales que iniciaba el proceso de liberación de la luz de su envoltorio oscuro.

El maniqueismo fue una religión nacida en el imperio sasanida en el siglo III de la mano de Mani, un noble parto que pasó su juventud en el seno de una secta judía de costumbres más que radicales. Pese a ser educado en los usos y costumbres de la comunidad, y no conocer prácticamente otro modo de vida, Mani se rebeló contra lo absurdo de muchos de los preceptos de la comunidad inspirado por un gemelo que le dictaba toda clase de preceptos y revelaciones, y acabó por abandonarla cuando su rebeldía empezó a chocar frontalmente con las rígidas normas que le rodeaban.

Poco a poco las enseñanzas de Mani calaron hondo entre las gentes que le escuchaban, su filosofía era sincrética, casi no dejaba profeta o santón sin citar, de todos extraía enseñanza y virtud, Noé, Abraham, Zoroastro, Platón, Buda y Jesús eran sus referencias más frecuentes, pero no olvidaba a ningún otro dios, o filósofo cuyas ideas apoyaran su modo de ver la vida.

Hasta tal punto llegó la fama de Mani que Sapor I, el emperador sasánida del momento, fue alertado de su actividad, y una vez que le conoció, impresionado por su personalidad, le puso bajo su protección. Pero los magos, la casta sacerdotal mazdeista que controlaba de forma evidente la vida política del imperio vieron en Mani una amenaza para su estátus, y de no mediar la protección del propio emperador hubieran acabado con él antes de que sus enseñanzas se expandieran peligrosamente, pero Sapor I le tenía en gran estima, Mani no le intentaba manipular, ni le llenaba de alabanzas y zalemas, sino que le exponía claramente cuales eran sus opiniones acerca de la gobernación del imperio. A la muerte e Sapor los magos se cuidaron de que la sucesión les fuera favorable en todos los sentidos, y Mani fue acallado finalmente.

LOS JARDINES DE LUZ narra la vida de Mani, desde el momento en el que Pattig, su padre es captado por la secta y obligado a llevar al niño con él hasta su muerte inducida por sus rivales religiosos. Maalouf cuenta en con su estilo sobrio pero eficaz, la ascensión y caída de Mani describiendo con precisión la actitud del personaje, al que los oropeles de palacio le eran indiferentes, y que tenía por toda obsesión transmitir su filosofía y forma de ver la vida. Es también un buen retrato de las intrigas y manejos palaciegos, mostrando como el hecho de que el emperador ostente el poder nominal no supone que pueda ejercerlo de forma efectiva, sólo alguien de gran personalidad es capaz de mantener a raya a toda clase de ambiciosos arribistas que harán todo lo posible para aislarlo de la gobernación.

Sin conocer más que por referencias la personalidad de Mani resulta difícil hacerse una idea de ella a través del libro de Maalouf. La melancolía que es marca característica de sus obras hace que Mani aparezca más como un fatalista que como un profeta iluminado. No es tanto por como describe Maalouf a Mani como por la indiferencia con la que dibuja la actitud del personaje. Mani aparece como un hombre decidido y enérgico, sabedor de que sus palabras y pensamientos son ciertos, nunca duda y sigue siempre adelante, sin embargo no parece importarle nada de lo que le ocurra, y asume su destino, tanto para lo bueno como para lo malo, sin un titubeo ni una duda. Puede que sea ese el carácter del asceta, pero resulta extraño en alguien de la relevancia de Mani, pero es la marca de la casa.

LOS JARDINES DE LA LUZ no resulta tan poético como SIDDHARTHA, no es el estilo de Maalouf, pero es una obra imprescindible para conocer como nace una nueva religión y las tensiones que provoca cuando amenaza a las ya existentes.

© Francisco José Súñer Iglesias, (744 palabras) Créditos