LA ESPOSA DE ALLAN
LA ESPOSA DE ALLAN Henry Rider Haggard
Título original: Allan´s Wife
Año de publicación: 1889
Editorial: Abraxas
Colección: Allan Quatermanin, nº 4
Traducción: Alberto Laurent
Edición: 2002
Páginas: 185
ISBN:
Precio: 10 EUR
Comentarios de: Sergio Mars

En los tiempos que corren, cualquier libro escrito aunque sólo sea unas pocas décadas atrás ya es freak (o, mejor dicho, quien lo lee es freak, en la acepción de rarito de la palabreja) pero es que además la obra de Haggard es fundamental para quien aspire a comprender la evolución del género fantástico (desde la novela de aventuras de toda la vida) a las puertas del siglo XX; Burroughs, Howard, Lovecraft y tantos otros exploraron senderos que él abrió.

Ante todo hay que reconocer que LA ESPOSA DE ALLAN no alcanza la talla de las obras más famosas en torno a Macumazahn (el que mantiene sus ojos abiertos): LAS MINAS DEL REY SALOMÓN (1885) y ALLAN QUATERMAIN (1887) pero es que ahí ya estamos hablando de palabras mayores. En la novela que nos ocupa, Haggard da rienda suelta a su fascinación por el África salvaje y misteriosa que ni siquiera el propio autor llegó a conocer (los hechos narrados acontecen unos quince o veinte años antes de que Haggard llegue a Sudáfrica en 1875) En el mismo texto su personaje se lamenta de que las cosas ya no son lo que eran. Constituye pues, una visión idealizada de la aventura en su estado más puro. Un viaje hacia lo desconocido, más allá de los espacios en blanco del mapa.

En sus (escasas) páginas asistimos a duelos de rayos entre hechiceros negros, cacerías de elefantes, sangrientas incursiones zulúes, desiertos, misteriosos vestigios de razas desaparecidas, una mujer-bestia y muchos otros episodios sorprendentes, de los que ALLAN QUATERMAIN sale vivo gracias a sus aptitudes naturales y a los consejos de Indaba-zimbi, un viejo brujo cafre. Pese a que, una y otra vez, Haggard se esfuerza por proporcionar una explicación racional a los diversos incidentes que rozan lo sobrenatural, lo cierto es que se percibe, allá al fondo, la esperanza insinuada de que lo inexplicable aún tiene lugar en un mundo cada vez menos maravilloso (y han pasado más de cien años de progreso y racionalismo desde entonces) Por último, hay que mencionar la atmósfera de aciaga predestinación que lo envuelve todo, no demasiado ajena a la obra de este autor, cuyos personajes se ven a menudo abocados hacia la tragedia, asumida con un fatalismo que se hace extensible al lector (para ver su exponente máximo, recomiendo encarecidamente ERIC OJOS BRILLANTES, una epopeya vikinga escrita en 1891)

Dejando aparte estas consideraciones, LA ESPOSA DE ALLAN también puede leerse como una extraordinaria novela de aventuras, dejándonos llevar por el enigma de los kraals de mármol, las primitivas pasiones de Hendrika, la mujer-mandril, y las vivencias de uno de los mejores personajes que ha dado la literatura, Macumazahn, Allan Quatermain, el arquetipo del gran cazador blanco enamorado de África, de sus gentes y de sus misterios.

© Sergio Mars, (464 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Mundos Freakticios el 29 de mayo de 2006