Las aventuras del capitán Alatriste, 5
EL CABALLERO DEL JUBÓN AMARILLO
EL CABALLERO DEL JUBÓN AMARILLO Arturo Pérez-Reverte
Título original: ---
Año de publicación: 2003
Editorial: Alfaguara
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 2006
Páginas: 319
ISBN:
Precio: 8, 89 EUR

Y lo cierto es que nunca dióse en otro lugar del mundo semejante concentración de talento y fama; pues sólo por mencionar algunos nombres ilustres diré que allí vivían, en apenas doscientos pasos a la redonda, Lope de Vega en su casa de la calle de Francos y don Francisco de Quevedo en la del Niño; calle esta última donde había morado varios años don Luis de Góngora (...) . Por allí anduvieron también el mercedario Tirso de Molina y el inteligentísimo mejicano Ruiz de Alarcón (...) También el buen don Miguel de Cervantes había vivido y muerto cerca de Lope (...) Por no faltar a lo español y a lo ingrato, conceptos siempre parejos, señalaré que también estaba cerca el hospital donde el capitán y gran poeta valenciano Guillén de Castro, autor de LAS MOCEDADES DEL CID, moriría cinco años más tarde, tan indigente que hubo que enterrarlo de limosna. Y pues de miseria hablamos, recordaré a vuestras mercedes que el infeliz don Miguel de Cervantes (...) había fallecido diez años antes de lo que ahora narro, el dieciséis del siglo, pobre, abandonado de casi todos, (...) pues hasta mucho más tarde, cuando en el extranjero ya devoraban y reimprimían su QUIJOTE, no empezamos aquí a reivindicar su nombre. Final éste que, salvo contadas excepciones, nuestra desgraciada estirpe acostumbró siempre a deparar a sus mejores hijos.

Arturo Pérez Reverte explicaba en una entrevista que en el plan original para la SAGA DE ALATRISTE, había pensado dedicar cada libro a un aspecto de la España del S. XVII: uno a la política, otro a la Guerra de Flandes, otro a la Inquisición, otro a la economía, y otro (de momento el último del que disponemos), al mundo de la cultura y el teatro. EL CABALLERO DEL JUBÓN AMARILLO está precisamente dedicado a este mundo. Por él desfilan algunos de los personajes más importantes de la literatura castellana del Siglo de Oro, lo cual es tanto como decir, algunos de los más grandes genios literarios que ha parido la Tierra. Sin embargo, hay otro tema que planea sobre el libro y que, de hecho, vertebra la acción: se trata del amor. Por un lado el de Alatriste por María de Castro, y por otro el de Balboa por Ángelica de Alquézar; pero es que también se trata del amor, o lo que sea, de Alatriste por La Lebrijana, la antigua prostituta con la que vive amancebado, o de Rafael de Cózar por su esposa María de Castro, a la que no tiene ningún problema en acordar citas con quien lo pague.

Todo empieza con el reencuentro del Capitán con la actriz María de Castro, una de las más importantes y deseadas del momento. Ya habían sido amantes tiempo atrás, y ahora no se hacen ilusiones. Alatriste sabe que de Castro, a parte de estar casada, se acuesta con quien tiene suficiente dinero para comprarla, que aquella mujer que ahora yace en sus brazos, en unas horas lo hará en los de otro, al que dedicará exactamente las mismas palabras de amor con que ahora lo lisonjea; sin embargo, también sabe que lo que le dé a ese otro, se lo dará por un precio, mientras que a él, el único pago que le exige es que le conceda la ilusión de que la ama. Es un flaco consuelo, para un hombre enamorado, pero Alatriste está acostumbrado a no pedirle demasiado a la vida, y a recibir con agrado lo que ésta le regale, de modo que no pretende más.

Por su parte, Íñigo Balboa vuelve a encontrarse con Ángelica de Alquézar. La joven menina de la reina ha crecido, y los encantos apenas sugeridos de la niña y la adolescente se han convertido en las rotundas afirmaciones de belleza de la mujer. Lo más sorprendente es que, pese a todas las maldades cometidas contra Balboa, uno entreve en esta novela que Ángelica, de algún modo, especial y extraño, también ama al muchacho. Se trata de ese amor en el que se unen, como diría Freud, ese taumaturgo, el impulso de eros y de thanatos, el de vida y el de muerte; pero se trata de amor al fin y al cabo.

Uno va leyendo al principio y parece que, acostumbrados como nos tiene el Capitán a meterse en líos a las primeras de cambio, todo va bien. Sin embargo, entonces llegan las advertencias: La plaza está tomada que le dirán sus amigos Guárdate de perder la honra y la cabeza por una mujer. Es el Austria el que ronda la plaza, es decir a la de Castro. El rey se ha encaprichado de la actriz y la quiere sólo para sí. En su descargo cabe decir que ella tampoco parece tener demasiados problemas con la elección, sabe lo que significa tener al rey como amante, y sabe que una oportunidad así no se le volverá a presentar nunca (¿que esto no concuerda con lo que habéis visto en la película? Ah, inocentes, inocentes…) Es el Capitán el que no se rinde, no puede hacerlo de hecho. No se trata de María de Castro, ni de su amor, ni siquiera de su orgullo, se trata de una necesidad casi fisiológica por mantenerse vivo, por mantenerse fiel a sí mismo. Él, que ha llevado el nombre de España por todo el mundo, que ha defendido su bandera bajo el mando del abuelo y el padre de ese rey planeta que la está dejando morir en su indolencia y su desidia, él, el capitán Diego Alatriste y Tenorio, no le debe nada a ese personaje amanerado y egotista que ahora se intenta interponer en su vida. No, ni un rey, ni el mismísimo Dios, pueden hacer que un hombre como Alatriste, al que lo único que le queda es la confianza en sí mismo, se rinda ante lo que cree injusto.

Y ahora sí, por fin la volvemos a tener liada, con una aventura como aquéllas a las que nos tiene acostumbrados Alatriste, con duelos, de palabra y a espada, mucho atrevimiento, y mucha toledana y vizcaína. Y sobre todo una visión mucho más humana del taciturno capitán.


Notas

Que se puede encontrar en la siguiente dirección:
http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=noticias/not_juan_cruz

Aunque haciendo caso de la nueva definición de planeta, que podéis encontrar en el glosario del Sitio, más bien cabría hablar de rey meteorito, por lo poco que lució, y por cómo terminó consumiendo la poca materia que le quedaba en un vuelo inútil.

© Raúl Alejandro López Nevado, (44 palabras) Créditos