Las aventuras del capitán Alatriste, 2
LIMPIEZA DE SANGRE
LIMPIEZA DE SANGRE Arturo Pérez-Reverte
Título original: ---
Año de publicación: 1997
Editorial: Alfaguara
Colección: ---
Traducción: ---
Edición: 1997
Páginas: 251
ISBN:
Precio: 16 EUR

—Vuestras acusaciones son graves.

—Están harto probadas. Ese Juan Coronado no es un clérigo inculto y crédulo de los que tanto abundan, ni un alumbrado, ni un simple solicitante, ni un fanático. Tiene treinta años, dinero, posición en la Corte, gallarda presencia... Es un pervertido que ha trocado el convento en serrallo particular.

—Hay otra palabra más justa, padre —terció el menor de los hijos.

Le temblaba la voz de ira casi en un balbuceo, y saltaba a la vista que se contenía por respeto al anciano. Don Vicente de la Cruz lo reprendió, severo:

—Quizás. Pero estando allí tu hermana, no te atreverás a pronunciarla.

Éste es, para mi gusto el más flojo de la Saga de Alatriste; y sin embargo, es un libro que invita a ser leído, y con el que también se puede pasar un buen rato. El único problema que le encuentro es su aspecto de haber sido pensado como una mera secuela. Es cierto que la historia del Capitán y su fiel escudero Íñigo Balboa avanza, y que algunos personajes, como Ángela de Alquézar, aparecen aquí mucho más definidos que en el primer libro; pero con todo, la idea básica: Quevedo tiene unos amigos con un problema, y se los presenta a Alatriste para que le encarguen una misión, que será la que actúe de motor de la trama, no deja de parecerme un tanto simple. Lo cual, pese a todo, no quiere decir que no sea efectiva, pues una vez arrancada la historia, la novela se muestra como siempre a la altura.

Cuando comentaba el primer libro de la saga, decía que Arturo Pérez Reverte hace con el s. XVII español, lo que Alejandro Dumas había hecho con el francés; pero su deuda es aún mayor. Y esto es perfectamente comprensible, razonable y justificable, pues conciente o inconscientemente, todo autor que escriba novelas de capa y espada, e incluso de aventuras en general, tiene que acabar siendo deudor de Dumas. Al fin y al cabo, se trata de novelas de género, y cada género acaba siendo, en mayor o menor medida, deudo de su fundador, o popularizador. Dicho de otro modo, que así como toda historia moderna de terror acaba debiéndole algo, por pequeño que sea, a E. A. Poe; o toda historia de ciencia-ficción a Julio Verne o a H. G. Wells; toda novela de aventuras debe algo a Dumas (incluso las del propio Verne, cuyas primeras publicaciones tuvieron lugar precisamente bajo su apadrinamiento) En el caso de Pérez Reverte, esto se nota, a parte de en la temática, en la elección de los personajes. Creo que de algún modo, todos los personajes de ALATRISTE tienen sus homólogos en LOS TRES MOSQUETEROS. Veamos si puedo probarlo.

Empecemos con los fáciles: el conde duque de Olivares y fray Emilio Bocanegra son las dos caras del cardenal Richelieu, poder político y religioso, y la ambigüedad que le permite, aun y ser básicamente malvado, tener algunos gestos nobles. Gualterio Malatesta, el mercenario a sueldo de Luis de Alquézar, es desde luego un trasunto del conde de Rocheford, el maluco a las ordenes de Richelieu. Y por su parte, Ángela de Alquézar, apenas una niña aún en esta novela, es la Milady de los mosqueteros, una mujer fatal en toda regla, una tiparraca capaz de arrancarte los ojos con un puñal mientras te convence de lo bien que te sientan las cuencas vacías. Ahora vienen los complicados. Yo diría que Íñigo Balboa tiene mucho de Dartagnan, es joven e impulsivo, pero lleno de valor. El conde de Guadalmedina, puestos a especular, ocupa una posición muy parecida a la de la reina Ana en los mosqueteros, se trata del personaje aliado de los protagonistas mejor situado en la escala jerárquica. Supongo que así, por los pelos, como este último, se pueden ir encontrando muchos más, pero dejo al lector la tarea de buscarlos. Ahora, el que me interesa a mí es Alatriste. Creo que, a poco que se los compare, el personaje más parecido de la obra de Dumas es Athos (Dogos para los que como yo aún se trastabillán con Dartacán cuando quieren decir Dartagnan) Las películas no suelen incidir en ello; Athos, a parte del jefe de los mosqueteros, es un tipo taciturno y serio que parece guardar un secreto, y voto a tal que lo guarda, y de los buenos. ¿No os suena de nada? Pues sí, eso mismo, ya lo he dicho, ya pueden quemarme los perseguidores de herejías alatristianas, pero creo que hasta al propio Alatriste es posible encontrarle un trasunto en LOS TRES MOSQUETEROS.

Hecha esta pequeña reflexión, pasemos a comentar sucintamente la Sinopsis de esta obra. Como decía más arriba, todo empieza cuando Quevedo confiesa a Alatriste que necesita su ayuda para unos amigos. Son éstos, un padre y sus hijos, caballeros valencianos, cuya hija y hermana respectivamente ha entrado a un convento regentado por un capellán que utiliza los hábitos para impresionar más de lo debido a las monjitas. Vamos, que se las pasa por la piedra a todas con la excusa de que ése es un modo de acercarse a Dios, lo cual puede ser cierto en el Tantra oriental, pero no lo es, desde luego, en el Catolicismo occidental. Hasta aquí la situación es lamentable y vergonzosa, pero no deja de ser algo común en la época (1) Pero se complica aún más, cuando el padre intenta sacar del convento a su hija y el capellán lo acusa de no tener una limpieza de sangre impecable, es decir, lo acusa de no ser cristiano viejo, y amenaza con hacerlo público si insiste en sus pretensiones. Es por eso que se proponen asaltar el convento por la noche, y requieren de los servicios de Alatriste. Huelga decir que cuando intentan acometer la hazaña, todo acaba como el rosario de la aurora y ya volvemos a tener a Alatriste huyendo a base de estocadas en todas las esquinas, y al pobre Íñigo haciendo un turismo nada recomendable por las mazmorras de la Inquisición.

De modo que, pese a que empezara este comentario diciendo que no me parece original, y que peca de ser una secuela, el libro me parece más que entretenido, y ayuda como siempre, a hacernos una idea más cabal de esa España antigua, tan parecida a la nuestra, en la que cualquier majadero se las podía dar de gran señor por ser cristiano viejo, mientras que hombres cabales tenían que aguantar la vergüenza de ser considerados ciudadanos de segunda fila, por razón de las creencias de sus abuelos.


Notas

A este respecto es muy ilustrativo el libro ya clásico de Jules Michelet SATANISMO Y BRUJERÍA, donde expone algunos casos de este abuso por parte de los sacerdotes. Véanse especialmente los capítulos; 7. Las posesas de Loudun. Urbain Grandier, 1632-1634; 8. Las posesas de Louviers. Madeleine Bavent, 1633-1647; y 10. El padre Girard y La Cadière, 1730.

© Raúl Alejandro López Nevado, (59 palabras) Créditos