ESCRITORIO
por Francisco José Súñer Iglesias

Quien más y quien menos hace público su escritorio. Cuando hablo de escritorio no hablo de la mesa donde se gestan los más sesudos análisis, los más brillantes artículos, los más sentidos relatos. No, hablo de cuantos y cómo se tienen distribuidos los iconos por la pantalla del ordenador, que fondo-tapiz se ha puesto en esa pantalla, en definitiva, como tiene organizado su espacio de trabajo.

Yo, que precisamente trabajo con ordenadores es una cuestión a la que nunca he dedicado más de unos pocos minutos; tras la instalación del sistema operativo cambio de color del tapiz, borrado sistemático de todos los iconos superfluos y ocultamiento de todas las barras de tareas. Lo que no se pueda encontrar en los menús o situar en la barra de inicio rápido sobra de la pantalla:

Minimalista a tope, y porque es un coñazo llegar al contenido de esos iconos.
Minimalista a tope, y porque es un coñazo llegar al contenido de esos iconos.

Como buen destornillador hipermusculado que es, el ordenador (mis ordenadores) no se presta a excesos estéticos, excesos fatigosos y un tanto estériles porque o bien el escritorio está oculto por docena y media de aplicaciones, o bien el monitor está apagado gracias a los prudentes servicios de ahorro de energía.

Otra cosa es el escritorio real por decirlo así. Tampoco es que sufra de exceso de ornamentación, algunos diplomas y cuadros vistosos colgados de las paredes, algún recuerdo traído de vaya a saber usted donde, alguna foto. Por lo demás material de oficina, decenas de CD's, libros, ordenadores, pantallas, accesorios.

Un rincón para trabajar
Un rincón para trabajar

Lo necesario.

© Francisco José Súñer Iglesias, (237 palabras) Créditos