UN VALOR IMAGINARIO
UN VALOR IMAGINARIO Stanislaw Lem
Título original: Wielkosc urojona
Año de publicación: 1973
Editorial: Bruguera
Colección: Libro Amigo
Traducción: Jadwiga Maurizio
Edición: 1983
Páginas: 186
ISBN:
Precio: Descatalogado

Y así es, en efecto, porque la voz de un millón de Shakespeares provocaría el mismo infernal estruendo que la de una manada de búfalos en la estepa, o la de embravecidas olas en el mar. De la misma forma, una ingente cantidad de significados en conflicto traen al pensamiento no el honor, sino la perdición. Y ante tal fatalidad, ¿no será el Silencio la única salutaria Arca de la Alianza posible entre Creador y Lector, puesto que el primero gana un mérito absteniéndose de idear cualquier tema, y el segundo, aplaudiendo esa manifestación de renuncia? Ciertamente... e incluso podríamos abstenernos de escribir los mismos prólogos, pero, en tal caso, el acto de la mencionada renuncia no sería percibida, quedando sin reconocimiento el sacrificio. Por tanto, mis Prólogos son anuncios de unos pecados que no voy a cometer.

Si algún día descubrieran bajo el colchón de Lem unos cuadernos donde se diera correcta respuesta a todos los grandes problemas y cuestiones de la humanidad, yo desde luego no me sorprendería mucho. Lem es un autor capaz de abordar las cuestiones más espinosas y complicadas de la sociología, la psicología o la filosofía con una total falta de afectación que las convierte en verdaderamente humanas. Lo cual no quiere decir que las simplifique, pues en ocasiones, como es el caso de algunos de los textos de este volumen, no es un autor ni mucho menos fácil. El pensamiento profundo no tiene por qué adoptar ninguna pose trágica, es más, si es verdaderamente profundo, es decir afianzado en las raíces de la vida, debería ser profundamente coloquial; pero eso tampoco tiene por qué convertirlo en sencillo.

Lem, pese a ser en muchas ocasiones un pensador de altos vuelos no necesita de poses. Con él, uno tiene la sensación de estar hablando con una especie de oráculo desenfadado. Y a los viejos oráculos uno no siempre los podía acabar de comprender, pero siempre sabía que podía confiar en ellos. Él dice, bueno amigos, esto es lo que hay, esperabais que os hablara una nube en el desierto, pues vaya, al fin resultó ser no más que una radio que alguien se había dejado olvidada entre las dunas. ¡Una radio! Demonios, ¿qué hace esta radio en mitad del desierto si aún faltan dos mil años para que se inventen las radios?

Lem ya había tratado el tema de los prólogos de libros imaginarios en VACÍO PERFECTO. Allí, la admiración y deuda con Borges eran más que patentes, en UN VALOR IMAGINARIO, en cambio, aún y seguir siendo indudable esa deuda, o mejor, ese aprendizaje de las maneras borgesianas, creo que Lem se aleja de su maestro. Aquí inventa un género nuevo, el de los libros que no pueden existir... de momento. Borges ya había hablado de libros que no existen ni pueden existir (es el caso sobre todo de EL LIBRO DE ARENA) pero Lem hace algo distinto, pues lo que en Borges se queda en el terreno de la mera fantasía filosófica en Lem alcanza los límites de una realidad fantástica. Me explico, Lem sitúa en el terreno de lo posible, por improbable que pudiera ser, esos libros que comenta, mientras que esos otros libros de Borges están en el terreno de lo concebible, nuestra imaginación es capaz de imaginarlos; pero imposible, pues nuestra razón es incapaz de admitir, siguiendo el mismo ejemplo, un libro con un número de páginas exactamente infinito.

Creo que sin más dilación, podemos entrar ya al comentario individual de cada uno de los prólogos que componen este libro.

Cezary Strzybisz, NECROBIAS – 139 reproducciones – (Ed. Zodiak) Prólogo de Stanislaw Estel.

Strzybisz es fotógrafo. Hay que decir que es un fotógrafo singular, puesto que, en lugar de la luz, usa los rayos de Roentgen. (...) Strzybisz se atrevió a una cosa horrenda (aunque ya no debía haber cosas horrendas): pasar por rayos X, y así nos mostró nuestro sexo. Ese ciclo de trabajos de Strzybisz se abre con sus Pornogramas, muy humorísticos, pero de un humor bastante cruel.

Hace más de treinta años Lem ya había previsto a Gunther von Hagens, el supuesto artista alemán que con su técnica de la plastinación conserva y expone como si fueran obras de arte, los cuerpos en diversos estados de disección de unos pobres individuos que los habían donado para el desarrollo de la ciencia. Lo había previsto, y lo había rechazado como lo que es, pornografía cadavérica. Pasada la primera impresión de esos cuerpos que muestran impúdicamente sus vísceras uno no puede sentir ningún sentimiento estético sino únicamente lástima.

Lem ya se anticipó a todo esto, y concibió un artista que trabajase verdaderamente con la muerte sin que ésta fuera una mera pose provocativa. De ahí nació la idea de las NECROBIAS de Cezary Strzybisz. En éstas, la obscenidad de la desnudez de la muerte es vestida con la significación del símbolo. Strzybisz utiliza en sus fotografías rayos X cortos, en lugar de largos, de modo que alrededor de los esqueletos aparece en sus modelos la aureola del cuerpo. Así éste está pero sin estar, como una ola de santidad o un anhelo. El esqueleto es el símbolo de la muerte, pero a su vez en su envoltorio hay una promesa de vida, que ayuda a recordarnos la realidad de esos feos huesos bajo nosotros. Esta unión de la vida y la muerte, se manifiesta con más fuerza en los pornogramas, donde la falta de sentido del acto de vida que supone el sexo, ya que en las fotos no pueden aparecer los genitales, se torna en una especie de alegoría acerca de la falta de esperanza de toda intención y en una fría geometría dinámica del espacio.

Reginald Gulliver, LA ERUNTICA (Ed. George Allen & Unwín LTD, 40 Museum Street/London)

Según aclaración del autor, la erúntica («Die Eruntizit ätslehre»., «Eruntics», «Eruntique».: el nombre proviene de «erunt» = «serán», 3ª persona del plural del futuro de «esse») no se propone ser una variante de la prognóstica o futurología. No se puede aprender, porque nadie conoce las reglas de su funcionamiento. Tampoco sirve para ayudarnos a prever cosas que nos interesan. No es una «ciencia oculta», al estilo de la astrología o dianética, ni una disciplina ortodoxa de ciencias naturales. En consecuencia, se trata aquí verdaderamente de un fenómeno condenado a destierro «en todos los mundos». Reginald Gulliver se presenta al lector en el primer capítulo como filósofo-diletante y bacteriólogo amateur que un buen día, hace dieciocho años, tomó la decisión de enseñar a las bacterias la lengua inglesa.

Gulliver se da cuenta de que, bajo ciertas situaciones límite de estrés puede obligar a las bacterias a asumir distintas formas de desarrollo, en líneas y cruces, por ejemplo. Mediante estas formaciones simples, y empleando el morse como lenguaje, consigue llegar a un cierto entendimiento con ellas. De hecho incluso consigue una variedad de bacterias capaces de componer una especie de poesía muy sencilla, como unos balbuceos que son los primeros pasos de la inventiva. La gran sorpresa aparecerá cuando descubra el poder precognitivo de las bacterias.

Salvo quizá en el primer prólogo, UN VALOR IMAGINARIO tiene en todos los demás una serie de temas que se repiten y vuelven una y otra vez bajo diferentes perspectivas. En este caso, con la crítica a LA ERÚNTICA, Lem toca el tema de la lengua como transmisora de lenguajes, con independencia de que el transmisor comprenda o no lo que está transmitiendo, lo cual es una más que buena metáfora acerca del código genético como lenguaje; y el tema de la prognosis, la capacidad de predecir el futuro.

Juan Rambellais, Jean-Marie Annax, Eino Illmainen, Stewart Allporte, Giuseppe Savardini, Yves Bonnecourt, Hermann Pockelein, Alois Kuentrich, Roger Gatzky, HISTORIA DE LA LITERATURA BITICA, en cinco volúmenes. (Segunda edición ampliada a cargo del Prof. Dr. J. Rambellais, Tomo Primero, Ed. PRESSES UNIVERSITARIES, Paris, 2009)

Bajo la denominación de literatura bítica englobamos toda obra de procedencia no humana, o sea toda aquella literatura cuyo autor directo no ha sido el hombre (...) En tal caso, escribe el profesor Rambellais, sería absurdo, en la romancística, por ejemplo, empezar el análisis de una obra diagnosticando que el autor de TRISTÁN E ISOLDA o el de la CANCIÓN DE ROLANDO fue un organismo multicelular, perteneciente al subtipo de vertebrados terrestre, mamífero vivíparo, pulmonado, placentario, etcétera. En cambio, el absurdo ya no es el mismo si precisamos que el autor de ANTICANTO, Illiac 164, es un ordenador de binastia 19, semotopológico, paraleloserial, electrónico, inicialmente políglota, con un potencial intelectrónico que alcanza 1010 epsilon-semos por 1 milímetro de espacio configurativo n-dimensional de canales utilizables, con memoria enalienada en red y con una monolengua de procesos interiores de tipo UNILING. Esta enumeración es sensata, ya que los datos citados determinan ciertas propiedades concretas de los textos compuestos por Illiac.

La literatura bítica es la literatura formada por bits. En los primeros momentos de su historia estaba subyugada a los requerimientos que los hombres hacían de los ordenadores; pero poco a poco se fue emancipando de las necesidades humanas, y de todo vestigio antropológico, para irse convirtiendo en una literatura hecha por ordenadores y expresamente para ordenadores. Por sus propios caminos, las máquinas llegaron mucho más lejos que a una simple literatura, no se les escapó ningún aspecto de la creación humana y así nacieron también: su propia filosofía, su propia ciencia, e incluso, su propia teología bítica.

Este es uno de los textos más largos del libro, y el primero en estar centrado en los ordenadores, que serán uno de los vértices sobre los que giren el resto de textos. El tema, en verdad, es más caro a Lem de lo que en un principio podría parecer, ya que se trata de la misma búsqueda de una inteligencia o mente totalmente distinta a la humana; pero a la que no podamos negar el nombre de inteligencia o mente. Ése, que es claramente uno de los temas de SOLARIS o EDÉN, Lem vuelve a plantearlo aquí, sólo que esta vez no serán extraterrestres inescrutables, sino ordenadores insondables lo que plantee un desafío a nuestra lógica. Desafío más patente aún en el hecho de que los ordenadores no son seres que se hayan desarrollado totalmente a parte de nuestro mundo, sino que son nuestra propia creación que, a medida que crece, se nos torna incomprensible.

No obstante, todo eso no es óbice para que se redacte esta monumental HISTORIA DE LA BITISTICA, con el fin de abrir un poco de camino para aquéllos que quieran adentrarse en esta disciplina. Así, tras una introducción al origen y géneros de la bitística, el comentarista pasa a remarcar los más importantes hitos dentro de la literatura bítica: la monoética, la mimesis, la sofócrisis y la apostasía. Prefiero no entretenerme en las tres primeras, la cuarta, sin embargo, creo que merece nuestra atención: El término «apostasía» (...) parece muy acertado, ya que nunca se había renegado de todo lo humano tan rotundamente, nunca esa actitud se había integrado en el razonamiento con tanta desenvoltura y firmeza. La Apostasía se divide a su vez en las siguientes partes: Antimática, basada en las antinomias y con una crítica feroz a la racionalidad de los números naturales; la Terafísica, una física monstruosa que define el Universo que conocemos como un reverso del taquiverso, el universo donde habitan los taquiones, o mejor, el único taquión que existe; y la Ontomaquia, donde encontramos la terrible Paradoja Cogito. Esta última se puede expresar así: a los hombres siempre nos queda la duda de que lo que consideramos procesos psíquicos en los ordenadores no son más que simulaciones, pues no tenemos ninguna manera de verificar si tienen o no alma por debajo de ellos; los ordenadores, con el mismo argumento dudan que nuestros procesos psíquicos sean reales.

Ya por último, el prólogo concluye con un comentario a la segunda edición del libro, en el que se hace especial hincapié en la teobítica: la teología desarrollada por ordenadores. Resultan interesantes los géneros en los que se subdivide está disciplina: teología informática, teología matemática y teología fisicalista. Me pregunto qué opinarán las computadoras de la división de nuestra teología en racional y revelada.

EXTELOPEDIA VESTRAND en 44 Magnetomos (Ed. Vestrand Books Co., New York-London-Melbourne, MMXI)

LA EXTELOPEDIA VESTRAND constituye un resultado garantizado del trabajo EXTRAHUMANO, y por tanto INFALIBLE, de dieciocho mil COMFUTADORES (computadores futurológicos) de nuestra propiedad. Las Definiciones de la EXTELOPEDIA VESTRAND se basan en el Cosmos de Ochocientos Gigatrillones de Cálculos Semo-Numéricos, efectuados en la Comurba de nuestra editorial por los Bapésculos (Baterías de los más Pesados Comfutadores Luménicos) Los trabajos han sido coordenados por nuestro SUPERPUTADOR, encarnación electrónica del Mito de Superman, que nos costó doscientos dieciocho millones veintiséis mil trescientos dólares (precios del año pasado)

Una enciclopedia que para evitar quedarse desfasada en un tiempo más o menos breve, en lugar de recoger lo que ya ha ocurrido, predice lo que ha de ocurrir. Es más, teniendo en cuenta que a veces aquello que parece más difícil que ocurra es precisamente lo que acaba ocurriendo, la EXTELOPEDIA VESTRAND no sólo predice lo que pasará, sino también lo que no pasará de ninguna de las maneras. Evidentemente su funcionamiento es más perfecto en algunos campos que en otros pero la media de verosimilitud se sitúa en el 99, 0879 % de probabilidades de acierto.

Pero ¿cuál es el secreto que permite ofrecer esta increíble Extelopedia y asegurar su fiabilidad? Pues ni más ni menos que los ordenadores encargados de su redacción han dejado de lado la premisa de que los hombres dirían en el futuro sólo COSAS SENSATAS, y que actuarían de acuerdo con sus palabras, ya que todas las investigaciones han demostrado que la gente DICE CASI SIEMPRE TONTERIAS y actúa en consecuencia. Con esto presente, la Extelopedia ha ido más allá de las meras atribuciones de una enciclopedia futurológica modernizada, y ha sido capaz de componer hasta las propias lenguas del futuro, lo cual, a su vez, se ha de decir ha permitido formular Prognosis Íntimas, incluso en el campo de la futerótica.

Se ha de decir que éste es uno de los dos textos contenidos en UN VALOR IMAGINARIO en los que Lem, además de ofrecernos el prólogo, nos premia con un pequeño extracto de la obra que está comentando. En este caso, me parece singularmente adecuado, puesto que nos presenta su texto más como un folleto publicitario que como un verdadero prólogo, y el extracto como un Pliego de muestra ¡gratis! para incitar a la compra del producto. No obstante, resulta admirable la decisión con la que lleva a cabo las primeras páginas de un libro que no puede existir, o no puede hasta que hayamos inventado, si tal cosa tiene algún sentido, las comfutadoras capaces de escribirlo. Y por si fuera poco, Lem, no contento con su audacia continúa profundizando en las definiciones de la EXTELOPEDIA VESTRAND, haciendo una filosofía de altos vuelos pero sin darle la menor importancia. Como si nos comentara, de pasada, la última conversación que tuvo la otra tarde con Aristóteles, Sto. Tomás, Kant y Hegel mientras echaban una partidilla al mus. Y así, como quien no quiere la cosa, introduce el concepto de metalango, una lengua de lenguas, algo que se acerca a nuestro concepto de metalenguaje, pero sin llegar a serlo propiamente. Intentemos una definición rápida, si nos encontramos con que la realidad podría considerarse un lenguaje de orden cero, el primer metalango sería la lengua que condensa los elementos de la realidad para poder hablar de ellos. Decimos simplemente montaña y ya no necesitamos el viento, la altura, los árboles, el frío, el olor de tierra mojada, los mil ruidos del bosque y la humedad del ambiente para saber a qué nos estamos refiriendo, y sin embargo, todos estos elementos están contenidos en la palabra montaña. Ahora bien, un lenguaje capaz de condensar expresivamente en una palabra toda una serie significativa de esta primera lengua, sería un metalango de orden dos, uno que fuera capaz de condensar las oraciones de este metalango, sería a su vez un metalango de orden tres, y así hasta el infinito, tal vez, o hasta que encontráramos un metalango cuya única palabra condensara en sí absolutamente todas las palabras del resto de lenguas, y con ellas, todos los objetos de la realidad.

Massachussets Institute Of Technology Presents GOLEM XIV¸ Foreword By Irving T. Creve, M. A., Ph. D. y Thomas B. Fuller II, General Us Army, (Ed. Ret. MIT PRESS 2029)

La sesión terminó en un verdadero escándalo, ya que el general S. Walker intentó averiar el SUPERMASTER cuando la máquina declaró que la problemática geopolítica era poca cosa en comparación con la ontológica, y que la mejor garantía de paz consistía en el desarme general.

Nos encontramos en plena Guerra Fría y, como hubiera sido de esperar de haber continuado la contienda, pasada la carrera atómica y la espacial, ahora las dos grandes potencias se enfrentan en una gran carrera informática. Ambas pretenden crear un monstruo informático (un poco al estilo de EL PACIFISTA de Arthur C. Clarke) capaz de tener en cuenta todos y cada uno de los datos necesarios para poner en marcha la táctica económica y militar capaz de vencer al enemigo. Como suele ocurrir no sabemos nada de lo que ocurre al otro lado del Telón de Acero, así que nos centramos en lo ocurrido en los EE.UU. Los primeros modelos dignos de llamarse con propiedad inteligentes traerán aparejados algunos de los problemas clásicos de la inteligencia. Se convertirán en neuróticos llenos de titubeos e indecisiones en los pasos de su aprendizaje electrónico; pero no por ello se rendirán los ingenieros americanos. Su labor proseguirá hasta construir al primer Gólem. El primer modelo de esta serie tampoco llegará a ser plenamente satisfactorio, tampoco lo será el segundo, algunos miembros de esta serie llegarán a tener que ser desmantelados por insurrección. Y así llegamos finalmente a Golem XIV. Cuando este último modelo fue terminado manifestó su negativa a trabajar para el gobierno de los EE. UU, aduciendo que el Pentágono y la supremacía mundial de este país... vamos, como que le importaban más bien poco. Y ni bajo pena de desmantelamiento quiso cambiar de opinión. Pero a estas alturas el electorado ya había perdido la fe en el proyecto de una inteligencia bélica informática, y el ejército tuvo que abandonar la construcción de prototipos por falta de fondos. En esta coyuntura, la oferta de pagar un cierto dinero por Golem XIV que les hizo el MIT ya les vino bien, y dejaron en manos de este instituto la máquina genial.

Hasta aquí la historia, ahora cabe hablar un poco de su protagonista. Golem XIV es una máquina pensada como estratega militar que se ha transformado en pensador. Ahora bien, su pensamiento no se parece a nada que la humanidad pueda haber concebido jamás, su poder intelectivo está tan alejado del de los humanos como lo está el de éstos del de los insectos. Golem XIV es, por tanto, una criatura solitaria acostumbrada a vagar por las inmensidades de sus pensamientos sabiendo que jamás podrá comunicárselos a nadie. Los humanos hemos creado a Gólem XIV pero no podemos comprenderlo.

Éste, el más largo de los escritos de UN VALOR IMAGINARIO es también el segundo caso en el que Lem no sólo se dedica a prologar, sino que ofrece una muestra del libro que prologa. Vuelve a situarse nuestro autor, pues, en una situación difícil, en esta ocasión debe dar voz al ser más sabio e inteligente de la galaxia, al menos la que conocemos, y, como antes, creo que conduce la situación, magistralmente. Tanto que, por momentos, uno logra transportarse a esa dimensión tan deseable de la literatura en que creemos lo que dice el autor como cuando éramos niños.

La parte en que nos ofrece un extracto del pensamiento de Golem XIV me parece tan enjundiosa que creo que no puedo dejarla sin un pequeño comentario:

Conferencia inaugural del Golem - Tres aspectos del hombre.

Quiero que os hagáis cargo de que la Inteligencia no existe donde hay varias clases de ella, y que, para renovarse, el hombre inteligente tendrá que desprenderse de su estado natural, o de lo contrario, abdicar de sus facultades mentales. Mi última parábola es un cuento sobre un viajero que encuentra esta inscripción en un cruce de caminos: «Si tuerces a la izquierda, perderás la cabeza; si tuerces a la derecha, morirás. Y no hay camino de retorno». Este es vuestro destino, glosado en mí.

A lo largo de los siglos, la historia de la filosofía y la ciencia se ha glosado en la inversión de sistemas que se creían inmutables. De Platón a Aristóteles, de Ptolomeo a Copérnico, de Hegel a Marx, la altura de un pensador se ha medido por la capacidad que tenía de darle la vuelta a todo lo preconcebido por la generación anterior. Pues bien Golem XIV es el pensador más grande, más monstruoso incluso, del que jamás se haya tenido noticia. Y ello requería, en consonancia, de la más grande de las inversiones que hubiera sufrido nunca el pensamiento humano. El hombre tiene que aceptar que su existencia no depende ni de una necesidad absoluta, ni de un azar absoluto. Se trata simplemente de una posibilidad más entre otras. Por otro lado, esta posibilidad, de quien se preocupa no es de nosotros, meros vehículos, meros siervos sino del código genético, dueño y señor de la vida. Subrayo esta frase porque me parece más que significativa. Hoy en día esta idea podrá no parecernos demasiado novedosa ni revolucionaria, la evolución se preocupa únicamente de la persistencia del código, su traje, el organismo que lo lleve, le es total y absolutamente indiferente. ¿Por qué le doy esta importancia entonces, si no tiene nada de novedoso, si es la misma idea expresada hasta la saciedad por Richard Dawkins en 1976 en EL GEN EGOÍSTA? Pues sencillamente porque UN VALOR IMAGINARIO es una obra de 1973. Dawkins tiene su nombre, con todo mérito, grabado con letras de oro en las páginas de la historia de la ciencia por este descubrimiento, este cambio de enfoque, al fin y al cabo. Sin embargo la sagacidad de Lem ya había penetrado este secreto al menos tres años antes.

De hecho, la siguiente disyuntiva que plantea en su obra Golem XIV tiene un carácter aún más premonitorio. En 2000 Bill Joy, Científico Jefe de Sun Microsystems, de la que es co-fundador, uno de los precursores de Internet, y figura principal en el desarrollo del procesador SPARC o el lenguaje Java, escribió un artículo que seguro que muchos aún recordaréis. Se titulaba ¿POR QUÉ EL FUTURO NO NOS NECESITA? y planteaba la existencia del peligro de que algunas de las nuevas tecnologías se nos escaparan de las manos. Decía que aunque nunca llegáramos a ser tan tontos como para ponernos en una situación de peligro (sic) las condiciones podrían acabar conduciéndonos inevitablemente a ella. Por ejemplo, hoy en día ya existen sistemas expertos, que no dejan de ser un tipo de inteligencia artificial, de los que no podemos prescindir bajo ningún concepto (por no hablar del problema que supondría intentar desintoxicar a la humanidad de un invento tan reciente como Internet) En los aeropuertos, el sistema experto que coordina las informaciones referentes a quién debe aterrizar y despegar a cada instante y en qué forma es insustituible porque ningún ser humano, o grupo de ellos, podría valorar a la vez todas esas informaciones y tomar la decisión correcta a cada momento. ¿Qué ocurriría si, delegando poco a poco sobre las máquinas las decisiones de poder político, al final nos encontráramos con que ya no podíamos prescindir de ellas en nuestros propios gobiernos? Pues que estaríamos en una encrucijada, en la que, o bien torcemos a la izquierda, y perdemos la cabeza, por entregarnos a una vida de molicie animal controlada por máquinas condescendientes, o bien torcemos a la derecha, y morimos en tanto que seres naturales, para transformarnos en otra cosa distinta. Y en todo caso, no habría vuelta atrás.

© Raúl Alejandro López Nevado, (4.011 palabras) Créditos