HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL
HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL J. K. Rowling
Título original: Harry Potter and the Philosopher´s Stone
Año de publicación: 1997
Editorial: Ediciones Salamandra
Colección: Harry Potter nº 1
Traducción: Alicia Delleipane
Edición: 1999
Páginas: 254
ISBN:
Precio: ---

Tras leer HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL no me quedan dudas acerca de los porqués del éxito arrasador de este pequeño aprendiz de mago.

Harry Potter es lo que Spirand llamó, El Emperador de Todas las Cosas, un arquetipo tan poderoso que estoy casi por asegurar que es algo que la raza humana transmite de generación en generación gracias a algún gen probablemente no catalogado aún pese a los esfuerzos de los científicos.

Harry Potter es Edipo, Harry Potter es Rómulo y es Remo, Harry Potter es Jesucristo, Harry Potter es Napoleón, Harry Potter es Ender, Harry Potter es Neo.

Harry Potter es la enésima reencarnación del Héroe Definitivo, del Dios desplazado en su infancia fuera de su entorno natural, ya sea amenazado por poderes no superiores a él, sino temerosos de su poder o por la maldita casualidad que lo hacía nacer en la familia y entornos equivocados.

Harry Potter también es la nueva historia del Salvador, Único Paladín del Bien, capaz de enfrentarse al mal tras conocer su verdadera naturaleza y manifestarse su poder de forma arrasadora.

No hay más, el carácter de arquetípico de Harry Potter hace de él una figura sumamente poderosa e interesante incluso para un estudio antropológico y folclórico, tanto que, al menos en esta novela, las aventuras de Harry Potter se encajan con notable perfección en las funciones del esquena del cuento fantástico propuesto por Vladimir Propp.

Sin embargo no creo que Harry sea el héroe más indicado para eso que Spirand llamaba también la Fantasía Masturbatoria Definitiva, aunque Harry esté justo al final de su infancia, todavía se inclina más hacia el chocolate y los dulces. En ese sentido Harry no deja en ningún momento de ser un niño, al contrario de Ender o Neo, héroes maduros a su pesar, Harry en ningún momento deja de pensar como el chaval de diez años que es, y sólo la circunstancias le hacen actuar de una forma poco acorde para un niño de unas circunstancias familiares y sociales más normales.

No es extraño entonces que miles, millones de chavales se hayan sentidos identificados con Harry, que si bien como mago tiene poderes asombrosos, como persona no deja de ser tímido, gris y no muy brillante. Es famoso, pero no popular, es capaz de hacer grandes cosas, pero no por sus especiales habilidades, sino porque es así, del mismo modo que podría haber sido más alto, inteligente o musculoso.

Por si esto fuera poco, y pese a sus habilidades innatas y asombrosa ascendencia, todo parece ir en su contra; su familia es sencillamente horrible, a su llegada a la escuela de magia se crea enemigos casi de inmediato entre alumnos y profesorado, los aliados con los que cuenta son una pandilla de fenómenos bastante desalentadora y él mismo no demuestra más que ser una medianía desde el punto de vista académico.

Harry Potter es una medianía, Harry Potter es mediocre, Harry Potter resulta ser como la mayoría de la población de éste planeta. Pero Harry Potter tiene cualidades, mágicas por supuesto, que le hacen sobresalir, por las que puede ser y es admirado, y gracias a las cuales lleva a cabo proezas asombrosas. Es en ese espejo de normalidad con su punto de genialidad en el que ha gustado mirarse a la gente desde tiempos inmemoriales; el Héroe es, como persona, alguien tan común que cruzarse con él en la calle supone prácticamente cruzarse con la nada, pero póngase al Héroe, hasta ese momento anónimo, ante las circunstancias adecuadas para que sus cualidades secretas salgan a la luz y muestren al mundo, no lo que es, sino de lo que es capaz de ser. Con eso se identifica el lector de la fábula; él sabe hacer algo asombrosamente bien, poca cosa, quizá sólo clavar clavos, y sólo espera la oportunidad para demostrar, gracias a esa simple, pero decisiva si se presenta la oportunidad, cualidad, que él también tiene algo que lo hace diferente al resto. Luisa Lanas lo repetía tan a menudo como podía; ¿Superlopez? ¿Esa mediania? ¡Buáh¡

En otro orden de cosas HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL es una novela escrita con sencillez, fácil de leer y más aún de digerir y tiene un punto de interés que la hace ligera de lectura, lo suficiente como para que lo trillado del argumento (no tanto, obviamente, para el público infantil y juvenil al que va dirigida principalmente) no resulte una carga.

© Francisco José Súñer Iglesias, (738 palabras) Créditos