EL DÍA DE LA CREACIÓN
EL DÍA DE LA CREACIÓN J. G. Ballard
Título original: The Day of Creation
Año de publicación: 1987
Editorial: Minotauro
Colección: Autores nº 16
Traducción: Carlos Peralta
Edición: 2003
ISBN:
Precio: 7,85 EUR

Que Ballard es un consumado descriptor de la obsesión y la locura es algo que no se le escapa a nadie.

Prácticamente todos sus personajes están poseídos por algún espíritu cabezota que les lleva directamente por el camino de la locura hasta casi su perdición. Los conductores morbosos de CRASH, los sueños dictatoriales de HOLA, AMÉRICA, la vuelta al primitivismo de EL MUNDO SUMERGIDO o RASCACIELOS, el dejarse morir de hastío de NOCHES DE COCAINA, son todos productos de demonios personales, con un único objetivo que obvia cualquier otra consideración y embarca a los protagonistas en carreras sin meta alguna.

Para esto último, EL DÍA DE LA CREACIÓN quizá sea una excepción. El doctor Mallory si tiene muy claro donde quiere llegar y para qué. En una remota región de África subsahariana, en un país convulsionado por la guerra civil y condenado por el avance pausado pero imparable del desierto, éste médico de la OMS ha convertido un proyecto de regadío en su reto personal. La región de lago Kotto, convertido ya en una depresión reseca y polvorienta, es campo de disputa entre la guerrilla y la policía local. Unos y otros avanzan y retroceden destrozando todo a su paso. En uno de esos movimientos Mallory sobrevive milagrosamente a las tropas del general guerrillero Harare, rescatado por el capitán Kagwa, de la policía local, y Sanger, un documentalista experto en manipular la realidad. Durante la posterior reconstrucción de la zona, el propio Mallory desata su infierno personal al arrancar un viejo árbol para ampliar la pista de aterrizaje. La ruptura de las raíces abre una brecha en un acuífero subterráneo que se vacía en grandes chorros, lo que a su vez rompe el equilibro hídrico de la región, vertiendo los acuíferos de las montañas cercanas en lo que se acabará por convertir en el río Mallory.

Aquello es una afrenta para el médico. Sus inútiles esfuerzos para sacar agua de pozos en el lecho seco del lago se ven ridiculizados por aquella arteria de agua que rellena la depresión, inunda la región y llena el desierto de vida exuberante, desde ése momento la obsesión de Mallory será cegar las fuentes del río que lleva su nombre. Para eso se embarca en una aventura desquiciada, remontando el río en una vieja gabarra robada al capitán Kagwa y acompañado por una cría de doce años, tan salvaje y primitiva como el río y el desierto, que se convertirá en otra obsesión para él.

Finalmente, la aventura de Mallory arrastra en una peregrinación río arriba para todos los habitantes del lago Kotto, cada uno empeñado en resolver su particular obsesión; Kagwa quiere recuperar el flamante Mercedes que Mallory le robó junto a la gabarra, Sanger y su pedante asistente, el señor Pal, pretenden rodar el enésimo documental falsificado que le devuelva la fama y la fortuna, la señora Warrender y su grupo de viudas remontan el río buscando vengarse de los guerrilleros de Harare, Noon, la pequeña guerrillera que acompaña a Mallory, vive su particular viaje iniciático.

Esta particular carrera desquiciada río arriba resulta malsana, obsesiva, casi obscena. El río que da la vida al desierto se la quita a sus habitantes, les roba las ilusiones y lo que parece abundancia en realidad es una promesa de un futuro incierto.

Quizá, por repetitiva, no sea la mejor novela de Ballard, pero sin duda es una que más caracterizan su estilo y forma de entender la literatura.

© Francisco José Súñer Iglesias, (573 palabras) Créditos