MÚSICA DE CAÑERÍAS
MÚSICA DE CAÑERÍAS Charles Bukowski
Título original: Hot Water Music
Año de publicación: 1983
Editorial: Anagrama
Colección: Compactos nº 141
Traducción: J. M. Álvarez; Ángela Pérez
Edición: 2005
ISBN:
Precio: 6 EUR

MÚSICA DE CAÑERÍAS es una serie de relatos cortos y rápidos de Charles Bukowski en los que incide una vez más en sus temas de siempre; la miseria moral, la ruina del ser humano, el alcoholismo, la estupidez que rodea al mundo de la cultura, el triunfo y el fracaso.

Digo rápidos porque Bukowski no es precisamente un autor que de excesivos rodeos para culminar su objetivo, a no ser que se trate de una anécdota chusca donde precisamente el factor sorpresa refuerce el efecto final (como ocurre con EXACTAMENTE NO FUE BERNARDETTE) y se dirige sin vacilación y con toda la contundencia posible hacia el final del relato, pasando por encima de todo, personajes, vidas, obras y mobiliario.

En éstos relatos Bukowski es ya un autor consagrado y respetado, se deja entrever en relatos como PUTEO LÍRICO, donde se dibuja como todo un personaje público, con todos sus tics y poses adquiridos o adjudicados, cuyas apariciones públicas ya suponen de por si todo un espectáculo, o UNA JORNADA DE TRABAJO, repaso detallado por la actividad diaria de un escritor de prestigio, en la que apenas puede escribir molestado una y otra vez por admiradores, aprendices, periodistas y ex amantes.

Pero es en los relatos donde muestra la bajada a los infiernos del alcoholismo y la degradación donde más cómodo se encuentra, así, el patético protagonista de EL GRAN POETA, es un compendio de todo aquello en lo que se puede convertir un ser humano al que ya no le importa nada, o, LA MUERTE DEL PADRE, un relato de odio e indiferencia hacia la figura paterna (ya bien descrita en la novela LA SENDA DEL PERDEDOR)

En general, todos éstos relatos son de gentes que se mantienen a flote sin que ellos mismos sepan muy bien porque, algunos de los personajes pasan por la vida como quien pasea por una acera llena de agujeros, tropezando, cayendo, levantándose, pero sin la convicción de que en algún momento la acera se nivelara y su pasó podrá ser al fin firme y ligero. Saben que la acera, que la vida, está tan llena de baches y socavones que el levantarse supone casi de forma automática prepararse para otra caída. Por eso se refugian en el alcohol, el sexo, las drogas (incluso, hasta en la literatura) sin más perspectivas de futuro que el conseguir que la siguiente caída no sea especialmente dolorosa.

Incluso aquellos que consiguen un mínimo de estabilidad se ven en la necesidad de embrutecerse para dejar de ser conscientes de lo que ocurre a su alrededor. Es la amargura de quien sabe que ha tenido suerte, pero que también sabe que esa suerte se le puede acabar en cualquier momento.

© Francisco José Súñer Iglesias, (450 palabras) Créditos