FURIA FEROZ
FURIA FEROZ J. G. Ballard
Título original: Running Wild
Año de publicación: 1988
Editorial: Minotauro
Colección: Booket 2181
Traducción: Marcial Souto
Edición: 2005
ISBN:
Precio: 6,95 EUR

En FURIA FEROZ encontramos al psiquiatra Richard Greville, (a quien veremos transformado años más tarde en el David Markham de MILENIO NEGRO) analizando un caso de asesinato múltiple que tiene desconcertada a la policía londinense.

De forma sorprendente, en la lujosísima urbanización de Pangbourne Village han sido asesinados treinta y dos adultos, entre residentes, personal doméstico y guardias de seguridad, y todos los niños han desaparecido. Por supuesto, las teorías que se forjan durante la explosión mediática que sigue al descubrimiento de la masacre van desde lo increíble a lo desaforado, empezando por conspiraciones comunistas y acabando por una maniobras fallidas del ejército, todas las conjeturas son expuestas, revisadas, descartadas, vueltas a plantear y vueltas a descartar en un ciclo casi infinito. La magnitud de la masacre y las pocas, por no decir que nulas, pistas que la policía encuentra en las casas de Pangbourne hacen de la investigación un callejón sin salida.

El mismo desconcierto y desorientación siente Greville en su primer contacto con los hechos ¿Quién llevó a cabo los asesinatos? ¿Por qué? ¿Cómo pudo llevarlos a cabo en un periodo de tiempo que no iba más allá de los veinte minutos? ¿Por qué secuestró a todos los niños? ¿Cómo era posible que no hubiera escapado nadie? Las interrogantes se acumulan y ni Greville ni la policía son capaces de dar respuesta a ninguna, excepto quizá el sargento Payne que, menos analítico, más intuitivo, parece saber que ha ocurrido, aunque calla más por temor al ridículo que a incomodar a sus superiores.

Por su parte, Greville advierte que algo malsano ocurría en Pangbourne. No se trataba de una insanía en apariencia preocupante, ni siquiera podría identificarse como tal de no ser porque era más una manifestación patológica de la sobreprotección que algo realmente dañino. Greville comprueba que todas y cada una de las actividades de Pangbourne estaban perfectamente planificadas, ajustadas, cronometradas, no había nada dejado al azar, todo estaba exhaustivamente controlado; las entradas, las salidas, las actividades escolares y extraescolares de los niños, no había lugar para la extravagancia y la improvisación, y a partir de ése detalle, inadvertido por su aparente sensatez, Greville, inquieto, va elaborando una teoría acerca de quienes pueden ser los asesinos y porqué cometieron los crímenes, mucho después de que Payne haya dado en el clavo.

FURIA FEROZ acaba espantando. En muchas ocasiones, comentándolo con amigos y conocidos, llegamos a la sorprendente conclusión de que nosotros, en nuestra infancia, teníamos un desarrollo personal perfectamente razonable sin necesidad de decenas de actividades extraescolares; baile y música, artes marciales, deportes con futuro, idiomas..., en aquella época, más o menos, cada uno elegía si quería o no hacer algo de esto, hoy día resulta desolador ver como muchos niños son arrastrados de una actividad a otra sin respiro, salen de judo, y sin quitarse el kimono aprenden a tocar la guitarra para sin haberse desentumecido los dedos atender las explicaciones aburridas del profesor de informática, eso lunes, miércoles y viernes, los martes y jueves toca tenis e inglés avanzado. Por supuesto, eso de jugar en la calle, ni pensarlo.

El supuesto puede parecer exagerado, pero es a lo que pueden llegar unos padres que no parecen tener claro si quieren que sus hijos sean lo que ellos jamás han podido ser o que, al no saber que hacer con su propio tiempo, someten a los niños a un ritmo de vida acelerado y para nada infantil.

La propuesta que hace Ballard para solucionar el problema es extrema, pero no resulta descabellado pensar que alguna vez haya pasado por la cabeza de alguien.

© Francisco José Súñer Iglesias, (596 palabras) Créditos