CASTILLA
por Mario Moreno Cortina

Hoy, me lo perdonarán, voy a decir unas cuantas cosas incómodas.

Hoy (es decir, cuando escribo esto) es 23 de abril. Ya saben, todo el mundo regala un libro y una rosa porque es San Jorge. Sí, San Jorge, San Jordi para nuestros vecinos catalanes, fue el que mató al dragón. Y para recordarle regalan un libro y una rosa. No, no intenten comprenderlo, sólo es una tradición. Bueno, si consultan uno de esos calendarios de las oficinas, verán que también es fiesta en Castilla y León. Pero claro, ¿a quien le importa Castilla y León? ¿Qué tiene que ver Castilla con Madrid? Aquí ese día regalamos una rosa y un libro porque es San Jorge. Ya saben, el del dragón.

¿Y por qué celebra Castilla y León el 23 de abril? Bueno, pues porque tal día como hoy, en 1521, la revuelta comunera tuvo un final triste y previsible. No, no les voy a aburrir contando otra vez lo que ocurrió entonces, porque ya hay una abundante bibliografía a la que acudir si quieren conocer los detalles. Tan sólo quería hacer algunas reflexiones sobre el tema.

Me dirán que sólo es una historia rancia de tiempos remotos, algo que recuerdan de las aburridas clases de secundaria, quizá uno de esos pocos temas que se le quedaron grabados por lo novelesco del asunto, como el reinado de Akhenatón. Interesante, pero desde luego no lo suficiente como para que sea un día importante en Madrid. Nosotros tenemos el 2 de mayo, cuando zurramos a los franceses, y alguna berbena que otra en el calendario. ¿Por qué no reivindica Madrid su pasado comunero? ¿Tiene sentido un nacionalismo madrileño como parte de un nacionalismo castellano?

Verán; en el mundo se toman dos clases de decisiones: las decisiones políticas y las decisiones económicas. Estoy seguro de que algún aventajadillo me dirá ahora que la política no es más que economía, pero yo le diré que eso no tiene por qué ser así. La relación entre los centros de poder político y los centros de poder económico explica muchas cosas en la historia. Por poner dos ejemplos muy simples y cercanos: el imperio Español era una unidad de poder político; pero las principales decisiones económicas se tomaban fuera de sus fronteras, y por eso su caída sólo dejó ruina a nuestro país. La Unión Europea es en sí misma una de las más importantes potencias económicas del mundo del siglo XXI, pero carece de poder decisorio en lo político. Hasta China nos tose encima. ¿Lo ven? No siempre coinciden.

A nivel intranacional sucede lo mismo. Cojan un mapa de España y señalen los principales centros de poder económico a nivel regional. Seguro que coinciden conmigo: País Vasco, Cataluña y Madrid. Después hay comunidades con un nivel medio, como Valencia y Baleares, y los que no tienen ni un duro: Extremadura y Andalucía son los ejemplos clásicos. ¿Dónde está el poder político, donde se toman las decisiones que afectan al país entero? Aquí, en Madrid.

Es decir, España se divide en tres:

-Los que tienen pasta y poder: nosotros, los madrileños

-Los que tienen pasta, pero no poder: vascos y catalanes.

-Los que no tienen ni pasta ni poder: extremeños, andaluces, manchegos, asturianos… Si me olvido de alguno, lo siento de verdad.

¿Qué es el nacionalismo? El nacionalismo es el intento de los centros de poder económico por compartir y/o asumir el poder político. Quien tiene pasta y no puede mandar en los demás se irrita, se irrita mucho, y el colmo de su enfado es cuando ven que algunos de los que no tienen dinero ocupan su lugar en el reparto de poder. Eso ya es para echarse a llorar.

Pero cuando los centros de poder económico no pueden entrar y/o influir en el gobierno, entonces no quieren jugar, y deciden llevarse sus perras a otra parte y no compartirla con esos gandules que cobran el PER y no trabajan, que a mí los garbanzos no me los regala nadie, oiga. Bueno, no sean duros juzgándoles, al fin y al cabo, estamos en un sistema capitalista y el dinero es lo más importante, ¿no? Si el dinero puede comprar la nulidad de un matrimonio católico, salvar a un rico de la cárcel, proporcionarte el acceso a un derecho constitucional como la vivienda o conseguir que tus hijos tengan una dentadura sana… ¿por qué no tendría que ser importante en lo demás? No discutiré si los que tienen el dinero tienen derecho o no a dejar de contribuir a la Cosa Pública; al fin y al cabo, la ley permite a los barrios con dinero segregarse de los pueblos pobres para no contribuir. Hoy no toca. Hoy es 23 de abril y hoy voy a hablar de Castilla.

A los castellanos nos llaman españoles por falta de insulto peor. Nosotros somos la excusa de cuantas reivindicaciones y hechos diferenciales hay en nuestro país. Y eso quizá no nos moleste demasiado a los madrileños, porque todavía queda algún bobo que se cree que gobierno en es lo mismo que gobierno de y porque aquí, al fin y al cabo, se vive muy bien. Pero a las personas que viven en lo más profundo de la Castilla empobrecida y esquilmada por reyes y autarcas, a esas personas se les está acabando la paciencia, oigan. Porque tras el fracaso de la revolución comunera, la primera revolución democrática de Europa, las Cortes de Castilla perdieron en castigo su carácter consultivo, y cada vez que el rey de turno necesitaba allegar dineros, no convocaba otras cortes donde los tres estados le atosigarían con viejos fueros y cuadernos de descargos, por no hablar de regiones donde los habitantes estaban exentos de pechar (yo no los voy a señalar, mírenlo ustedes en un manual de Historia Moderna). No, venía a esquilmar a la Castilla vencida que no tenía forma legal de impedirlo. ¿Recuerdan lo que hizo la mala bestia de Felipe V en la corona de Aragón? Pues doscientos años antes, Castilla tuvo una buena ración de esa misma medicina.

¿Tiene sentido un nacionalismo castellano? ¿Debe despertar Castilla y reivindicar sus viejos derechos? Píenselo un poco: un partido castellano con representación parlamentaria podría entrar en el juego de las alianzas con precio, y quizá algunos pueblos dejarían de desertizarse. ¿No es el dinero lo que mueve el mundo?

Pues miren, la respuesta es muy sencilla: no.

© Mario Moreno Cortina (1.065 palabras) Créditos